miércoles, 1 de enero de 2014

RECIÉN ASESINOS



 < Adele

 < Azelle

 < Ecrat

 < Dillan

 < Lemaliam

 < Mirem

 < Adzel

 < Parell

 < Nalle

 < Evan Loshing
 < Ezzor Way



Género: Ciencia Ficción, Misterio, Acción, Romance.

Sinopsis
        El gobierno de los Estados Unidos hoy en día rige de la manera más correcta y desinteresada el país, incluso se creó una asociación que lo confirma, INSOMNIA.

            INSOMNIA, es la asociación cuyo único interés es “la estabilidad social” por ende, muestra a la sociedad toda la verdad de cómo el gobierno se preocupa por su país y actúa sin obtener nada a cambio. Todos los días informan a su país de las decisiones que toman y si la sociedad no está de acuerdo, ellos proponen otras alternativas para que así halla una equidad.

            Todo lo anterior es una completa mentira, INSOMNIA es una asociación que se encarga de ocultar todos los horrores y las corrupciones que comete el gobierno para dormir a la sociedad y así impartir la supuesta “tranquilidad”.

            Pero ni el gobierno ni INSOMNIA se imaginan lo que está a punto de suceder… 

Prólogo
            Tuve que cambiar muchas cosas en mi vida, nada de lo que me sucedió era parte de mis planes, pero tuve que asumir las consecuencias porque lo que menos tenía, eran opciones.

            Dieciséis años, una nueva identidad y un matrimonio… lo único que me queda por hacer es… vengarme de todos los que me han engañado.

            Haré muchas cosas, tendré muchas cosas y obtendré muchas cosas. Pero me toparé también con varias sorpresas que me destruirán cada vez más.

Capítulo I

            Crecí en una familia en el que el asesinato y la muerte era cosa de todos los días pero yo no lo sabía. Mi padre, Evan Loshing es el hombre más famoso del mundo, además de ser el presidente de los Estados Unidos es el hombre que más ha asesinado gente en el planeta pero de eso yo no estaba enterada. Mi madre, Anna Dickens, murió al darme a luz o eso creía. Crecí con mi padre y con su gente. Lo tuve todo, siendo la hija del presidente obviamente se vive con más lujos que cualquiera, pero hasta ahora no era consciente de que mi vida era una escoria. A mi padre casi nunca le veía y siempre estuve al cuidado de numerosas niñeras. Así me crié.

            Desde que tengo uso de razón, los guardaespaldas de mi padre me enseñaron a pelear, a usar armas de todo tipo – sea pistola, metralletas, cuchillos, etc. – a asesinar en otras palabras y todo por orden de él mismo. Creo que todos los tipos de artes marciales que existen me los enseñaron, así que digamos que sé cómo defenderme.

            Tampoco voy a mentir… nunca quise a mi padre, digamos que no por quién era sino por cómo era. Antes no lo quería por ser un padre totalmente ausente, pero ahora lo odio por engañarme toda mi vida.

            Por eso, le estoy dejando una nota en mi cama o bueno la que alguna vez fue mi cama:

 Nunca te quise padre, sé que lo sabes. Y sé que tu tampoco me quisiste a mí, pero a pesar de todo, hubiera querido que las cosas se quedaran así y ya, tu haciendo tu vida y yo la mía, cada uno por nuestro lado. Pero con lo que he descubierto creo que siento algo hacia ti padre… y no es más que ODIO. Desde el día que escapé juré vengarme y te aseguro que lo haré, desapareceré de tu vida sólo si me asesinas con tus propias manos, pero te juro que por haber destrozado la mía no vas a salir impune, no volverás a saber mi por un buen tiempo, pero todos regresamos alguna vez padre… recuérdalo, todos regresamos.  

Recuerda siempre a la que una vez fue tu hija.

Adele

         Obviamente no especifiqué a que me refería o qué era lo que había descubierto de él. Así que no creo que se dé cuenta, porque ese hombre que es mi padre, tiene más secretos en su mente que células en su cuerpo, así que lo dejaré con la duda por un tiempo considerable.

            Para explicarme mejor, me críe con el logo de INSOMNIA en mi frente, es una asociación que apoya al gobierno de los Estados Unidos, en otras palabras los que están con mi padre y “apoyan todas sus sabias decisiones”. El lema de ellos es el insomnio, es decir, no descansar hasta que la sociedad este tranquila. Yo tenía una perspectiva muy limpia de la que creía que era mi sociedad, pero me equivoqué.

            Una vez mientras mi padre estaba de viaje, como siempre, me metí en su estudio por pura curiosidad, y mientras inspeccionaba unos archivos de INSOMNIA en su Cuarto de Computadoras encontré lo primero que me hizo despertar. Mientras revisaba los archivos, hallé en la computadora una lista en donde decía Eliminados y la final de ésta leí algo que me dio un escalofrío en todo el cuerpo: Anna Dickens. Pero eso no es todo, luego hallé otra lista que decía Próximos y entre todos esos nombres los cuales no conocía hallé el mío: Adele Loshing.  

            Ese día descubrí lo más importante de todo esto: mi padre asesinó a mi madre y próximamente me asesinaría a mí también. Eso fue hace unos seis meses aproximadamente. Enseguida, cambié totalmente. A mi padre lo odié y a INSOMNIA la detesté, por ello juré vengarme de ambos – de mi padre y de INSOMNIA –. Rápidamente ideé un plan: tenía que descubrir absolutamente todo de mi padre, todo lo que ignoré estos años debía investigarlo para así comenzar mi venganza en nombre de mi madre y mío. Poco a poco fui conociendo a las personas más allegadas a él y en las cuales confiaba. Mi próximo paso fue acercarme a su trabajador y confidente más cercano: Dillan Way, su asistente personal – uno de los que me enseñaba a luchar por cierto –.

            Tenía dos ventajas para acercarme a él, uno: yo era inteligente y la hija de su jefe y dos: él era mi entrenador y yo era atractiva. Él tenía diecinueve años. Yo tenía dieciséis y mi plan dio éxito.

***

            Enamoré a Dillan y haciéndole creer que yo también lo amaba le pedí que me contara todo acerca de mi padre y de INSOMNIA. Le saqué toda la información que pude:

-          Mi propio padre había creado INSOMNIA, para hacer creer a la sociedad que su forma de gobierno era correcta al ser apoyada por una gran asociación como esa. No fue la misma sociedad que creó a INSOMNIA como se cree.

 

-          Al parecer, INSOMNIA realizaba acciones muy extrañas y secretas, pero Dillan no supo darme detalles.

 

-          Cuando las personas cumplen veinte años INSOMNIA las duerme.

 

            Todos los años el gobierno organiza un evento muy especial llamado “El Exordio” en el que las personas de veinte años escogen que cargo tener en la asociación, es decir en INSOMNIA, ya sea Médico, Ingeniero, Químico, etc., y dependiendo de la carrera que escojan son asignados a una sede de INSOMNIA en particular para que así sean enseñados por los ya graduados. Para explicar lo de las sedes, INSOMNIA se encuentra dividido en cinco sedes:

 

·         Creaciones: Ingenieros, arquitectos, diseñadores, constructores, etc. Se encargan de toda la estructura del país.

·         Bienestar: Médicos especialistas, farmacéuticos, psicólogos, dentistas, nutricionistas, etc. Cumple la función salubre de todo el país.

·         Experimentación: Químicos, biólogos, virólogos, bacteriólogos, parasitólogos, micólogos, botánicos, etc. Desempeña todos los descubrimientos científicos.

·         Precisión: Matemáticos, contadores, físicos, informáticos, etc. Abarcan todo lo que esté relacionado con cálculos.

·         Corrección: Presidencia, abogados, políticos, embajadores, etc. – Aquí es donde está la fuerza de la corrupción –.

 

            La sociedad puede escoger la carrera que deseen pero siempre deben trabajar para INSOMNIA, es decir, para el gobierno.

 

-          O sea que la sociedad siempre está controlada por el gobierno porque siempre trabajan para él ¿no? – le pregunté a Dillan quien inclinaba su boca para besarme – Dillan explícame… – agregué apartándome de él. 

 

-          No es que nos vayan a controlar, es simplemente que para mantener la tranquilidad el gobierno debe saber cómo y qué funciones realiza cada una de las personas para que así haya un orden en todo. Es lo correcto – me respondió él, yo hice como si creyera que es verdad y que en efecto, todo lo que hacen es lo correcto y lo mejor.

 

-          Oye mi amor, pero explícame eso de… que duermen a las personas… – le pedía dándole otro beso para terminar de convencerlo.

 

-          Bueno es sencillo, es algo que harán contigo y conmigo cuando cumplamos los veinte años, bueno primero seré yo porque en unos meses los cumplo. Antes de ir al Exordio, ese mismo día, te llevan a la Central del Estado, que es en donde se decide tu vida y te colocan un sensor en el cerebro, llamado “Pinet” con el que te mantienes dormido, es decir, alcanzas la máxima tranquilidad. Con el Pinet, siempre estás guiado por la sabiduría ya que por lo que me han comentado, siempre escuchas una voz que te dice las cosas que debes y no debes hacer. ¿Te das cuenta? Vivimos en un mundo perfecto, en el que el mal no existe ya. – dijo riendo como si estuviese hablando de algo muy hermoso. “Pobre ingenuo” pensaba yo.

 

-          Solo lo existe lo correcto – añadí seria y luego traté de sonreír.

 

-          Exacto. El señor Loshing no te lo contó porque en realidad está prohibido que las personas menores de veinte años lo sepan… pero yo lo sé porque mi padre es el que hace los Pinet – agregó mientras me acariciaba el pelo.

 

-          Y las personas que se niegan a dejarse colocar el Pinet ¿Qué pasa con ellas? – le pregunté quitándomelo de encima de nuevo.

 

-          Pues como tengo entendido los destierran y los encarcelan en algún lugar que no es de aquí, ya que ellos no merecen vivir en esta sociedad si no hacen lo correcto – decía como si hablara de algo muy casual. – Pero recuerda mi amor, nadie puede enterarse de esto y yo te lo puedo contar porque aun no tengo el Pinet, porque de lo contrario el gobierno se daría cuenta de que estoy haciendo algo incorrecto… – me sonrió – las cosas que me haces hacer... Incluso estoy arriesgando mi vida por ti – añadió estrujándome el rostro.

Capítulo II

             Un mes, tuve que aparentar que amaba a alguien cuando en realidad no sentía absolutamente nada. Enamorarlo no fue tan difícil, de hecho es lo más fácil que he hecho en mi vida. Me doy cuenta de que los hombres son fáciles cuando ven algo que les gusta, y cuando es así, para ellos es poco importante hacer o no lo correcto aunque esos sean sus principios, Dillan es el retrato perfecto de ello. Espero no enamorarme de alguien como él.

***

              Luego de unas semanas, Dillan cegado por el amor, me propone matrimonio. El matrimonio en la sociedad no es algo prohibido pero tampoco es muy bien visto, son muy pocas las personas que llegan a relacionarse y a convivir en un mismo techo, es algo raro pues. Ya casi la gente no se relaciona, no se enamora. Todo es ciencia y logística. Hay personas que hacen tratos para tener hijos y ya. Para que la población esté equilibrada, se necesitan de más genios en el país y para ello se necesitan hijos.

              Para poder enterarme de más cosas de mi padre y poder lograr mi venganza, acepté casarme con él. Me casé en secreto con Dillan, mi padre no mostró ni molestia ni agrado en ello cuando se enteró – al cabo de una semana –. En realidad no le importaba, solo me dijo “Cuídate Adele” y nada más. Me fui a vivir con Dillan en un pequeño departamento de metal – las viviendas de metal son lujosas, mientras que las de cristal son las de clase media y las de acero son únicamente del gobierno, la casa de mi padre, en donde vivía antes, es de acero. Por último están las casas de hierro que son las de clase baja – y viví mas amargada que nunca. Solo tenía dos meses conociendo a Dillan y ya estaba casada con él. Mi convivencia con Dillan pasó a ser un suplicio para mí, mientras él me daba todas las atenciones del planeta yo sólo quería que se apartara de mi porque lo veía como un esclavo de mi padre, un esclavo del ser que más odio en mi vida.   

            Mientras las semanas transcurrían yo ideaba mi próximo plan: el día que duerman a Dillan, me largo como sea a donde sea. Quería escapar de ese maldito gobierno en donde no tienes vida propia. A escondidas, salía a las calles en las que solo observaba los edificios y fuentes gigantes de agua artificial. Recorría las calles y veía su típico piso de espejos, las enormes pantallas en las que mostraban las noticias de “las buenas acciones del gobierno” y como siempre, INSOMNIA a su lado. Caminaba y me preguntaba qué demonios había hecho – tenía dieciséis años, estaba casada con un hombre al que no quería y que pronto estaría dormido – sentía que no tenía futuro alguno si me quedaba allí.

            No permití nunca que Dillan me tocara y sin embargo ninguna vez me reclamó nada, solo dormíamos juntos y al parecer con eso le bastaba ¡menos mal! Porque no tenía todavía la mínima intención de estar… con alguien.

            Dillan nunca fue poco atractivo debo admitir, todo lo contrario. Tenía ojos claros, gran estatura, hombros anchos y facciones bien definidas. Su personalidad era muy extraña, pero no era mala persona o por lo menos conmigo nunca lo fue. A veces pienso que era demasiado bueno para mí, por eso nunca me permití quererlo. Sabía que le estaba haciendo daño sin que él tuviera culpa alguna de mis deseos de venganza, pero mi odio contra mi padre y contra INSOMNIA era más fuerte que mi compasión, así que sólo opté por engañarlo y listo. Una vez me invitó ir a visitar la sede Creaciones que estaba cerca de la zona en donde vivíamos y en donde además trabajaba su padre – el señor Ezzor Way, creador de los Pinet –. Observé minuciosamente las paredes de aquel edificio, los equipos parecían tener vida propia, la tecnología era impresionante, sobre todo detallé a los dormidos quienes parecían robots con piel humana, sin embargo no era tan evidente su sueño. Conocí a “mi suegro” el señor Way quien no me dio buena espina en absoluto. Era un hombre extremadamente serio pero muy poco importante para mí, así que no fui muy escrupulosa con él, al igual que su hijo, me daban igual. Sólo observé como creaba aquellos sensores de manera tan... extraña.

***

            Pasaron otros dos meses y cada día estaba más desesperada por vengarme y escaparme aunque no sabía a dónde. Pasó otro mes y cada vez se acercaba mas la fecha de iniciar mi tercera fase de estudios. Los estudios en INSOMNIA se dividen por cuatro fases:

·         Primera fase (Duración de 6 años): Idiomas – aprender a leer, a escribir, a conocer numerosos idiomas, etc –. Al cumplir cuatro años debes comenzar con esta fase.

·         Segunda fase (Duración de 7 años): Cálculo – aprender absolutamente todo acerca de numerología –.

·         Tercera fase (Duración de 3 años): Providencia – aprender un poco de cada una de todas las carreras que existen para poder escoger la que se desea estudiar –.

·         Cuarta fase (Duración de 4 años): Profesión – asistir al Exordio y trasladarse a la sede de la carrera escogida para aprender todo de ella junto a verdaderos profesionales –.

            Desde la primera a la tercera fase, los estudios son en casa. Luego de casarme y tener otro hogar, los profesores fueron informados que tenían que venir a mi nueva casa a enseñarme. Así que en unos meses vendrían, aunque en realidad, no quería estudiar nada de este gobierno, sólo quería escapar de allí…

***

            Los días pasaban y pasaban y mi único dialogo con Dillan eran mis frecuentes preguntas acerca de mi padre para quien trabajaba todavía, como un pasatiempo. Él me dijo que en realidad las personas que se han negado a colocarse el Pinet y que el gobierno ha desterrado, se encuentran desaparecidas, no se sabe dónde están, al parecer se han estado escondiendo...

            Dillan aguardaba el día de la culminación de su cuarta fase con satisfacción. Esperaba asistir al Exordio, quería ser médico y unirse a Bienestar. Faltaban unas pocas semanas para ese día. 

***

            Un día, todo cambio. Mientras yo estaba en la casa viendo las noticias que eran de mi matrimonio, llegó Dillan acelerado y muy nervioso después de trabajar con mi padre:

-          ¡Que desastre!… Adele – me dijo temblando. Era la primera vez que Dillan usaba esa palabra en mi presencia – Es que… es tan raro – me quedé desconcertada ante esto y sus trémulas manos me ponían cada vez más nerviosa, jamás lo había visto así. – Pensé que solo éramos nosotros en este país: INSOMNIA, el gobierno y la sociedad, mas nadie. Pero no, Loshing nos engañó. Todo es una mentira. – se puso las manos en el rostro y yo traté de decirle que se calmara y me explicara pero no me dio tiempo – Tu padre es un asesino, un maldito asesino. Loshing ha matado a millones de personas. No puede ser. Esta sociedad es un disfraz, ¡es que no puedo creer que fui tan ciego! – gritaba mientras sus ojos se mojaban en lagrimas.

 

-          Estabas dormido sin tener el Pinet – le dije pasivamente. Sus ojos me miraron por un momento y su rostro cambió al instante con un semblante de lúcida claridad, como si se hubiese dado cuenta de algo.

 

-          Sé que nunca me amaste, Adele, pero ése no es el problema en este momento. Escapemos, sé a dónde ir… IN-FER-NO – acentuó estas silabas. Estaba en estado de shock, no entendía nada, lo único que pude entender era que Dillan se había enterado – no sé cómo – de que mi padre era un maldito asesino, cosa que yo ya sabía y de que yo no lo quería.

 

-          ¿INFERNO? ¿De qué hablas Dillan? – repliqué ya asustada.

 

-          Es… una entidad secreta que tiene como propósito vengarse personas como tu padre. Las personas que él no logró asesinar formaron esta entidad para así vengarse de él. Tu padre no desentierra a las personas que se niegan a ponerse el Pinet, ¡él las asesina porque no puede controlarlas! No tienes idea de cuántas vidas ha tomado ese hombre. El Pinet no sólo es un sensor, es una computadora lo que le colocan en el cerebro a las personas. Esta sociedad es… despreciable, por eso las personas que se resistieron a ser controladas crearon INFERNO. ¡Tenemos que irnos ya! ¡Empaca tus cosas! No tenemos tiempo. – me dijo en tono desesperado e inmediatamente empezó a meter ropa en algunos bolsos.

 

-          ¡Mi padre nos perseguirá, Dillan! Es un maldito asesino y tú apenas te estás dando cuenta. Yo siempre lo supe ¡Él asesinó a mi madre! Yo también lo odio, créeme. Pero tenía que conocer todo acerca de él para poder vengarme. – le grité ayudándole a empacar al mismo tiempo. Su rostro permaneció serio por un instante. Luego esbozó una sarcástica sonrisa bufando.

 

-          Ya veo por qué te casaste conmigo entonces… ¿querías información, no? Ya la tienes. Debería dejarte aquí para que Loshing te mate, de todas maneras te vi en esa la lista. – me dice y comprendo que se enteró que soy uno de los Próximos – Yo debería odiarte a ti, eres la hija del hombre que asesinó a mi hermana, de eso también me acabo de enterar… Pero no, ahora yo te usaré a ti. – me dijo. Dillan se veía demasiado… malévolo con todo esto. Al igual que yo, sé lo que ahora él quiere, venganza. – Por lo pronto escaparemos, y después tú y yo hablaremos unas cuantas cosas… “esposita” – me dijo con una mirada que fulminaba odio puro.

 

***

            No recuerdo muy bien cómo escapamos. Solo recuerdo que corrí y corrí junto a él con nuestros bolsos en su moto. Llegó un momento que me quedé dormida en su espalda.       

 

Capítulo III

-          ¡Despierta! Pronto vendrán. – me despertó Dillan con un grito y un movimiento brusco.

 

-          ¿Dónde estamos? – le pregunté confundida al ver todo oscuro, lo único que pude hacer fue sacar una linterna que tenía en el bolsillo para verle el rostro a Dillan.

 

-          En la superficie todavía, estamos esperando a que lleguen, les mandé un mensaje de socorro espero que vengan. – me dijo sin mirarme y supuse que hablaba de INFERNO (Se le llama superficie a la tierra, quiere decir que INFERNO esta en el subsuelo. Es decir, la entidad es subterránea).

 

-          Dillan… gra – empecé a decir pero me interrumpió de inmediato.

 

-          Ni se te ocurra darme las gracias porque no quiero ni tus agradecimientos. Ahora resulta que estoy casado con la hija del que mató a mi hermana. – me dijo en son de reclamo y de cierto rencor. – Te dije que luego hablábamos, obedéceme. – me dijo sin mirarme el rostro.

 

-          ¡Yo no tengo la culpa de tener un maldito así como padre! – le repliqué de inmediato. Su rostro no cambio para nada.

 

-          Tú no eres muy diferente a él, Adele. – me dijo mirándome por fin a los ojos.

            Allí entendí que Dillan ahora me detestaba, ya no era yo la que no soportaba su presencia, ahora era él quien no me podía ver. Al enterarse que mi padre, un hombre al que él respetaba mucho, lo traicionó asesinando a su hermana – de la cual siempre me hablaba de manera muy especial –, cambió totalmente, y también al enterarse que su esposa – mi persona –, la mujer de la que se enamoró, lo traicionó también usándolo. El Dillan Way ingenuo e inocente con el que me casé no era el mismo ahora. Allí las cosas empezaron a cambiar para mí.

***

            Luego de unos minutos, varias personas salieron de una especie de sótano armadas hasta los dientes apuntándonos a ambos con una fuerte luz que nos encandilaba. Nosotros alzamos las manos poniéndolas detrás de nuestras cabezas y nos preguntaron quiénes éramos.

-          Yo soy… Écrat Gunts y ella es… mi hermana, Azelle Gunts. – dijo Dillan mirándome. Entendí que nos cambio la identidad para que no nos descubrieran. Ya que por supuesto INFERNO debe conocerse al pie de la letra todos los nombres de las personas relacionadas con el gobierno.

            Ellos nos pidieron identificaciones pero dijimos que no la traíamos con nosotros porque salimos apurados y no tuvimos tiempo de recoger todo debido a que nos venía persiguiendo la P.D.I – Protección de INSOMIA – al descubrir que estamos en contra de su gobierno. Les inventamos una historia de que eramos subversivos – rebeldes – del gobierno y que nos habían descubierto, que asesinaron a nuestros padres, etc. Nos creamos una vida en menos de un minuto y medio. Pensábamos que nos habían creído.

            Uno de los hombres me inspeccionó de pies a cabeza, me miraba directo a los ojos tratando de intimidarme, pero no lo logró. Luego apartó la vista y preguntó:

 

-          ¿Edad? – dijo el hombre.

 

-          Él diecinueve y yo dieciséis. – respondí sin apartar mi mirada de aquel hombre quien traía ropas negras, al igual que el resto de los hombres que lo acompañaban. En total eran ocho hombres. Sinceramente daban miedo, tenían cara de matones especializados.

 

-          Acompáñennos. – dijo otro de los hombres tomándonos por el brazo a los dos al mismo tiempo.

 

***

            Entramos en un ascensor y empezamos a descender. Luego de unos minutos las puertas del ascensor se abrieron. Cada uno de los hombres que nos acompañaban nos apuntaba con unas armas – que nunca había visto en mi vida – en las costillas mientras caminábamos a través de los pasillos oscuros.

 

-          Camina. – me ordenó uno de los hombres empujándome con el arma. Mi mal humor empezó a salir.

 

-          Eso hago. – le respondí. Al segundo, el hombre me afinco el arma más fuerte obligándome a hacer una mueca.

 

            Las luces se encendieron y al segundo, Dillan y yo nos detuvimos esperando a ver qué nos mandaban a hacer.

 

-          Primeras personas tan jóvenes que se quieren unir a INFERNO. – replicó la voz de un hombre. Subí la mirada pero no hallé al dueño de aquella voz. De pronto Dillan y yo les quitamos de las manos las armas a los hombres que nos escoltaban y disparamos al mismo tiempo a dos cuchillos que iban directo a nuestros rostros.

 

-          Buenos reflejos. – dijo de nuevo el hombre que aparecía de las sombras acercándose a nosotros. Entendí que él había lanzado los cuchillos. – Al parecer están bien entrenados muchachos… hablaré muy brevemente. INFERNO es una entidad secreta que está totalmente en contra del gobierno y de INSOMNIA, nuestro único propósito es vengarnos de todos aquellos que nos obligaron a ser controlados y mostrarle a la sociedad la verdad de este país, no esas estúpidas imágenes que muestran a diario. Aquí tienen que poseer el valor de asesinar ¿comprenden? Aquí no hay sentimientos, aquí solo se busca venganza. Les pregunto ¿tienen el valor de asesinar a los que una vez fueron los suyos, muchachos? – nos preguntó aquel hombre de unos treinta años máximo quien al parecer era el jefe allí.

 

-          Yo sí. – respondí sin pensarlo mucho. En cambio Dillan quedo un poco vacilante.

 

-          Si no fuera así, no estuviésemos aquí señor, créame – respondió finalmente Dillan con una mirada dominante.

 

-          Para ello se requiere de entrenamiento. Veo que tienen conocimientos pero… son muy jóvenes, la mayoría de las personas que llegan aquí tienen veinte años a lo poco. Evaluaremos su fuerza física y mental, y así veremos si pueden unirse a INFERNO. – dijo el hombre que no dio su nombre y se dispuso a salir de aquella sala cristalizada en la que nos encontrábamos.

 

-          ¿Y si no logramos unirnos? – pregunto Dillan en voz alta. El hombre volteo por un momento y nos sonrió sin decir una sola palabra quedando la respuesta de Dillan en el aire.

 

-          Nos matarán Dillan, no es difícil de adivinar. – le respondí poniendo los ojos en blanco.

 

-          Silencio, hermanita… – dijo él mirándome del cuello hacia arriba y añadió – Si no me equivoco tú y yo queremos acabar con la misma persona ¿cierto? –.

 

-          Al parecer así es, hermanito. – le contesté burlándome de su innecesario alias. – Los dos queremos acabar con Loshing y a través de esta entidad es que lo haremos. Tenemos que centrarnos y el resto será fácil. – agregué sin mirarlo.

***

            Nos llevaron a una especie de habitación de vidrio en la que podíamos ver todo por fuera, pero nadie podía ver por dentro debido a que eran espejos desde afuera. Nos dieron una especie de uniforme de color negro y plateado pegado al cuerpo, era una ropa entera con un cierre desde la parte baja del abdomen hasta el cuello. Al cambiarnos detuve a Dillan por un momento.

 

-          ¿Me quieres decir cómo descubriste todo? – le pregunté y él me miró como si yo fuera una hormiga diminuta.

 

-          Tu padre tuvo un descuido y mientras hablaba por teléfono no se dio cuenta que yo estaba escuchándolo todo porque me escondí. – me respondió fríamente.

 

-          Ese hombre no es mi padre. Pero quiero que me expliques cuál fue tu apuro repentino en venir aquí. – pregunté mirándolo con el cuello estirado para intentar ponerme a su altura, pero se me hacía imposible.

 

-          Adele… o más bien Azelle, como te dije, los Pinet no son simples sensores, son computadoras que colocan en tu cerebro para que así Loshing y los suyos den ordenes de que asesines gente, esa es voz de sabiduría de la que te hablé una vez, es la de ellos. Y como tu estas dormida haces lo que te piden inconscientemente. Por eso, me escabullí hasta el Cuarto de Computadoras en donde tu padre tenía archivos de INSOMNIA, en donde vi unas listas de personas que ha matado y que próximamente mataría. Vi tu nombre. – me dijo. – Después de descodificar algunos archivos, vi documentos de INFERNO y así me enteré de todo y pude contactarlos. Tu padre se dio cuenta de mi presencia a los pocos minutos y salí corriendo de su casa, llegué al departamento y aquí estamos. – me respondió mirándome sin expresión alguna.

 

-          Es decir que ahora mismo Loshing nos está buscando en todo los Estados Unidos. – respondí con la piel helada.

 

-          Y además con la ayuda de INSOMNIA. Si no nos uníamos a INFERNO ahora mismo hubiésemos adelantado el “hasta que la muerte nos separe”. – dijo saliendo de la habitación.

***

            Tenía que estar consciente de tres cosas:

1. Loshing nos quería muertos a Dillan y a mí.

2. Tenía que sobrevivir en INFERNO.

3. Iba a vengarme de ese hombre, mi padre, aunque muriera en el intento.

            Otra cosa de la que tenía que estar consciente era que me gustara o no, me iba a convertir en una asesina. No sabía qué iba a tener que enfrentar en esta entidad pero si estaba consciente de que debía tener el valor de sobrepasar todo.

Capítulo IV

            Soporta, soporta, soporta. Puedes soportar, el dolor no es nada, el dolor esta en tu cabeza y en tu mente, no en tu cuerpo.

-          ¡Levántate! – me gritaba Mirem, la entrenadora, mientras me golpeaba en el abdomen. Empecé a llorar por el dolor de las costillas fracturadas - ¡Azelle, levántate! – seguía gritando, hasta que me desmayé.

            Cuando volví a mi consciencia, veía tubos de ensayo, precipitados, inyectadoras sin agujas, etc., lo común en una enfermería. Voltee la cara y vi a Dillan sentado en una esquina.

-          Eres demasiado débil, Azelle. – me dijo él mirándome con ojos cansados. De ahora en adelante tendríamos que llamarnos por nuestros nuevos nombres para así acostumbrarnos.

 

-          Soporte todo lo que pude, Écrat. – dije torciéndole los ojos y tratando de enderezarme para pararme de la camilla metálica.

 

-          Entiende que muerta no me sirves. – añade moviendo la cabeza de un lado a otro.

 

-          Yo no soy tu esclava, imbécil. Déjame en pa… – le dije sin terminar por el dolor que me provocaba el movimiento en las costillas.

 

-          Para tu mala suerte, tu entrenadora es Mirem, la más severa de todas. Debes reconocer que es fuerte. – recalcó con satisfacción. – Yo te conozco y si sé que no tienes mucha resistencia pero también sé que eres fuerte y muy ágil. Yo te entrené, y por ello sé que te estás resistiendo a mostrar tus habilidades. No intentes ser valiente, demuestra lo que eres y ya, Azelle. Demuestra que eres hija de ese hombre. – me aconsejó y se fue de la enfermería. 

 

***

            Pasaron dos semanas y lo único que hice fue recibir golpes. Ese es el entrenamiento de INFERNO. Es verdad, estuve decidida a no mostrar mis habilidades para que no supieran que soy experta, no es bueno delatarse demasiado, pero luego vi que me estaba costando demasiado ocultarlo y tuve que defenderme.

 

            Descubrí algunas cosas gracias a Lemaliam y aun me encuentro indagando otras de INFERNO:

 

-          Son unos desgraciados, cuerpos sin almas. A veces pienso que no son diferentes a los dormidos o a mi… padre. Pero comprendo que son así por su sed de venganza, sed que yo también tengo y que me quema por dentro.

 

-          La entidad está dividida en tres grupos: Novatos – los recién llegados que deben pasar el entrenamiento, como yo y Écrat –, Asesinos – los que se encuentran vengando y a su vez trabajan para INFERNO como pago – y Dirigencia – el alto mando de INFERNO el cual casi nadie sabe quién es –.

 

-          Entrenan a los Novatos por dos meses y medio, y si no dan la talla, los matan. Así de simple.

 

-          Si pasan el entrenamiento, pasan a ser RECIÉN ASESINOS y luego de su primer asesinato pasan a ser oficialmente ASESINOS y pueden realizar su venganza con la ayuda de INFERNO. Pero también se debe desarrollar otra función inteligente en la entidad, como ya expliqué.

            Me dejé de modestias y demostré mis habilidades. Pasé el entrenamiento, por supuesto, con uno de los mejores puestos. Écrat quedó de primero y yo de segunda entre los cincuenta y ocho novatos que pasaron, o que más bien sobrevivieron, de los ciento veinte que estaban en un principio.

            INFERNO es una guillotina. Una de las peores pruebas que nos pusieron fue sobrevivir cinco días sin comer ni beber nada y además recibiendo maltratos de los cuales teníamos que defendernos, atados de manos y pies. Debo reconocer que varias veces pensé que iba a morir, pero algo me dio valor y seguí soportando y sacando todo lo mejor – o peor – de mí.

***

-          Écrat y Azelle Gunts, los felicito. Han sido los mejores en esta primera prueba. Sigan a Nalle, ella les indicará el camino para que se inicien como RECIÉN ASESINOS. – nos dijo un asesino.

 

-          Felicitaciones, hermana. – me dijo Écrat.

 

-          Púdrete. – le respondí sin mirarlo.

 

-          Adelante, pasen esa puerta roja. – nos ordenó Nalle, una muchacha de unos veintidós años máximo, muy hermosa por cierto. – Suerte, la necesitarán. – agregó dejándonos solos en el pasillo.

 

            Al entrar, ambos nos quedamos helados. El mismo hombre que nos recibió cuando llegamos a INFERNO, el que nos atacó con dos cuchillos y que nunca se identificó, estaba ahora al frente de nosotros. Esta vez me fijo que es un hombre muy… atractivo, bastante.

-          ¿Usted es de la dirigencia? – preguntó Écrat al hombre, el cual sonrió.

 

-          Que halago sería serlo. Pero no, soy un asesino, sólo que yo tengo la plena confianza de los dirigentes y me encargo de muchas cosas aquí, como entrenar a los RECIÉN ASESINOS, por ejemplo. – respondió el hombre mirándome fijamente. – Mi nombre es Lemaliam, me encargaré de ustedes dos de ahora en adelante. – agregó.

 

-          ¿Por qué usted y por qué no otro? – pregunté mirándolo fijamente.

 

-          Porque yo me encargo siempre de los que quedan en los primeros puestos. – respondió. Asumí que él era el asesino más veterano de INFERNO.

 

-          ¿Qué cargo nos pondrán en la entidad? – pregunté.

 

-          Se les pondrá el cargo que tengan la capacidad de desempeñar. – finaliza Lemaliam.

 

            Hizo ademán de indicarnos que miráramos a  un cristal. En el cristal se reflejaron ciertas imágenes de hace un siglo: una ciudad tranquila, en el que no existían los edificios de hoy en día. La ciudad constaba de lo que una vez se llamaron “plantas”,  viviendas que al parecer eran de ese antiguo material… concreto creo que se llamaba. El matrimonio y las parejas se mostraban felices y al parecer era… normal. De pronto recuerdo que en la superficie yo estoy casada con Dillan, quien es ahora Écrat.

***

            Luego de ver esas antiguas imágenes en el cristal, nos sentaron en unas sillas de metal. Al instante me había dado cuenta de que estaba en una habitación totalmente encerrada de color gris y plateado.

-          Debo reconocer que actuaron muy bien, mentirosos. – nos dijo Lemalian. – Intentaron hacernos creer que ustedes eran fugitivos y que de alguna manera llegaron aquí al ser perseguidos por la P.D.I, fue una mentira ingeniosa debo admitir pero nosotros somos una entidad secreta demasiado grande que sabe demasiado y que asesina demasiado. No tienen ni idea… – agregó mirando ahora a Écrat.

 

-          ¿De qué habla? – preguntó Écrat serio, sin mover una sola pestaña.

 

-          ¿Piensan que no conocemos todo del gobierno y de INSOMNIA? Sabemos absolutamente todo de Evan Loshing, de sus aliados, de sus trabajadores y de su familia. – nos advirtió Lemalian afincándose en las últimas palabras con firmeza. – Adelle Loshing y Dillan Way, ustedes son su hija y su asistente personal respectivamente. Hay muchos detalles que también sabemos, como por ejemplo que nos son hermanos y que están casados. – añadió él y un escalofrió me recorrió el cuerpo. Traté de permanecer lo más serena que pude, pero sabía que nos matarían en ese momento por mentirles.  

 

-          ¿Qué harán ahora con nosotros? – pregunté mirando a Écrat.

 

-          Podemos hacer dos cosas muy simples: dejarlos vivos o asesinarlos. Toda la dirigencia está enterada de esto, de quienes son ustedes. Nadie antes se había unido a INFERNO siendo tan cercano del gobierno y de INSOMNIA, para nosotros representaría un gran peligro dejarlos aquí. No sabemos si tienen un plan con Loshing para acabar con nosotros. Así que… - continuó Lemalian.

 

-          Podemos asegurarles que lo que menos somos ahora, es cómplices de Loshing. Pero sé que no es creíble. Ella es hija de Loshing y yo era su asistente personal y además soy su yerno, pero debo aclarar que eso era en la superficie, aquí no. Aquí, soy Écrat Gunts, alguien que odia y desea asesinar a Loshing lo más lenta y dolorosamente posible. – dijo Écrat mirando a Lemalian a la defensiva.

 

-          ¿Y tú? – preguntó Lemalian mirándome.

 

-          Yo… yo soy un enigma. Lo único que puedo decir es que no sé si lo llegue a hacer, pero me vengaré de Loshing y de los suyos. Sí, soy su hija y sí, me casé con su asistente. – dije y miré a Écrat de reojo imaginándome su expresión. –Descubrí hace unos meses que mi padre asesinó a mi madre, necesitaba saber más información de mi padre y ¿quien más que su asistente personal para que me diera esa información? Eso es nuestro matrimonio, señor Lemalian, un papel y una mentira. – agregué mirando a Lemalian fervientemente.

-          Entonces engañaste a tu padre y a este chico… - empezó a decir Lemalian.

 

-          Si. Ella engañó a su padre y me engañó a mí también de cierta manera. Me enteré por mis propios medios de quien era él y… ella. Me enteré de que él asesinó a mi hermana, Lylet Way, ahora mismo lo quiero muerto y no moriré en paz hasta que así sea. Ese mismo día me enteré de ustedes, de INFERNO. Fui yo quien mandó el mensaje de socorro y aquí estamos. – respondió Écrat sin mostrarse dolido. En vez de eso se mostraba valiente.

 

-          ¿O sea que fuiste tú quien los trajo a ustedes dos aquí? – preguntó Lemalian y Écrat asintió. – Ya entiendo. Planeas usarla para vengarte de él, pero ella está consciente de eso… ¿no crees que algo… - agregó.

 

-          Yo sé lo que hago, señor. – le interrumpe Écrat.

 

-          La única persona que puede matarme es Écrat, señor. Tenemos algo así como un pacto personal. – respondí obviando la curiosidad de Lemaliam.

 

            Sí, se que Écrat me está utilizando o me va a utilizar de alguna manera en contra de mi padre. Lo más probable es que me asesine en sus ojos o algo así. Aunque no sé que lograría con eso, porque yo no le dolería a mi padre en lo mas mínimo. Sea lo que sea, estoy preparada para ello, para defenderme. Él mismo me enseñó a luchar y “el alumno puede superar al maestro”.

            Después de esa conversación, me quedo callada. No digo nada y a pesar de sentirme totalmente descubierta no muestro ninguna pizca de temor o miedo. Al contrario, cada cosa que debería hacerme sentir débil o desprotegida lo transformo en una capa de fuerza en mi mente, una capa de rudeza, sin emociones, sin… nada.  Solo Loshing e INSOMNIA están en ella.

Capítulo V

            Fui asignada como agente negro, es decir, como personal encubierto. Me haré pasar por una estudiante de cuarta fase. Me establecerán en Bienestar, para estudiar medicina, cosa que no me agrada porque Écrat – también agente negro – será mi consejero – una especie de tutor y profesor – puesto que él se hará pasar por médico mientras hace la especialidad en Criónica. Si, si, si, él es un genio, sabe más que un propio médico, debo reconocer. Al graduarte de médico – un periodo de dos años – puedes trabajar como consejero mientras haces el posgrado, el cual es obligatorio, que dura dos años también. Así se completan los cuatro años exactos de la cuarta fase.

***

-          No insistas Azelle, no puedes salir aún. No estás operada. – me dijo Lemaliam.

 

-          Quiero dejarle una carta a Loshing, sólo para asustarlo. Nadie se dará cuenta, señor. – le rogué.

 

-          Con una mente tan brillante para tu edad, no entiendo cómo estas pidiéndome semejante cosa. Él empezará a rastrearte, debes saber cómo es tu padre, Azelle. – me recordó.

 

-          ¡Maldita sea que no es mi padre! – respondí furiosa.

 

-          Tienes que aceptar que por tus venas corre la sangre de ese tipo, querida. – la voz de Écrat se escucho a mis espaldas. Estaba entrando a la sala.  

 

-          ¿Y tú qué, ah? – le pregunté fastidiada por su repentina aparición. – Lárgate, y no se te olvide que por tus venas corre la sangre de Ezzor Way, el creador de los malditos Pinet. Tu padre es tan culpable como el mío. – le recordé mirándolo sombríamente. – Tú no eres diferente a mí, imbécil. – añadí.   

 

-          ¡Tu padre es el maldito presidente de este país y el líder de INSOMNIA! Mi padre tiene el Pinet, está dormido y él solo cumple órdenes del desgraciado de Loshing. – me contestó.

 

-          ¿Y qué te asegura que Ezzor tenga el Pinet? – le pregunté. – Puede ser un desgraciado igual que Loshing, no hagas diferencias en personas que tienen la misma convicción, amor mío. – añadí.

 

-          Yo sé quién es mi padre. – me respondió.

 

-          Yo también creí saber quién era mi padre, Écrat, y mira en donde estamos. – fue lo último que le dije y salí de la sala. 

 

            La operación de la que habló Lemaliam, es la operación que se les hacen a todos los RECIÉN ASESINOS, que es cambiar sus rostros, para que en la superficie nadie los reconozca. INSOMNIA lleva un registro de absolutamente todas las personas de la sociedad, y si ven a alguien sospechoso – como yo o Écrat – seremos asesinados en cuestión de horas, quizás menos. Me dicen que aparentaré unos veinte años después de la operación, lo cual es perfecto para ser una estudiante de cuarta fase. Mi operación será dentro de unos días pero estoy desesperada por dejarle esa carta al desgraciado de mi padre, de Loshing quiero decir.

            Me duché, me vestí, me aseguré de que nadie me viera por los pasillos metálicos, pero maldita sea, Écrat es mi desgracia.

-          ¿Qué quieres? – le pregunté cuando se me puso en medio. – Tengo que irme, quítate. – trate de disuadirle empujándolo por el hombro. Me sujetó el brazo un poco fuerte.

 

-          ¿Estás casada conmigo, recuerdas? Debes decirme a dónde te diriges y para qué, esposita. – me preguntó riéndose, como siempre.

 

-          ¿¡Qué demonios!?... A ti no te interesa lo que haga, déjame en paz. Ódiame y sígueme odiando por siempre como yo lo hago también y así ambos estaremos satisfechos. – le contesté zafándome de su brazo y mirándolo con furia.

 

-          Me vas a decir a dónde vas, Adelle… - me empezó a amenazar.

 

-          ¡Cállate, imbécil! – le ordené. Él sabía que teníamos prohibido decir nuestros verdaderos nombres, Lemaliam nos lo advirtió porque sino todo se vendría abajo. Porque INFERNO nos aceptó a pesar de todo pero haciéndonos jurar que no revelaríamos nuestras verdaderas identidades al resto.

 

-          ¡Dime, entonces! – me insistió.

 

-          Quiero dejarlo algo a Loshing antes de cambiarme el rostro, quiero dejarle algo, para que sepa que estoy viva y que mi odio hacia él me está consumiendo. Quiero que sepa que lo asesinaré. – le confesé para que me dejara ir.

 

-          No es muy inteligente de tu parte hacer eso. Sabes que si te reconocen… - me comenzó a decir pero no lo dejé terminar.

 

-          ¡Si, ya se! ¿Pero a ti que te importa el peligro que corra si me reconocen? – me quede mirándolo unos segundos y recordé. – Ah, cierto, me necesitas viva para vengarte también. Tranquilo, al igual que tú me fuiste útil a mí, yo te seré útil a ti. Un trato es un trato ¿fue eso en lo que quedamos cuando éramos Novatos, no?–. Él se empezó a reír mostrando su perfecta dentadura y su perfecto y estúpido sarcasmo.

 

-          No te voy a dejar ir. – me dijo poniéndose serio de pronto.

 

            Torcí los ojos y me voltee de nuevo para continuar hacia el ascensor pero su fuerte mano me apretó esta vez mas fuerte el brazo y me volteo, me jaló hacia él, empujándome contra la pared dura. Intenté golpearlo, pero rápido me detuvo y me sujetó las muñecas. Me apretaba con mucha fuerza y ya me estaba preparando para que me golpeara o algo así, pero de pronto hizo lo que menos me imaginé que iba a hacer… me besó.  Lo empujé golpeándole la mandíbula, Écrat se volvió a reír mientras se sobaba la mandíbula. 

 

-          ¿Qué haces, Écrat? – le pregunté mirándolo con una sonrisa falsa para que viera que lo que hizo fue una estupidez. - ¿Tu manera de odiarme es besándome? ¿Todavía te gusto? ¿Aun amas a tu esposa, mi amor? – añadí. Su sonrisa se expandió más y levantó la cabeza.

 

-          La inteligencia te ha fallado. Te besé porque me dio la gana y ya. – se volvió a acercar a mi mirándome con cólera y sentí su respiración acelerada. - ¿Enamorado de ti? Qué risa. De una mujer como tú, solo un imbécil se fijaría. – añadió mirándome fijamente.

 

-          Eres un imbécil, entonces. Porque te recuerdo que antes, te enamoraste de mí, te casaste conmigo y… -  no me dejó terminar.

 

-          Tú lo has dicho, amada mía, antes. – repuso con ímpetu.

 

-          Suéltame, me tengo que ir. No soy de tu propiedad, el riesgo lo corro yo, no tú. Así que relájate, que total, a ti no te pasará nada. – dije metiéndome en el ascensor.

-          Te doy cuatro horas, Azelle. No voy a arriesgarme con Lemaliam. – me dijo serio. Asentí con la cabeza, le lancé un beso sarcástico y se cerraron las puertas del ascensor.

            Salgo a la superficie y mientras me montaba en mi nueva moto y me colocaba el casco, no dejaba de pensar en el inusual beso de Écrat.... Pero aparté rápido ese pensamiento y me centré en ir a mi destino, mi antigua casa. La casa del hombre más corrupto y falso de este país.

            Tarde una hora en llegar. Me solté el cabello, me puse un pañuelo en la boca y entré por la ventana de mi cuarto, con una ayuda de una soga que llevaba conmigo. Por suerte, la habitación estaba vacía.

***

            Ahora en este momento como dije empezando mi historia, le estoy dejando una carta a mi padre en donde le advierto que lo mataré tarde o temprano.

            Echo un último vistazo, veo de lejos a los guardaespaldas hablando por sus teléfonos, las sirvientas ordenando y limpiando, los técnicos realizando algún trabajo. Todos en lo suyo… pensar que yo fui criada en este ambiente, en esta gente, en esta mentira.

            Me voy de la casa, acelero bastante. Empieza a llover, me mareo y recuerdo que no he comido nada desde que me levanté. Acelero más para llegar rápido a INFERNO.

***

            El ardor en mi mejilla es doloroso pero no hago gesto alguno de dolor por el bofetón que me acaba de dar Lemaliam.

 

-          ¡¿Sabes lo que hiciste?! – me pregunta gritando.

 

-          Si, lo sé. No es necesario que me golpeé para que me dé cuenta, señor. – le respondo. Estamos en mi habitación, me sorprendió cuando llegué a hurtadillas.

 

-          Voy a mantener esto en secreto, pero te juro que si la dirigencia se entera de esto, no haré nada para defenderte. – me advierte. Ni siquiera pensé que me iba a guardar el secreto.

 

-          Está bien. – es lo único que logro responder.

 

-          Cuídate, Azelle. Tienes que hacerlo. – me dice y sale de la habitación.

***

            El cirujano me miraba de manera extraña. Supongo que los cirujanos plásticos son así… pero me molesta.

-          No tengo que acomodarte mucho, tu físico es decente. Solo lo cambiaré por uno diferente. Unos cuantos toques y listo. – me dice sin dejar de mirarme y tomar notas. – Escuché de Lemaliam que eres inteligente y que tienes un hermano. – añade. Mi cara de irritación no me molesté en ocultarla.

 

-          ¿Muy raro, no? Una chica de dieciséis años y con un hermano. Wow ¿Soy como algún tipo de extraterrestre al que le es curioso ver? ¿Qué tengo de raro? – le pregunto.

 

-          Lo mismo le comenté a tu hermano pero él a diferencia de ti… no fue tan grosero. – me responde. Me rio.

 

-          Oh, qué bueno que le caiga bien. – le respondo. Copia las últimas notas y se va.

 

            Mañana a primera hora, seré operada. ¿Qué rostro tendré? No me importa. Solo quiero salir de esta maldita cárcel subterránea y hacer lo que tengo que hacer.

 

 

Capítulo VI

 

            Fui a entrenar un rato. Mis piernas ya mostraban músculos y mis brazos un poco también. Tome una de las pistolas y apunte al blanco: cinco veces en el mismo centro. Luego intenté con el cuchillo, al quinto tiro solo fallé por dos centímetros a la derecha. Empecé luego a golpear un saco de arena. Quería olvidarme por un momento, de que soy… nada. No tengo madre, tampoco un padre, lo único que tengo es… mi odio. De pronto, las lágrimas caían sin darme cuenta. De un día para otro, todo se volvió un caos para mí, de pronto mi madre no había fallecido al darme a luz sino que había sido asesinada por mi padre, era una mujer casada y luego no y ahora soy una RECIEN ASESINA que planea matar a su padre… Écrat tiene razón, no soy diferente a Loshing. Caí arrodillada al suelo, me sequé las lagrimas con la mano y una mano toco mi hombro… Lemaliam.

 

***

            Mi cabeza duele, sé que es mi rostro el que fue operado pero mi cabeza retumba en mi cráneo.

 

-          No te muevas, quédate quieta. Intenta respirar y cálmate. – me recomienda el cirujano.

 

            El dolor en el rostro es insoportable. Me duele la cabeza, el cuerpo, todo. Alzo mis manos hasta mi rostro y noto que estoy vendada de la cabeza a los pies. Mierda, no solo me operaron el rostro, también el cuerpo. Empiezo a mover la boca y el cirujano asiente.

 

-          Sé que quieres hablar, pero no puedes en estos momentos. Mañana podrás hacerlo, tranquila. Quedaste asombrosa. – me dice como si me importara si quedé bien o mal. Me da igual, lo único que quiero es recuperarme rápido y que no me duela tanto todo. Me pregunto cómo estará Écrat...

           

            Horas después, me trasladan a una habitación. Veo a otro cuerpo vendado, es de un hombre. Otro operado, otro RECIÉN ASESINO, otra basura como yo. El término RECIÉN ASESINO me da risa la verdad, suena como “RECIÉN NACIDO”. Veo la placa de identificación en la cama metálica: Écrat Gunts. No recordaba que a él también lo operaban hoy. Supongo que nos pusieron en la misma habitación porque llegamos juntos a la entidad. Las enfermeras me dan de comer, me bañan y me cambian las vendas durante dos semanas más o menos, igual hacen con Écrat. No podemos hablarnos, tenemos tubos en la garganta, pero con la mirada nos decimos todo “Me duele todo” le digo, “A mí también, pero tenemos que quedarnos quietos” me responde él.

            El dolor poco a poco va pasando, a Écrat se lo llevan no se adonde y a mí me trasladan a mi habitación después de unos días. Aún tengo el abdomen vendado y por primera vez me quito las vendas del rostro. Soy otra persona completamente distinta, lo único que conservo es mi pelo rubio, de resto todo de mi es distinto.  Incluso mi cuerpo es diferente, está un poco más… voluptuoso, parezco de veinte años. Me toco el rostro una y otra vez, aun no puedo creerlo. La cara que había conservado dieciséis ahora es otra. 

            Me visto y me llevan a la habitación que comparto con Écrat, me ordenan que empaque todas mis cosas. Lo hago y me trasladan a otra habitación, una más pequeña pero al menos estaré sola. Empiezo a acomodar mis cosas y a hacerme la idea de mi nueva apariencia.

-           ¿Cuánto tiempo te tomó? – la voz de Lemaliam me sobresalta y volteo rápidamente.

 

-          ¿Qué? – no entiendo la pregunta.

 

-          ¿Cuántos días te llevó la recuperación de la cirugía? – me pregunta de nuevo cerrando la puerta tras él.

 

-          Dos semanas y algo. – respondo. Él mueve la cabeza arriba y abajo en modo de comprensión.

 

-          Nuevo record. – me dice. – Al que menos le había llevado tiempo recuperarse era a mí. Un mes y medio.

 

-          Wow, debo sentirme superior, entonces. – le digo bajando la mirada y él sonríe sin mostrar sus dientes. - ¿Qué tengo que hacer ahora, señor? – pregunto.

 

-          Seguirme. – dice saliendo de la habitación.

 

 

            Entramos a un sótano, no veo a nadie conocido, los rostros para mí son desconocidos. Todos los RECIEN ASESINOS fueron operados al igual que yo, me explica Lemaliam. Intento reconocer de alguna manera a Écrat pero por supuesto tiene otro rostro el cual yo no puedo reconocer.

 

-          ¿Dónde está Dillan? Digo Écrat. – le pregunto.

 

-          Aun no se ha recuperado.  – me responde. Me señala una serie de blancos y me da una pistola. – Quiero que des en el blanco diez veces seguidas. – me ordena.

 

-          Lo máximo que he podido hacerlo son seis veces seguidas. Diez veces es… - intento decirle pero me interrumpe.

 

-          Estoy esperando. – me dice mirándome – Solo tienes que concentrarte.

 

-          ¿Puedo hacerle una pregunta? – le digo. Él carga las balas y asiente. - ¿Por qué razón en especifico se unió a INFERNO? -.

 

-          Eres muy curiosa, niña. – se limita a responderme pero insisto.

 

-          Si lo soy, bastante. Por eso, estoy aquí.

 

-          Dispara y deja de hacer preguntas absurdas. – dice entregándome el arma.

            Disparo las diez veces seguidas, pero fallo en los dos últimos intentos. Luego practico lucha con otros de los RECIÉN ASESINOS y termino mi día agotada.

***

-          Me siento mal. – le digo a Lemaliam sentándome en mi cama.

 

-          Las nauseas son un efecto secundario normal. La operación no es gran cosa pero siempre cuesta un poco recuperarse del todo.

 

-          ¿No es gran cosa? Me cambiaron todo el maldito cuerpo y la cara y ¿no es gran cosa? – le grito.

 

-          Baja la voz. Azelle, aquí tú no eres la hija del presidente, aquí tu eres una simple RECIEN ASESINA. Así que, deja de quejarte y andar lloriqueando que yo no soy Écrat para besarte cada vez que te alteres.  – me quedo un segundo congelada ¿besarte? ¿él vio cuando Écrat me besó?

 

-          ¿Qué?...

 

-          Toma – me dice tirándome un sobre en las piernas. – Allí está tu primera misión. Tu introducción para ser asesina. – leo los papeles que están dentro y… mierda.

 

-          ¿En el Exordio? ¿Es en serio? Allí estará casi toda INSOMNIA vigilando. – digo atónita mirando los papeles.

 

-          Tienes que saber lo que vas a hacer, entonces. Te presentaras como estudiante de cuarta fase y Écrat estará allí como tu hermano y consejero. Suerte. – me dice y sale de la habitación dejándome con mi mente nerviosa hecha un caos.

 

            Me acuesto y comienzo a pensar y pensar. Todo esto no puede quedar en vano, cambie mi identidad, mi rostro, mi cuerpo, mi vida por vengarme de Loshing. Lo mataré, cuésteme lo que me cueste, lo mataré. Me quedo dormida…

-          ¡Entrenamiento! – me grita uno de los asesinos desde afuera de la habitación golpeando estruendosamente la puerta. Me despierto sobresaltada, me estrujo los ojos y abro la puerta queriendo golpearle el rostro.

-          ¿A qué hora? – pregunto y el tipo se queda mirándome. - ¡Que a qué hora! – repito enojada.

-         Dentro de cuarenta y cinco minutos. El señor Lemaliam la está esperando. – me dice y se va.

            Me alisto, medio me peino y salgo disparada. Entro en el sótano y veo los mismos rostros desconocidos de siempre.

-          Llegas tarde. – me dice Lemaliam. Observo que todos están disparando a un blanco.

-          Lo siento, aun no me acostumbro a este cuerpo. – respondo acercándome a él.

-          No eres la única con un cuerpo nuevo, así que muévete. – me ordena y me dispongo a obedecerlo. Siento que alguien me coge el brazo.

-          ¿No reconoces a tu hermano? – me pregunta una mujer. De pronto me asusto y mi cabeza piensa que transformaron a Écrat en una mujer. No puede ser, mierda.

-          ¡¿Te transformaron en una mujer?! – grito y toda la sala queda en silencio. Las miradas se dirigen a nosotras, o nosotros, o… ¡lo que sea! La carcajada de la mujer se hace rimbombante en la sala. Su rostro es de unos treinta años.

-          No, no te preocupes. – me dice sin dejar de reírse.

-          ¿Quién eres entonces? – le pregunto.

-          Adzel, tu nueva tutora. Mi primo no puede hacerse siempre cargo de ti, tiene asuntos con la dirigencia. – me dice señalando a Lemaliam. – Tu hermano está en esta sala, entrenando y, obviamente no lo reconoces pero aquí está. Lemaliam está a cargo de ustedes dos en INFERNO, pero yo te guiaré a ti en la superficie. – me dice y yo escucho atentamente tratando de comprender. – Tienes que completar unos cuantos entrenamientos y luego asistirás al Exordio, cumplirás tu primera misión y te irás a Bienestar. Serás estudiante de Medicina y Écrat estará a tu lado como tu consejero ¿entendido? – me pregunta.

-          Perfectamente, ya Lemaliam me había explicado. Solo hay algo que quiero saber ¿Écrat me reconoce? Es decir, ¿sabe quién soy? – pregunto.

-          Ninguno de los dos sabe quién es quién. No pueden saberlo, por lo menos hasta un tiempo. Por ahora preocúpate por ti, por saber quién eres y qué es lo que buscas en INFERNO, que es vengarte de alguien si no me equivoco. – me dice y coge una pistola, da tres veces en el mismo blanco a una distancia muy considerable. – Coge la pistola.

Me aproximo a coger una de las armas y apunto, boto el aire y disparo. Esta vez el blanco esta mucho más lejos de lo habitual. Doy justo en el centro del blanco, doy otro disparo y de nuevo en el blanco. En el último disparo alguien se me atraviesa.

-          ¿Eres idiota o qué carajo? – le grito al chico. – Te pude haber matado. Tus sesos estuviesen ahorita dispersados por todo el su... – el chico me apunta con su arma justo en la frente y me obliga a callarme ¿Cómo se atreve a dispararme este idiota?

-          Haz silencio. Me desperté hace solo veinte minutos y tu voz tan temprano es molesta ¿sabes? – me dice.

Me quedo callada y por unos segundos trato de adivinar si él es Écrat, pero es imposible saberlo, hasta nuestras cuerdas vocales fueron operadas. No tenemos la misma voz, así que por lo pronto tendré que pensar que Écrat puede estar en cualquier lugar sin saber quién soy y puede ser cualquiera de estos hombres. Él retira su pistola y sigue su camino.

         Los siguientes entrenamientos son sencillos para mí.

***

         Nunca pensé que el Exordio fuera un evento tan extravagantemente inmenso. Veo personas por todos lados, hay cuatro filas inmensas, cada una correspondiente a cada sede. Me situó en la fila de Bienestar y espero. Asomo la cabeza para ver si Loshing está aquí, pero no lo veo por ningún lado. Él no vino.

Dicen que la primera víctima es la más difícil y debo admitir que es verdad. Las manos me tiemblan y estoy sudando frio. Las horas me parecen semanas mientras espero parada a que anuncien mi nombre. Debo dispararle silenciosamente al hombre que anuncia a los nuevos alumnos de cuarta fase. Luego de centenas de nombres mencionados y nervios acumulados, dicen “mi nombre”: Azelle Gunts.

            Me entregan mi certificación de traslado a Bienestar. No me lo dice pero sé que Écrat está igual de asustado que yo. Doy pasos lentos hacia el escenario mientras me acerco a él y observo al hombre que debo matar.

-        Bienvenida a la sede de Bienestar. – me dice. Me entrega una tarjeta de color azul y noto que también está temblando. Me mira por un segundo y recuerdo cuando me apunto con el arma callándome en el sótano antes de que supiéramos nuestras identidades. – Ahora.

Saco el arma a mi costado tapándola con mi abrigo negro. Apunto de espalda como me enseñó Lemaliam recordando la posición en la que estaba el hombre, respiro profundo. Piensa en alguien que odies y que quieras asesinar me dijo Lemaliam y… pienso en mi padre. Disparo y la bala atraviesa la tela de mi abrigo.

Al segundo, escucho gritos y gritos por todos lados. Luego escucho otro disparo, es el de Écrat disparándole al camarógrafo, también de espaldas igual que yo. Me guardo el arma rápidamente. Unos guardias me sacan del evento y me llevan hasta la pista de aterrizaje. Muestro mi tarjeta y rápido subo al avión.

-       ¿Por qué les habrán disparado? ¿Qué paso? ¿Quién fue? ¿Tendrán que ver los subversivos con esto? – dicen muchas voces al unísono. Los nervios me están consumiendo y las manos las siento tan trémulas que creo que se me van a desprender de las muñecas.

-       ¡Atención a los nuevos alumnos de cuarta fase! Este vuelo será de emergencia debido a los imprevistos. Sujeten sus cinturones, sus consejeros estarán con ustedes en unos minutos. – informa el piloto.

Cierro los ojos un momento y me doy cuenta de lo que hice: acabo de matar a una persona. Era un dormido al igual que todos aquí o bueno casi todos exceptuándonos a Écrat y a mí, pero de todas maneras no me siento bien. Me siento de la mierda. Me las pagaras padre, me las pagaras.

-       ¡Abróchate el cinturón! – la voz de Écrat me devolvió a la realidad. Abrocho mi cinturón y minutos después el avión despeja.

Aterrizamos en el techo de la sede y la cabeza empieza a arderme. Nos ubican a todos en un pasillo iluminado con luces azules y veo a Adzel asomarse... ¿Qué hace ella aquí?


-        Buenas tardes tengan todos. Soy Adzel Korsh, presidenta de Bienestar, les doy la más cálida bienvenida. Los nuevos alumnos y consejeros de Medicina por favor síganme. - ¿Qué? ¿Mi tutora es presidenta de Bienestar? O sea que INFERNO está en todos lados.  

Luego de que separan a mujeres de hombres y nos llevan a nuestros ambientes de estudio trato de pensar en todo. Acabo de matar a alguien, acabo de iniciarme como asesina en INFERNO y como estudiante de Medicina en INSOMNIA. Quiero ver a Lemaliam para entrenar hasta desmayarme y sacarme todo esto de la cabeza.  

Capítulo VII

Al cabo de los días, me ordenan cortarme el cabello y me asignan el nuevo uniforme de Bienestar, pantalón negro brillante pegado al cuerpo y camisa blanca manga larga. Estoy harta de esto, de cambiar a cada rato de rutina, de ropa, de identidad, de cabello, de todo, HARTA. Écrat, aparte de estudiar, está encima de mí todo el tiempo “enseñándome”. Sin darnos cuenta hemos estado más unidos que nunca, para hacer cualquier cosa tenemos que estar juntos, peleamos demasiado como siempre pero no me alejo de él, a pesar de que se que algún día yo moriré en sus manos o en las de mi padre. Extraño mi vida anterior a pesar de que era una total mentira, extraño a Lemaliam a pesar de ser un gruñón todo el tiempo, no tengo hermanos ni familia a quien más extrañar pero, me siento sola. Sola con mi deseos de venganza.

-            Listo, terminada la clase de Anatomía por hoy. Pueden retirarse. – dice el profesor.

 

***

            Pasan dos meses y es la misma rutina, asesino y asesino mientras hago de la inocente estudiante de medicina. He asesinado veinticuatro personas hasta ahora y cada vez me siento más… sola. Un día, después de clases, me dirijo a mi habitación. Me quito el uniforme y me coloco una camiseta negra, prendo un cigarro, cojo mis cuchillos y me siento. Apunto al blanco de mi pared y disparo cinco veces seguidas. No soy tan buena con los cuchillos como con las pistolas pero no se me da mal tampoco. Estoy desesperada por saber cuándo estaré más cerca de Loshing. Alguien toca la puerta de pronto, sacándome de mis cavilaciones.

-          Soy tu hermano, abre. – esa es la clave que tenemos para decir que todo está bien y que puedo abrir. Cuando algo está mal la frase es “Soy Écrat, ábreme”.

 

            No me molesto en buscar algo para taparme las piernas y abro la puerta. Écrat me mira con indiferencia y entra a la habitación.

 

-          ¿Qué quieres? Las clases terminaron. – le digo exhalando el humo.

 

-          Adzel viene para acá, ella nos llevará a INFERNO. Dice que por fin, la dirigencia nos ha aceptado oficialmente como asesinos. Vístete.

 

            En INFERNO, nos montamos por primera vez en un tren. El recorrido dura unos quince minutos. Al llegar, nos bajamos y vemos una especie de laboratorio y una pantalla gigante de vidrio en el piso.

-          ¿Qué tal esos dos meses de exilio? – nos pregunta Mirem que sale de unas puertas de cristal y recuerdo que ya han pasado cuatro meses desde que entré a INFERNO.

 

-          Magníficos. – responde Écrat.

 

-          Completaron ya su tiempo de RECIEN ASESINOS. Ahora son oficialmente asesinos. Seguirán igual en Bienestar, pero ahora se les asignaran misiones y recibirán beneficios. Oh y claro tienen acceso a información para poder cumplir su venganza.

 

            A pesar de todas estas noticias, debería sentirme animada porque por fin voy a poder dar un paso más hacia Loshing pero por alguna maldita razón, me siento fatal. Las misiones que me asignaran consistirán únicamente de más asesinatos que tendré que llevar a cabo y eso no me hace sentir animada en lo absoluto. De pronto veo a Lemaliam entrando y sin pensarlo me arrojo a sus brazos. Sus manos se quedaron a sus costados, pero por alguna razón no me separé de él hasta después de unos segundos más.

           

            Además de Écrat, Lemaliam es el único apoyo que he tenido desde que entré a esta entidad, bueno Mirem y Adzel me ayudaron también un poco, pero Lemaliam es el que ha estado conmigo casi en todo momento. Estos dos meses en los que solo me comunicaba con él por teléfono para que me asignara misiones en conjunto con Adzel, lo extrañaba lo admito y verlo de pronto frente a mi no me hizo pensarlo siquiera para abrazarlo. Me separo.

 

-          Vaya…- es lo único que dice Lemaliam y luego carraspea. – Síganme los dos. Es hora de que conozcan a la dirigencia.

***

            No estoy nerviosa. Sigo caminando hasta una sala inmensa oscura, llega de centenas de sillas color azul, cristales y metales por todos lados. De pronto veo una gran pared de vidrio en donde visualizo a unas cuantas personas… la dirigencia.

-          Señora Parell. – dice Lemaliam asintiendo.

 

-          Hola, Lemaliam. Bienvenidos, den un paso al frente. – nos indica una de las mujeres altas de pelo castaño oscuro, hermosa. Nos acercamos hasta estar frente a frente, separados solamente por la pared de vidrio. La mujer me mira unos segundos. – No creo que tengas la capacidad para seguir aquí.

 

-          ¿Qué quiere decir? – pregunta Écrat.

 

-          No me refiero tanto a ti. Hablo de ella.

 

-          ¿Perdón? No estoy capacitada… ¿Qué demonios? He matado a veinticuatro personas ¿y me está diciendo que no estoy capacitada? Creo que…

 

-          Azelle, cállate. – me ordena Lemaliam. - ¿No la entrené bien, señora? – pregunta levantando la barbilla hacia ella.

 

-          Me extraño mucho cuando te ofreciste a entrenar a estos dos chicos tan jóvenes. Y debo admitir que los entrenaste excelente, no lo niego. Pero el problema principal es ella, hay piedad en sus ojos, Lemaliam, y sabes que eso es un grave problema. – indica ella y baja la mirada tratando de darle un mensaje misterioso que solo ellos entienden.

 

-          ¿De verdad cree que es necesario? – pregunta Lemaliam un poco… preocupado, diría yo.  Parell asiente, se da la media vuelta avanzando a la oscuridad que está detrás de esa pared vidrio sonando los dedos y todo se apaga, excepto una pequeña luz que deja ver la cara de Lemaliam.

***

            Siento las manos de Adzel en mi espalda mientras caminamos a mi habitación. Me siento totalmente confusa con toda la tensión que siento en todos allí.

-          Lo intentamos todo, Azelle. – me dice Adzel con una mirada triste comiéndose las uñas con desespero.

 

-          ¿Puedo saber que está pasando? – pregunto aturdida. Luego se me ocurre algo probable. - ¿Me van a matar?

 

            En eso aparece Mirem discutiendo con Écrat. Golpean la puerta fuertemente al entrar.

 

-          Si no lo hace la van a matar, Écrat. Lo único que le queda hacer es… soportarlo. – dice Mirem detrás de las paredes. Abren la puerta y Écrat me ve, asustado.

 

-          ¿Dónde está Lemaliam? – pregunta tenso también, diría que más tenso que todos.

 

-          Debe estar tratando de convencer a la dirigencia para que no sea tan dura con ella. – responde Mirem con los ojos como platos.

 

-          Bueno, basta. ¿Puedo saber que van a hacer conmigo? Porque todos lo saben menos yo. – digo furiosa. Me aprieto fuertemente los puños a los costados.

 

            En eso entra Lemaliam, enojado, furioso e… impresionado. Es la primera vez que veo esa expresión en él. Me mira.

 

-          A todos los RECIÉN ASESINOS que no desarrollan al cien por cien su capacidad de matar…. – empieza a decir pero lo interrumpo.

 

-          Ya yo no soy RECIÉN ASESINA, señor. Ustedes me dijeron que ya era asesina. – protesto para evitar escuchar lo que sigue.

 

-          Sí, pero te mentimos. Para ser un verdadero asesino tienes que matar a tu objetivo. En este caso, sería tu padre, Azelle. – no escucho sus palabras, no las escucho. – Ecrat corrió con suerte porque al parecer no tiene tanta misericordia como tú, aunque él tampoco es asesino. Hablas constantemente de los asesinatos que cometiste como una culpa y eso es justamente lo que no debes hacer, Azelle, te lo dije varias veces.

 

-          ¿Qué me harán? – pregunto demasiado asustada.

 

-          Te obligaran a matarme. – dice y todos lo miran confundidos. – Tienes que vencer al maestro entonces, eso dijeron.

 

-          ¿No la azotaran hasta hacerla desmayar? – pregunta Mirem. Al parecer eso es lo que les hacen a los “misericordiosos”.

 

-          No. Pedí que cambiaran la penitencia. – dice como algo sin importancia.

 

            ¿Está loco? Ni en un millón de años, ni con toda la rabia del mundo lo mataría, no puedo. Y él sabe que no puedo hacerlo, él sabe que no es solo por humanidad lo que me impide hacerlo. Él debe saberlo.

 

-          Estás loco, Lemaliam. Recibiré los latigazos. – le digo por primera vez sin formalidades y tuteándolo.

            Salgo corriendo de la habitación con lágrimas en los ojos. No puedo permitir que me obliguen a matarlo, no dejar ni que INFERNO ni INSOMNIA me controlen. No dejaré que me sometan, jamás. Prefiero ser azotada hasta que los pedazos de carne ensangrentados queden tan pegados en el suelo que luego sea demasiado difícil despegarlos. Sin darme cuenta, estoy corriendo hacia la dirigencia.

            Escucho unas pisadas a mis espaldas y la mano de alguien me detiene. Volteo y es Écrat. Intento zafarme pero me empuja contra una pared de uno de los pasillos y empieza a gritarme.

-          ¡Podemos hablar con la dirigencia para que te dejen en paz! – dice esperanzado. Que ironía, hace un tiempo él deseaba matarme pero ahora al parecer quiere protegerme.

 

-          Sabes bien que no darán su brazo a torcer, Écrat. Mejor mantente lejos de esto. Resultaras herido si ven que te metes. – le advierto, trato de zafarme de nuevo pero me agarra con más firmeza.

 

-          ¡No! – me grita. De pronto por primera vez en la vida, noto algo en los ojos de él: lagrimas. – No vas a ir.

 

-          Solo me darán latigazos hasta que pierda el conocimiento. No me mataran. – le digo intentando calmarlo aunque sé que no lo hago.

 

-          Eso, si resistes. No tienes mucha resistencia, Adele. Digo, Azelle. Te conozco y por eso no dejaré que te entregues en bandeja de plata a ellos. – me dice poniendo sus manos a cada lado de mi cara con las mías encima.

 

-          ¡Tengo que hacerlo! – grito. Me suelto de sus manos como puedo y corro.

 

Capítulo VIII

Intento hablar con la dirigencia para recibir el castigo en vez de tener que asesinar a Lemaliam, pero como los demonios que son me negaron esa única petición que les he hecho. Creo que después de Loshing, Parell será mi próximo objetivo. Morirá en mis manos.

***

Dejo que me lleven al lugar en donde “asesinaré a Lemaliam, mi maestro. Las manos en mi espalda son ásperas, estúpidos muñequitos de la dirigencia creen que por ser más rudos son mejores. Me empujan dentro de la habitación.

-          No tengas piedad. – me dice uno de los que me empujan.

La habitación es absolutamente negra. Tiene algunas columnas de acero como pilares en las esquinas y veo dos hombres altos musculosos entrar llevando sujetado de los brazos a otro sujeto, le quitan la mordaza y veo que es Lemaliam. Lo arrodillan y le atan las manos a la espalda. Me mira.

-         Adelante, hazlo. – me dice sin un rastro de miedo en sus ojos. Sé que él es de sangre fría pero nunca me imaginé que ni siquiera se preocupara por morir. Demasiada valentía.

            Los hombres que tenía a mi espalda se retiran, pero los que están al lado de Lemaliam no se van, como lo supuse. Perfecto. Espero unos segundos.

-          Sabes bien que no puedo matarte. – le digo mirándolo a los ojos y alzo mi arma cargándola.

Sé que esto me puede costar la vida, pero lo haré, violaré una orden de INFERNO. No voy a soportar los estúpidos castigos que ellos quieren que soporte. Yo decido mi destino, y si tengo que quedarme como una RECIEN ASESINA para siempre, lo hare.

Disparo a los dos hombres en las rodillas obligándolos a caer en el piso. Uno de ellos maldice y el otro coge su pistola y me apunta, pero yo disparo más rápido que él y la bala solo me roza el brazo mientras que la mía le entra directo en la cabeza. De inmediato entran los dos hombres que se habían retirado por un momento y me agarran por el brazo lastimado.

-         ¡¿Qué carajo hiciste?! – me grita Lemaliam mas que furioso, impresionado.

-         Desobedecerte. – respondo pasivamente y luego grita otra cosa mientras se levanta, pero no lo escucho porque me sacan de la habitación bruscamente.

***

            ¿En qué estaba pensando? No lo sé exactamente. No quiero morir, de eso estoy segura pero tampoco quiero ser manipulada. Me atan las manos con alambres puntiagudos por encima de mi cabeza a un tubo horizontal y las tiras de sangre empiezan a correrme por los brazos a medida que el tubo empieza a subir y los alambres hacen más presión en mi carne. Ignoro el dolor, ya que es lo único inteligente que puedo hacer por ahora. Ahora sé que seré castigada y peor que antes.

-         ¡Déjenme entrar o les trituro la mandíbula! – dice alguien. Al segundo reconozco la voz de Écrat. ¡No! ¿Qué demonios hace aquí? Lo van a matar por estúpido. Dios.

Entra a la habitación en donde me tienen. Unos hombres intentan sacarlo pero él rápidamente los noquea.

-         ¡Vete de aquí! – le grito. – Si te ven te matan. Écrat vete.

-         No te tienen por qué hacer esto. – me dice. Me mira de nuevo como cuando me dijo que no podía perderme. - ¡No voy a permitirlo! – se me acerca y me desata las manos como puede. Me lastimo y él también se corta las manos pero al parecer lo ignora como yo. Me coge para no caerme al suelo.

-         Escúchame. Escúchame. – insisto. – ¡Dillan! – él por fin reacciona y me mira de nuevo a los ojos sujetándome las manos ensangrentadas. – Te castigarán por esto y no quiero. Vete, por favor. Sabes que no podremos escapar de esta entidad jamás. Estamos condenados a estar aquí.

-         Estaré contigo. Yo fui el que te trajo aquí. – me dice.

Unos hombres irrumpen en la habitación y nos agarran a los dos por el pelo. Nos llevan al ascensor atados casi que hasta el cuello. Llegamos a una especie de sótano, veo un cristal de unos veinte centímetros de grueso aproximadamente y en el fondo… esta Parell y la dirigencia.

 Parell hace un gesto con la cabeza y uno de los hombres coge a Écrat por el cuello, lo arrodilla colocándolo de espaldas. Lo ata de nuevo a una especie de tubo de hierro y al parecer esta engrasado porque él resbala cada vez que intenta enderezarse por lo que tiene que permanecer arrodillado. Visualizo a uno de los hombres con una especie de tira en la mano, es de color negro. Analizo unos segundos y me doy cuenta de que lo que tiene en la mano no es una tira, es un látigo. Le rompen la camisa dejando al descubierto su piel.

-         ¡NO! – grito intento pararme pero uno de los hombres me golpea en la espalda obligándome a caer de boca en el suelo y al segundo me apunta con una pistola.

Veinte latigazos y aun Dillan, perdón Écrat – aun no me termino de acostumbrar – sigue consciente, no dejo de gritar y retorcerme para intentar llegar a él pero ¡maldita sea! No puedo porque me tienen un pie en la cabeza y estoy atada por todos lados. La piel de la espalda de Écrat está prácticamente desfigurada y el hombre por fin se detiene. Miro al cristal pero no está Parell por ningún lado.

-          Sigues tú. – me dice el hombre.

-          ¡No la toques! – grita Écrat, tratando de levantarse pero cae arrodillado una vez más. Le digo está bien con los labios y él me mira impotente.

Me rompen la camisa dejando solo el sostén a la vista. Al primer latigazo el sostén se rompe, segundo latigazo, tercero, quinto, decimo, vigésimo, ¡vigésimo quinto! Grito y grito, pero cada vez me golpean más fuerte. Oigo unos gritos pero el dolor me tiene demasiado aturdida para saber de dónde provienen.

-         Mantente fuera de esto, Lemaliam. – dice Parell a través de un micrófono. En eso volteo… y lo veo.

-         Yo le dije que no me matara. – dice él.

-         Sabes bien que no te creo. Eres el asesino más valiente de INFERNO, Lemaliam. La muerte para ti no significa nada. – dice Parell. Otro latigazo y grito.

-         ¡Basta! – grita Lemaliam. Primera vez que lo escucho gritar tan fuerte.

-         Haz que la saquen de aquí, por favor. – dice Écrat jadeando. No, no lo dejaré solo por salvarme yo, no es justo.

-         ¡Cállense los dos! – grito lo más fuerte que mi dolor y mis pulmones me permiten. Las rodillas me duelen y tengo todo el cuerpo tenso y ensangrentado. Las manos me arden demasiado debido a las cortadas con los alambres. – Continúa con tu trabajo, desgraciado. – le digo al hombre que me está azotando.

Cuando pienso que me va a seguir azotando, oigo varios chasquidos de latigazos seguidos, pero no los siento en mi piel, no sé si es que ya me desmayé o de verdad no me están golpeando a mí. Me atrevo a voltear y veo a Lemaliam azotando al hombre con dos látigos en cada mano. Primero libera a Écrat y veo a Adzel asomarse para ayudarlo a levantarse, después se le une Mirem porque es muy pesado. Luego se acerca a mí.

-          ¿Qué haces aquí? – le digo entre las lagrimas.

-          Impidiendo que sigas cometiendo estupideces. – me dice. Me desata las manos y me coloca su chaqueta en la espalda. Luego me alza por las axilas para no tocarme la espalda y la voz de Parell lo detiene.

-          ¡Me estas desobedeciendo y lo sabes! – grita ella con los puños apretados. – Es la primera vez que haces esto. Solo porque no te puedo perder no te mataré Lemaliam, pero sabes que lo pagarás, tú y tus amigas. – dice refiriéndose a Mirem y a Adzel.

-          Estaré esperando el castigo, señora. – dice y salimos los cinco de aquel horrible sótano.

-          Nosotras también. – dicen ellas cerrando la puerta.

            Trato de aferrarme lo más que puedo a Lemaliam pero cada pisada que da hace que duelan las heridas todavía más, el dolor se vuelve tan insoportable que me desmayo en la espalda de Lemaliam.

***

            Me despierto en una camilla metálica de espaldas. Veo a Écrat en la misma posición a unos pocos metros de mí. Tardo unos cinco segundos en evaluar la situación hasta que algo que arde y quema en mi espalda hace que reaccione.

 

-          ¡Ahhhg! – suelto un grito reprimido.

 

-          Hey ¡Hey! Shhh. Tranquila, todo está bien. Recibiste más latigazos que yo y encima tus manos... Lo siento. – me dice él, Écrat, levantándose de su cama para calmarme. – Encima un disparo te rosó me dijo Lemaliam. Lo siento tanto. – respiro unas cuantas veces y logro calmarme un poco.

 

-          ¿Por qué ahora tan protector conmigo, eh? – le pregunto riéndome. Él se ríe conmigo.

 

-          Fuiste mi esposa. Ahora eres mi hermana, digamos que estoy unido a ti como sea. – me dice. – Me caes mejor como hermana ¿sabes?

 

-          ¿Y si te parezco mejor como hermana, por qué me besaste el otro día? – le pregunto tratando de olvidarme del dolor tan espantoso que siento.

 

            En ese momento entra Adzel con unos líquidos de colores y varias gasas y trapos desinfectantes.

 

-          ¿Estás cicatrizando? – le pregunta a Écrat. Él asiente y noto que tiene vendada toda la espalda y parte del pecho y las manos. Ella procede a sentarme en la camilla, me deja la espalda al descubierto y me pregunto qué es lo que va a hacer, hasta que recuerdo que ella es médico, la presidenta de Bienestar.

 

-          ¿Cuál es tu especialidad? – le pregunto mientras empieza a ponerme esos líquidos coloridos en la piel, los cuales arden un poco.

 

-          Soy pediatra. No eres una niña pero debo curarte como sea o morirás de septicemia o… dolor.

 

-          ¿Matas gente y curas niños? ¿Qué clase de combinación es esa, presidenta? – le pregunta Écrat. Los tres nos reímos un poco.

 

            Al segundo entra Lemaliam con Mirem a su lado. Primero mira a Écrat preguntándole como esta y luego me ve a mí, pero no me pregunta nada. Se coloca detrás de mi espalda en silencio y me coloca algo que siento como un pellizco.

 

-          Aguanta un poco. – noto que me está inyectando algo. El dolor de mis heridas empieza a disminuir y él pide que todos dejen la habitación. Nos quedamos solos, se coloca en frente de mí mirándome con severidad y me dice – Pensé que eras inteligente. Me decepcionaste. Si tu entidad te da una orden tienes que obedecerla, Azelle ¡sea cual sea! En estos momentos yo debería estar muerto y ahora voy a ser vigilado por tu culpa. Por tu estupidez y tu ineptitud. Cuando llegaron a INFERNO les pregunté a ti a y a Écrat si estaban dispuestos a matar, aunque fuesen sus aliados las víctimas. Tenías que matarme, no tenías opción y sin embargo cometiste el error más… inexplicable que he visto. Además si…

 

-          Si hubieses sido tú… - le digo interrumpiéndolo.

 

-          ¿Qué?

 

-          Si hubieses sido tú… el que tendría que haberme matado a mí… ¿lo hubieses hecho? – le pregunto muy pausadamente. Él levanta la barbilla y me mira por unos segundos sin responder. Noto que los ojos empiezan a llenárseme de espesas lagrimas y mi voz suena entrecortada. – Dime… ¿me hubieses matado, Lemaliam? Dime… ¡Dime! – y antes de que me dé cuenta… me sujeta el rostro y me besa. La boca de Lemaliam es totalmente distinta a la de Écrat. El corazón empieza a moverse descontrolado en mi pecho. El beso es rápido pero siento sus labios perfectamente sobre los míos, luego pone su frente sobre la mía – Jamás te haría daño. – dice bajando las manos hasta mi cuello y luego hasta mi pecho cuando empieza a irse.

            Durante los días siguientes, Lemaliam no aparece ni por la enfermería ni por mi habitación. Cuando me recupero un poco, decido volver a Bienestar con Écrat. Puede que el beso haya sido solo un maldito error. Él solo lo hizo para… no sé, para algo. Pero él no siente nada por mí, no debería...

            No buscare explicaciones ni nada, solo seguiré mi camino al igual que él seguirá el suyo.

***

            Las misiones siguientes me las asigna Adzel y al parecer Lemaliam sigue asignándole él las misiones a Écrat. Me cuesta un poco al principio volver a coger un arma, pero poco a poco las cicatrices van sanando y trato de olvidarme de que no me siento cómoda asesinando, a pesar de que sea algo que tengo que hacer casi a diario. Una noche, a escondidas, subo al techo de Bienestar y veo la sede nocturna la cual es hermosa. Cojo un cigarrillo – he cogido este habito desde que cometí mi primer asesinato – Los destellos de luz son fastuosos, a mi derecha veo la enorme pantalla de noticias, en donde INSOMNIA, como siempre, es la protagonista. Veo a Loshing hablar por primera vez sobre mi desaparición, supongo que ya no pudo ocultarlo más. El señor Way también habla de Dillan, luego la reportera nos acusa de ser subversivos si es que no estamos muertos. “Por ello, Estados Unidos e INSOMNIA ha llegado a pensar que si en su defecto los esposos Way, no han muerto deben estar conspirando para agitar a las sedes. No hay más explicación para esta extraña desaparición. Pero nuestra gran asociación estará haciendo todo lo posible por proteger a nuestro país, como siempre debemos confiar y apoyar a INSOMNIA, ya que sin ella estaríamos perdidos o…

-          Estaríamos libres. – dice Écrat apareciendo e inclinándose en la baranda. – ¿Tienes insomnio? – la palabra nos da risa, ya que es contradictoria.

 

-          Solo quería ver que decían. Ya sabes, para saber que noticias daban de nuestros antiguos yo. – digo exhalando el humo y el sonríe. – Quiero decirte Écrat, de que a pesar de que ahora nos llevemos bien, eso no quiere decir que nuestro pacto no siga. – me volteo para mirarlo con firmeza y dar seguridad a mis palabras. – Por la única persona que me deje matar algún día, será por ti. Algún día acabaremos con Loshing y sé que no mucho después, yo podría morir también. Lo que hice contigo no tiene nombre y debo pagar por ello.

 

-          Yo solo quiero decir que, a pesar de todas las cosas horribles que te dije cuando me enteré de todo, sigo pensando que… no eres una mala chica. La vida nos ha asignado esta tarea y debemos realizarla, ser RECIEN ASESINOS por ahora es un lapso de tiempo que tenemos que pasar. Con respecto a matarte, hablaremos algún día de ello. Y a propósito, contestando a tu pregunta del otro día, te besé para ver si seguía amándote como cuando me casé contigo y debo admitir que el beso fue bueno, pero…

 

-          Pero no me amas, lo sé. Tranquilo. – le interrumpo sonriendo y apretándole el hombro.

 

-          ¡Eres una gran hermana! – me dice como reaccionando e intentando acomodar la situación que a ambos nos da risa.

 

-          No me hagas sentir como si estuviese siendo rechazada, porque sabes bien que no es así, Dillan, Écrat. – digo corrigiéndome y riéndome. – Pero debo admitir que eres lindo, tanto antes como ahora.

***

            Un día mientras estoy de camino a la habitación de Écrat, escucho algunas voces en el pasillo y luego un portazo. Me acerco a la puerta de la habitación y pego el oído.

-          Eso es lo que podemos hacer, Écrat. – reconozco la voz de Lemaliam… ¡Lemaliam! ¿Qué hace aquí?

 

-          Si está bien. Solo que no pensé que tendrían que llegar a hijos y todo. – dice Écrat.

 

-          Es para que sea todo más creíble, tú quieres que sea así ¿no? – masculla Lemaliam.

 

-          Por supuesto. Es solo que… no sé.

 

-          Hablaremos con Nalle y Parell, ellas sabrán cómo hacer en estos casos. – es lo último que dice Lemaliam y luego se escucha el silencio profundo.

            Salgo rápido de allí a mi habitación antes de que se den cuenta que había estado escuchando. ¿De qué hablaban? ¿Qué hijos? la cabeza me da vueltas mil veces y no logro comprender nada. ¿Nalle y Parell, que tienen que ver ellas? ¿Qué me ocultan Lemaliam y Écrat?

***

            Pasan y pasan los meses. Sigo cumpliendo misiones, sigo fumando, y sigo siendo más miserable cada día. Écrat sigue siendo mi consejero, y he aprendido bastante. De hecho, creo que de verdad naci para ser médico. Por una parte, con lo ocupada que he estado, intento olvidarme del beso, pero no puedo, algo en Lemaliam me pone demasiado pensativo.. Por otro lado, siento que estoy dependiendo demasiado de Écrat, hay muy pocos momentos en los que tenemos estar separados y me angustio cada segundo. No me gusta estar sin él porque siento que va a desaparecer algún día, y debo admitir que eso me da pánico. También debo admitir que a diferencia de él yo no lo quiero como un hermano. Este sentimiento que está creciendo dentro de mi esta consumiéndome. No estoy enamorada de él, es ilógico enamorarte de tu ex esposo – porque cuando la dirigencia cambio nuestros nombres definitivamente a los que tenemos ahora, nuestro matrimonio quedo totalmente anulado debido a que ya no existíamos. – siendo ahora tu hermano. Es ilógico que después de haberlo tratado tan mal y engañarlo tan crudamente pretendas amarlo. Él nunca me volvería a amar de todas maneras....  de hecho, él me matará.

***

            Cumplo veintidós años – como Azelle Gunts – y dieciocho verdaderamente. Han pasado casi dos años desde la última vez que pisé INFERNO y sé que es hora de volver.

 

-          Luces bien. – es la primera vez que lo veo vestido tan elegantemente. Bueno, primera vez con este cuerpo quiero decir. La única vez que lo vi de esmoquin antes de operarnos fue en nuestra boda.

 

-          Tú también, hermana. – dice. Me ha dicho así desde hace un año. Ambos sonreímos.

 

            Vamos hacia el Salón de Eventos en donde se celebra El Pináculo. A mí me nombrarán medico y a él medico criónico. Nos ubicamos en nuestros grupos correspondientes. Un hombre empieza a hablar, de pronto la voz se me hace conocida y la distingo. Un escalofrío me recorre el cuerpo y mis ojos se abren como platos. El corazón se me descontrola y veo su rostro, su maldito e insensible rostro.

           

            Loshing está aquí.

Capítulo IX

            Trato de controlarme y respirar. No sé si Écrat se ha dado cuenta porque no lo veo desde donde estoy. Sigo mirando a Loshing, él me ve por un momento al igual que ve a los cientos de graduandos. Mi rostro nuevo, no oculta en absoluto mi miramiento de odio, rencor, furia, y dolor. Ladeo la cabeza y veo cuatro rostros conocidos: Adzel, Mirem, Lemaliam y Nalle. Entonces me doy cuenta de que esto no es casualidad. Ellos y la dirigencia han organizado este evento con toda la intención de que Écrat y yo nos convirtamos en este evento en asesinos matando a Loshing. Las manos me empiezan a sudar y veo Nalle irse al baño. Pido permiso para retirarme un momento.

 

            Voy lo más rápido que mis tacones me permiten al baño. Al entrar veo a Nalle retocándose el maquillaje.

 

-          ¿Y tú que eres, ah? ¿Asesina también? – pregunto obstinada. Ella se voltea y me mira directo a los ojos.

 

-          Todos en INFERNO somos asesinos, niña. Pero estoy aquí simplemente para informarte de que cuando digan tu nombre, subirás al escenario, abrazarás a Loshing y le dirás al oído quien eres antes de dispararle en el estomago – dice y me entrega un arma totalmente diferente a todas las que he visto. -  Te estoy dando un arma especial, la bala tardará unos tres minutos en hacer efecto. Él ni la sentirá cuando penetre en su carne. Al cabo de esos tres minutos, primero dejará de ver, luego de dejará de escuchar, después de hablar, y por último, dejará de respirar. – me dice y yo aun no registro las palabras. – Asesina y cumple tu deseada venganza. – añade agachando la cabeza. Supongo que es lo que le dicen a todos los RECIÉN ASESINOS cuando están a punto de completar su venganza.

 

            Vuelvo a mi lugar, respirando desigualmente. Mi ritmo cardiaco esta más descontrolado que mis nervios. Por fin logro ver a Écrat y es cuando me pregunto… ¿Si yo mato a Loshing, a quien matará él? La respuesta es un poco cruda, pero es esa: la venganza de Écrat no es Loshing, soy yo. Razono la demora de tres minutos de mi arma. Cuando dispare a Loshing, quedará atontado con mi confesión, y entonces Écrat me disparará a mí y así mi padre y toda INSOMNIA podrán ver mi muerte, al cabo de pocos segundos morirá Loshing también. Siendo así, el triunfo total para INFERNO, dos venganzas completadas el mismo día, en el mismo lugar y casi a la mismo tiempo.

 

            Anuncian mi nombre, me acerco a mi padre, a Loshing quiero decir. Me entrega el reconocimiento y me coloca la medalla. Se me forma un nudo en la garganta cuando lo abrazo. Recuerdo la mentira de vida que viví con él. Mi madre muerta, mi nombre en la lista, su abandono desde que nací de por sí, su indiferencia y su poco amor hacia mí. Saco mi arma un poco vacilante, con mi abrigo gris cubriendo el arma, lo abrazo y le digo al oído lo que tengo que decir: Todos regresamos alguna vez padre… recuérdalo, todos regresamos. Recuerda siempre a la que una vez fue tu hija. Adele. Luego lo miro de frente con lágrimas en los ojos, y dándome cuenta de que ya me reconoció... disparo. Él sigue sin moverse, obvio aun no se ha dado cuenta de que tiene una bala en el estómago. Bajo las escaleras del escenario esperando la bala de Écrat, resignada y decida a morir de una vez por todas. Pero él disparo no llega y escucho los gritos de Loshing. Me volteo y veo que está empujando a otra graduada.

-          ¡No veo! Dios, ¿Qué es esto? ¡No escucho! No… - deja de hablar. Recuerdo los patrones que me explico Nalle: ciego, sordo, mudo… - empieza a agarrarse la garganta y a ponerse colorado. Hasta que de pronto, no se mueve más. – muerto.

 

-          ¡Un medico! Rápido. – grita Mirem, haciendo de la espectadora preocupada. De inmediato, todos los graduados ayudan poniéndose alrededor de Loshing haciéndole los primeros auxilios – incluida Adzel por supuesto –.

            Veo a Écrat silencioso a lo lejos. Me acerco a él y lo jalo llevándolo hasta donde esta Lemaliam en una especie de pasillo oscuro solitario.

-          ¿Me quieren explicar por qué sigo viva? – digo en son de reclamo. Lemaliam alza las cejas.

 

-          Sus planes cambiaron. – responde mirando a Écrat.

 

-          ¿Qué? – pregunto respingada.

 

-          Matándote a ti no conseguiría nada. Es preferible matar a alguien que sea culpable de este desastre de sociedad. Mataré al creador de los Pinet. – dice él. Tuerzo los ojos y luego asimilo más palabras.

 

-          ¿Al creador de los Pinet? ¡Ezzor Way es tu papá, Dillan! ¡Écrat! – grito.

 

-          Lo sé. – dice él asintiendo. – Tu acabas de matar al tuyo ¿no? mi padre también merece morir, es un dormido.

 

            En ese momento me recuerdo lo que acabo de hacer: maté a Loshing, a mi padre, al asesino de mi mama, mi venganza esta completada ¿y por qué carajo no me siento bien, entonces? ¿Por qué siento que un peso me arrastra el pecho hacia el estomago? Bajo la mirada y las lagrimas se acumulan en mis ojos.

 

-          Yo tenía otros motivos para hacerlo, otros motivos… él me hizo daño, mucho. – lloro. Siento las manos de Lemaliam arrastrándome hacia él.

 

-          No te sientas mal. Tenías todas tus razones para hacerlo. – dice y me abraza colocando mi rostro en su pecho. Siento sus manos en mi cabello y subo las mías por su espalda. Se siente tan bien después de tanto tiempo. Luego pone su boca en mi oído. – Te extrañe, Azelle.

 

***

         Vuelvo a INFERNO ya que no debo volver hasta dentro de tres meses a Bienestar, para hacer el posgrado aunque no sé cual escogeré.

            Ahora todos me miran diferente. En el sótano de los asesinos el ambiente es mas… libre, por así decirlo. Écrat tuvo que quedarse un poco más en la superficie debido a que tiene que asesinar a Ezzor para poder volver. Siento pesar por él, no es fácil matar a tu sangre. De hecho, el peso que siento en mi pecho no ha podido desaparecer y siento que no desaparecerá nunca.

            Me voy a mi nueva habitación. Estoy harta de tener que cambiar de habitaciones todo el tiempo, dios. Me acuesto en la cama y me quedo mirando el techo registrando todos los sucesos de nuevo. Recuerdo la última mirada de Loshing: asustada, petrificada, temerosa, dudosa. Empiezo a llorar, llorar y llorar, y no me detengo hasta quedarme dormida. Me vuelvo a despertar, siento los ojos hinchados de tanto llorar y al verme en el espejo, me asusto. Tengo el rímel corrido hasta el cuello, mi pelo esta todo enmarañado, mis parpados parecen dos bolsas de agua a punto de reventar, incluso mi boca esta hinchada. Me cepillo los dientes, el pelo, me enjuago la cara, me pongo mi nuevo uniforme y me voy a comer.

            El comedor, grande como siempre, está rodeado de mucha gente. Solo consigo ver al final un puesto vacio. En la mesa aparece una mini pantalla en donde seleccionas la comida que quieras y al instante el plato sube a la mesa junto con los cubiertos y la bebida. Después de reposar, entreno un rato: tiro con cuchillos y con disparos con Lemaliam, combate cuerpo a cuerpo con Mirem, juegos de inteligencia básica sola, etc. Luego me voy a mi cuarto, me baño, me coloco una camiseta, me acuesto y de nuevo lloro desconsoladamente. Hago eso mismo durante una semana, hasta que Lemaliam se harta de mi actitud.

-          Trata de pensar en otra, te estás torturando.

 

-          No quiero seguir matando gente, no quiero. – digo y me siento en mi cama destruida.

 
No puedes decir eso a estas alturas, Azelle. Eres una de las mejores y no te puedes echar para atrás. Por fin Parell y la dirigencia te ha aceptado. Trata de olvidarlo. – me aconseja. Recuerdo que Parell también está en mi lista. Mi próxima víctima. 

 

-          ¿Al fin ella te castigó por haber impedido que me siguieran azotando o no? – pregunto para cambiar de tema. Él se torna vacilante.

 

-          Eh, no. Pero sé que lo hará. No debe tardar. – me dice.

 

***

                Pasan las semanas. Y un día, como muchos, veo en las noticias, la muerte de Loshing una y otra vez. De pronto Lemaliam me apaga la pantalla.

-          Basta. – me ordena. Sale con un paño amarrado a la cintura y otro en la mano. Es la primera vez que lo veo casi desnudo. Su cuerpo es musculoso, su tez blanca y sus pantorrillas bien formadas también. Me sonrojo un poco pero miro a otro lado para disimular.

 

-          Ya lo superé, Lemaliam. – digo fastidiada. Me repantigo en su cama. – ¿Para qué me llamaste a tu habitación esta vez?

 

-          Me dijiste que querías saber de Écrat. – me dice sentándose en la cama dándome la espalda secándose el pelo con la toalla que tiene en la mano. Me siento de inmediato.

 

-          Si ¿Cómo esta? ¿Ya… hizo… lo que tenía que hacer? – pregunto evadiendo la pregunta como tal.

 

-          No, aun no ha matado a Ezzor, si es lo que quieres saber. – asiento. Esperamos unos minutos y él se viste rápido.

 

-          Lemaliam ¿me puedes responder la pregunta que te hice hace casi dos años? – le pregunto en voz casi inaudible. Él voltea. – ¿Quién fue tu venganza?

 

-          ¿Para qué quieres saber, Azelle? – pregunta y sé que he cometido un error, pero no me rindo. – Es alguien que no conoces.

 

-          ¿Cómo sabes que no lo conozco? – pregunto. – Yo era la hija del presidente ¿sabes? Conocía a muchísima gente. – no dice nada por un momento luego suspira y habla lentamente.

 

-          Se llamaba Ozen Diles, era un dormido. Asesinó a mi familia mientras yo me escondía debajo de la cama. La razón por las que mató a mis padres no las sé, después de muchas averiguaciones dijeron que fue una orden del gobierno, pero nunca llegué a saber nada con exactitud, de todas maneras no me importaba el por qué. Mi prima, Adzel, que vivía con nosotros, también sobrevivió ese día escondiéndose en un mueble de la cocina. Juntos con ayuda de una mujer que nos encontramos en calle, nos unimos a INFERNO. Era solo una adolescente, pero era valiente. – me cuenta. Me he sentado en la cama escuchándolo atentamente. – Ella murió pocos años después, dicen que al parecer estaba relacionada pasionalmente con el Presidente…

 

-          ¿Cómo se llamaba? – pregunto demasiado curiosa. Siento una chispa de presentimiento de que esa mujer sea…

 

-          Anna Dickens.
Capítulo X

                Me empiezo a reír y no sé por qué. Las lágrimas brotan de mis ojos. Miro a Lemaliam y asiento. Mi madre era una luchadora, una subversiva, quería ser libre, libre como lo quiero ser yo.

-          No creo que la conozcas, estarías bebe para ese entonces. – dice él confundido.

-          ¿Cómo era ella? – le pregunto.

 

-          Muy inteligente, decidida, impaciente, pero sobretodo, valiente. ¿Por qué lloras? – me pregunta desconcertado.

 

-          Era mi madre. – me saco la foto que siempre cargo en el bolsillo trasero. - ¿Es ella? – pregunto asustada de que no sea ella.

 

-          Si, es ella. – me dice. - ¿Tu madre? Nunca supe que tenía hijos. Así que te tuvo a ti, definitivamente ella solo hizo cosas buenas.

 

-          Yo no soy buena. – le aclaro y me acuesto de nuevo en la cama.  

 

-          Tú eres hermosa. – sisea él.

***

                A partir de ahora me asignan misiones un poco más riesgosas y complicadas. Tengo que estudiar a cada víctima con detenimiento. Ahora que no hay presidente en Estados Unidos la sede de Corrección está a la deriva y casi sin protección de INSOMNIA que también está hecha un caos sin su ejemplo a seguir, Evan Loshing.

            Me he recuperado un poco los últimos días, he seguido con mi trabajo. He hecho más dinero, el cual no me sirve para nada en realidad. Extraño a Écrat, todo el tiempo estoy frente a la pantalla de mi habitación esperando noticias de la muerte de Ezzor pero nada aun. Supongo que aun no ha encontrado la oportunidad adecuada para hacerlo o le cuesta demasiado matar a su propio padre, porque no tiene una razón en concreto para asesinarlo.

-          Sal de tus cavilaciones, Azelle. Concéntrate.

            Por primera vez estoy combatiendo cuerpo a cuerpo con Lemaliam. Hemos dejado de lado los tiros un tiempo y ya que el sótano está solo, aprovechamos el espacio. Me empuja pero rápido me incorporo y lo golpeo en el abdomen. Él me coge por la cintura y me voltea hacia el suelo cayendo encima de él. Suelto un grito ahogado pero me zafo de sus brazos. Me levanto y él también, el sudor en nuestros cuerpos es producto de los esfuerzos que estamos haciendo para vencernos. Ambos somos muy fuertes.

-          Te he entrenado demasiado bien. – comenta él, superior.

 

-          Te recuerdo que no fuiste el primero que me entrenó. – le recuerdo. Lemaliam me ha enseñado a perfeccionar algunas técnicas, pero casi todo lo que sé es por Écrat.

 

            Me abalanzo contra él, pero me sujeta de los hombros y me hace una llave que hace que caiga el suelo. Enredo mis pies con los suyos y lo hago caer también. Me coloco encima de él y lo intento golpear en la cara ya que está acostado pero me sujeta las muñecas. Intento zafarme pero esta vez no me deja ir, me baja las muñecas hasta su pecho.

 

-          ¿Qué haces? – le pregunto forcejeando.

 

-          Esto. – dice. Se levanta del suelo sin soltarme las muñecas y sorpresivamente y por segunda vez, me besa. Esta vez más intensamente.

            Mi corazón no se controla y empieza a palpitar sin modestia alguna. Luego él suelta mis muñecas y coge mi cintura. Yo coloco mis manos en sus hombros y luego entierro mis dedos en su pelo. Luego se separa de mí.

-          Me estas volviendo loco, Adele. – es la primera vez que me dice por mi nombre directamente. Ambos sonreímos y nos levantamos yéndonos del sótano

 

***

            Mi cabeza empieza a calentarse, pero mi cerebro está demasiado concentrado como para preocuparse de mi estado febril. Desde el techo de la sede de Corrección todo se ve más claro, las P. D. I está por todos lados. Mi arma está perfectamente ubicada en el blanco, que es el vicepresidente Nigger Groall – quien debe ser ahora la voz de la sabiduría – que está en una conferencia al aire libre hablando sobre la decisión de convertirse en Presidente de Estados Unidos provisional y el secretario general de INSOMNIA. Visualizo en el secretario el logotipo de la asociación en su camisa blanca.

-          creemos que es la mejor decisión que podemos tomar por ahora. Agradecemos su paciencia y colaboración. Pero con la ayuda de INSOMNIA todo estará, como siempre, bajo control y con respecto al luto de nuestro fallecido presidente debemos anunciar que las fechas de descanso se extenderán unos tres días más para así... no me interesa seguir escuchando su estúpida y dormida voz. Así que le disparo en la cabeza.

            Gritos y más gritos como siempre. Me retiro del techo y bajo apresuradamente las escaleras. Veo a unos guardias de la P. D. I subiendo las escaleras, me miran por un momento y les arrojo el arma a la cara tumbando a uno de ellos que cae por las escaleras. Luego vuelvo a subir al techo, unos veinte guardias más me rodean, saco mis cuchillos y se los lanzo a unos siete guardias, al resto les disparo. Mientras empiezo a bajar de nuevo las escaleras llegan otros seis guardias, no tengo más armas así que lo que me queda es pelear cuerpo a cuerpo, recuerdo las enseñanzas de Écrat y Lemaliam, les hago llaves, golpeo su barbilla con mi codo, su abdomen, piso sus pies y les doy un puñetazo en la cara. Al segundo solo uno sigue consciente y se levanta para continuar luchando.

            Se abalanza hacia mí haciéndome caer y me lastimo la espalda con las escaleras, me levanto rápidamente y lo pateo en el estomago haciéndolo gritar, me apunta con un arma y oigo un disparo pero creo que no me dio. Seguimos peleando, me empuja contra la pared golpeando mi cabeza pero rápido lo golpeo con mi rodilla entre sus piernas, luego lo volteo haciéndole una llave, pero sorpresivamente él me hace otra a mí. Bajo las escaleras pero él me detiene cogiéndome el brazo. Me golpea en la garganta con su mano, mientras toso me golpea el estomago, me vuelva a apuntar  con el arma en la cabeza pero soy más rápida y lo empujo hacia las escaleras tumbando sus pies. Empieza a golpearse mientras cae por las escaleras, bajo hasta donde está él y ambos agonizando por el dolor le dirijo una última mirada.

-          Eres bueno. – le digo y disparo, gotas de sangre salpican mi rostro.

 

***

            Corro lo más rápido que puedo, y cuando voy a poner mi huella dactilar para encender la moto, un dolor en el abdomen me lo impide. Bajo la mirada y veo una mancha de sangre enorme en el costado. Cuando el guardia lanzó el disparo si me dio pero no sentí la bala por la adrenalina. Coloco la mano en mi abdomen y jadeo. Tengo que llegar rápido a INFERNO o moriré desangrada porque la herida es bastante fea.

-          Maldita sea. – digo.

 

            Me apresuro a encender la moto. Salgo rápido de la sede pero con la P. D. I pisándome los talones. Llamo a Lemaliam.

 

-          Me están siguiendo, daré unas dos vueltas hasta perderlos. Voy a tener unos cinco minutos de retraso, diles que abran la puerta del este, para allá es que me estoy dirigiendo. – le informo jadeando.

 

-          Okey, ¿estás bien? Te escucho extraña. – me dice.

 

-          Cuando llegue te ocuparás de mis heridas, nos vemos ahorita. – cuelgo.

 

***

            Luces y luces es lo único que registran mis ojos. Luego veo un rostro borroso ante mí, se me parece a Écrat…

-          ¡Écrat! – grito sentándome. Lo abrazo y un pequeño dolor en mi costado hace que haga una mueca.

 

-          ¡Hey! ¿Cómo estás? – me pregunta. – Recibiste un gran balazo ¿sabes? Has estado tres días inconsciente. – me sonríe y me acuesta en la cama con cuidado. Sigue tan lindo como siempre.

 

-          Me siento bien. – digo. – ¿Y qué haces aquí?

 

-          Ya… completé mi venganza. – dice bajando la mirada.

 

-          Écrat… - empiezo a decir pero entra Parell con Lemaliam a su lado.

 

-          Ya te encuentras mejor por lo que veo. – me dice Parell sin mirarme a la cara. – Debo felicitarte, a pesar de haber salido herida cumpliste con la misión perfectamente. Recibirás una gran recompensa a cambio. Y quisiera ofrecerte un trato. Cuando tengas tiempo pasa por la dirigencia. Que pases buenas tardes. – agrega saliendo de la habitación.

 

-          ¿Te sigue doliendo? – me pregunta Lemaliam. Recuerdo cuando me recibió cuando llegué de la superficie, fue el último rostro que vi antes de desmayarme.

 

-          No mucho. – respondo. – ¿Qué clase de trato me ofrecerá Parell?

 

-          Ni idea, más dinero, supongo. – responde sonriéndome suavemente.

            Noto que tiene una camisa gris de mangas cortas dejando al descubierto la gran musculatura de sus brazos. Aparto la mirada. En cambio, Écrat, tiene una camisa pegada al cuerpo negra de mangas largas aunque igual se puede visualizar sus enormes brazos y pecho. Lo extrañaba, de verdad lo extrañaba.

 

***

                Después de que me recupero totalmente. Aproximadamente tres días después, voy a ver a la dirigencia, quien me felicita todo el tiempo por mis últimas dos misiones – el presidente y el vicepresidente –. Aparece Parell y me invita a su oficina privada.

-          Te tengo una proposición. – me dice.

 

-          Adelante.

 

-          Tienes dieciocho años realmente, y veintidós legalmente. Cualquiera de las dos edades es temprana, para haber asesinado a tanta gente. – me dice y siento dos punzadas de dolor en mi abdomen. – Pero no voy a hablar de tus crímenes, tengo una idea. Sé que no te gusta lo que haces, en realidad en el fondo a nadie de los que están aquí les gusta trabajar como asesinos. A Lemaliam por ejemplo, estoy segura que no le gusta mucho a pesar de ser el mejor aquí. Pero sin rodeos, lo que te quiero ofrecer es… trabajar en la dirigencia. Me he dado cuenta que eres buena rastreando y además eres muy inteligente.

 

-          ¿Por qué me querría usted en la dirigencia? – pregunto.

 

-          Porque necesitamos a alguien como tú, valiente. Alguien como tu madre. – me dice y antes de que pueda abrir la boca me interrumpe. – Anna Dickens fue una líder, de hecho, ella me precedió a mí. Su error fue enamorarse, pero ese no es el tema. Tu madre fue mi ejemplo a seguir y mi mejor amiga. Así que ¿Qué dices? – me pregunta. 

 

-          Acepto. – digo después de pensarlo unos breves segundos. Cuando estoy a punto de salir de su oficina. – la cual creo que es la más bonita y menos tecnológica de todas las habitaciones que he visto en INFERNO – su voz me detiene.

 

-          Azelle, un consejo: no te enamores. – me dice y salgo de la oficina.

 

            Parell me dio el consejo demasiado tarde.

           

            Ya estoy enamorada.

 

Capítulo XI

-          Todos son subversivos, señora. – le informo a Parell. A quien hora he decidido tratarla con más cautela. Ella sabe algo muy importante que yo desconozco, estoy segura.

 

-          ¿Cómo lo sabes? – pregunta mirando las pantallas.

 

-          Su manera de caminar, es diferente. – le digo. – Recuerde que los dormidos caminan más lento pausado, rítmico, controlado, mientras que los no operados caminan a su manera.

 

-          Okey, confío en ti. ¡Abran las puertas! – ordena a los guardias por el altavoz.

            Los últimos nueve meses, después de la muerte de Loshing, de Nigger y de Ezzor, mas subversivos han pedido unirse a INFERNO. INSOMNIA y Estados Unidos han venido en decadencia, poco a poco. Aún Corrección ha intentado volver a restablecer el orden pero nosotros, hemos estado ganando últimamente. Esta vez otro grupo de subversivos están entrando a la entidad.

-          Te doy el día libre. Has trabajado mucho por hoy. Además, tu novio te está esperando ¿no? – me pregunta seria, casi que furiosa.

 

            Me voy a mi habitación, me cambio y alguien toca la puerta.

-          Adelante. – digo.

            Entra Écrat, hermoso, y se sienta en mi cama.

-          ¿De nuevo a seducir a tu hombre, hermana? – me pregunta pícaro. Cada vez que veo que se alegra de mi relación con Lemaliam, me duele. Pero todo eso lo callo.

 

-          Si, ya sabes. – suelto. – Acompáñame hasta la salida.

 

            Vamos hasta el tren, luego los montamos en el ascensor y empezamos a hablar sobre el postgrado de Cirugía Plástica que estoy haciendo – actualmente me encuentro en descanso y dentro de dos meses empezaré el último año de postgrado–.  

-          ¿Cuántos cuerpos has congelado hasta ahora? – pregunto.

 

-          Cincuenta. He logrado despertar a quince hasta ahora. – responde. Él se ha convertido en uno de los criónicos mas reconocidos del país. – Algunos necesitan reconstrucción en diferentes partes del cuerpo ¿sabes? Cuando te gradúes los recomendaré a ti. – sonrío.

 

            Me lleva hasta la salida en donde nos despedimos con un cálido abrazo.

 

-          Hola, hermosa. – me saluda Lemaliam con un beso. Sonrío.

 

-          Hola ¿mucho trabajo hoy? – le pregunto rodeando mis brazos en su cuello.

 

-          Más o menos. Un asesino en serie y uno de los tantos corruptos.

 

            Recuerdo que Parell me dijo una vez que a él no le gustaba asesinar, así que días después de que empezara a trabajar le pedí que le asignara misiones a Lemaliam en las que las victimas solo fuesen personas verdaderamente malas, como esos que se encuentran desterrados en las afueras del país.

            Écrat en su defecto, ha pedido un descanso de un año mientras ejerce su carrera. Después de ese año volverá ahora como descodificador de archivos secretos, algo que sólo saben él y Parell.

 

-          ¿Lista para irnos? – me pregunta. Asiento.

            Nos vamos en su nuevo auto. Nos comemos algo, luego jugamos al Guizhell – antes creo que lo llaman póker, no se mucho de historia. –, tomamos un poco ya que yo casi no bebo alcohol, fumo un rato y hablamos de todo un poco.

            Después volvemos a INFERNO, nos despedimos y yo me voy a mi habitación.

Ya en la noche, mientras estoy acostada siento a alguien acostándose a mi lado. Me volteo rápidamente. Es Lemaliam.

-          Lemaliam ¿Qué haces aquí? Casi me matas del susto. – le digo tratando de ver su rostro en medio de la oscuridad.

 

-          No podía dormir. Vine a dormir contigo. – me dice arrellanándose en la cama.

 

-          ¿No crees que debiste preguntarme primero?

 

-          Me hubieras dicho que si, así que no perdí tiempo. – me dice riéndose.

 

-          ¿Cómo sabes que te hubiera dicho que si? – pregunto torciendo los ojos y espero que la oscuridad lo oculte.

 

            Me toma por la cintura jalándome contra él. Luego me acaricia el pelo y vuelve a bajar su mano hasta mi cintura. El corazón empieza a descontrolarse dentro de mí. Sus manos envían una corriente eléctrica a través de mi cuerpo.

 

-          Porque sé que te gusto demasiado como para que me rechaces. – me dice con su tono ególatra de siempre. Sonríe y yo también.

 

-          En eso tienes razón. – le digo y lo beso.

 

-          Te amo, hermosa. – me susurra al oído pero yo me siento totalmente lejana a esa palabra.

 

            Luego me besa, pero no se detiene esta vez y yo tampoco. Siento sus manos bajando por mis piernas y las mías recorren su espalda y brazos. Coloca mi pierna en su cintura y besa mi cuello. Luego me mira a los ojos.

 

-          No creo que sólo vaya a dormir. – dice volviéndome a besar.

            Y esa noche, por primera vez, me entrego a él.

            Pocos días después, me levanto más temprano de lo acostumbrado y cuando estoy en el pasillo que conduce a la sala de la dirigencia, me detengo en seco cuando escucho a Écrat gritar.

-          …¡ya no quiero! – grita él.

 

-          No te puedes echar para atrás ahora, Écrat. – reconozco la voz de Nalle. – Me encargaste de esta misión y ahora tengo que cumplirla. Es mi trabajo. Es demasiado tarde para arrepentirse.

 

-          Me siento terrible, Nalle. – es la voz de Lemaliam, esta vez. – Era mi trabajo pero…

 

-          Les dije que se detuvieran hace mucho tiempo ya, pero ustedes insistieron. Yo también soy parte de esto, pero asumo mi responsabilidad. – identifico la voz de Parell.

 

-          La señora Parell tiene razón. Tienen que llevar esto hasta el final. Retírense hay mucho por hacer. – dice Nalle.

 

            Me voy al comedor y hago como que no escuché nada ese día. Hay algo que desde varios años me ocultan todos, pero sé que algún día yo me enteraré por mis propios medios de cuál es ese secreto.

            Un día mientras estamos comiendo todos juntos, celebrando la última reanimación de Écrat, noto a Lemaliam, que está sentado a mi lado, muy sudoroso. Écrat lo mira serio y concentrado, me doy cuenta de que también está nervioso. Es cuando Lemaliam se saca algo del bolsillo, una especie de cajita negra. Me la tiende y yo la abro confusa. Al ver su contenido me quedo gélida en mi asiento.

-          ¿Un anillo? – pregunto. Él se ríe.

 

-          ¿Quieres casarte conmigo? – me pregunta tímido.

                Una serie de sentimientos pasan por mi mente, tener a Écrat frente mío no me hace la decisión fácil. Lemaliam me gusta y lo quiero lo suficiente para casarme con él, pero… pero nada, Écrat jamás me amará de nuevo. Lo miro sonriente y con los ojos llenos de lágrimas.

-          Si. Claro que sí. – le respondo. Y todos en todo el comedor gritan y aplauden.

            Lemaliam me alza y me besa. Luego yo lo abrazo y por encima de su hombro veo a Écrat sonriendo y aplaudiendo también. Debe alegrarse de que su hermana se vaya a casar. Fuerzo de nuevo una sonrisa a Lemaliam y lo beso.

***

            Me caso, de nuevo. Lemaliam y yo nos tenemos separamos poco después debido a que yo tengo que terminar mi último año de postgrado, así que solo pasamos juntos dos semanas. A diferencia de Écrat yo no pedí ser consejera, así que solo me concentro en mis estudios. Por la noche, desde mi habitación en Bienestar, continúo con mi trabajo en la dirigencia rastreando personas y demás.

            Lemaliam viene a visitarme casi todos los domingos después del mediodía, que es el único momento que tenemos libre. Écrat a veces también me visita.

***

            Pasa un año y por fin me gradúo. Celebramos a lo grande mi graduación en INFERNO, conozco a los nuevos Novatos, a los nuevos asesinos y la dirigencia también asiste. Écrat aparece por detrás de mí y me hace cosquillas. Le doy un codazo y ambos reímos.

-          Felicitaciones. – me dice.

 

-          Gracias. – respondo cogiendo una copa.

 

-          Te ves hermosa, Azelle. – me elogia. Sonrío y él me abraza. Dios, hacia tanto que no lo hacía. Vuelvo a mi realidad.

 

-          Gracias. – repito y en eso aparece Lemaliam.

 

-          ¿Qué tal, Écrat? – le pregunta Lemaliam. Noto una mirada severa entre ambos, pero me hago la que vio nada. Seguro Écrat debe estar “cuidado con mi hermana, imbécil”

 

-          Todo bien. – responde pasivo y se va con Nalle que está en una mesa hablando con Parell.

 

***

                Pasan los meses, y ya tengo veinte años  – veinticuatro legalmente –. En la noche, estando en nuestra habitación, Lemaliam se inclina en la cama mientras yo me siento en ella tomando un vaso de agua.

-          Tengamos un bebé. – me pide. Yo escupo la bebida y empiezo a toser.

 

-          ¿Un bebé? – le pregunto como si mi cerebro hubiera hecho cortocircuito.

 

-          Si, es lo que hacen los esposos ¿no? – me pregunta y percibo que está nervioso.

 

            Razono y me doy cuenta de que es verdad. Algún día tendré que tener hijos y ¿Quién más que con mi esposo? Es la ley de la vida, hasta los dormidos tienen hijos. Sonrío y le cojo la mano.

 

-          Está bien, tengamos un bebé. – le digo y rápido se acerca a mi besándome.

 

Capítulo XII

            Dos rayitas. Estoy embarazada.

            Habíamos dicho hacia un mes que tendríamos un hijo, pero ¿tan rápido quede embarazada? Supongo que es así cuando no tomas precauciones. Salgo de baño y me acuesto mareada en la cama.

            A la primera persona que quiero darle la noticia, no es a Lemaliam, es a Écrat, ya que se tomó un tiempo de descanso en Bienestar ahora, él se ha estado quedando en la entidad. Me voy a su habitación, toco la puerta y veo que esta abierta.

            Entro y noto que no hay nadie. Me siento en la cama y prendo la pantalla mientras me animo a esperarlo a que llegue. Es entonces cuando la pantalla da la opción de ver un video que está por ver, le doy a aceptar y el archivo se abre.

            Me quedo gélida, petrificada y sorprendida. Las imágenes parecen desconocidas para mí, pero soy yo la que está allí. Soy yo con Lemaliam, todos nuestros momentos juntos los veo en la pantalla:

ü  Cuando me acompañaba en el sótano de Novatos a entrenar.

ü  El abrazo que le di al volver de Bienestar la primera vez.  

ü  Cuando me defendió de Parell al ser azotada.

ü  Cuando me besó por primera vez.

ü  Cuando él me abrazo al vengarme de Loshing.

ü  La primera vez que me dijo que era hermosa.

ü  Varios momentos juntos mientras nos hacíamos novios.

ü  Nuestra última cita antes de casarnos.

ü  Su proposición.

ü  Nuestro matrimonio.

            A lo último sale Nalle hablando: “Aquí te envíe la proposición y la boda. Puedes volver ver los anteriores si le das a la flecha de arriba. Écrat, todo salió como esperábamos ahora solo falta que tengan al RECIEN NACIDO. En cuanto tenga ese momento, te lo enviaré. Lemaliam me ayudará a instalar la cámara, Parell lo editará y yo te lo enviaré. Tu venganza casi esta completada.”

***

            Al principio pensé que todo era un error ¡un maldito error! Pero luego de ver el video dos veces más, me di cuenta de todo. De todo lo que ellos me ocultaban, de toda la mentira y el teatro que me hicieron vivir… de la venganza de Écrat.

            Salí corriendo a mi cuarto sin poder siquiera llorar de la impresión que tenia. Sentía que los pulmones estaban a punto de explotarme porque no podía respirar, me senté de nuevo en mi cama a pensar y pensar. Recordé las conversaciones misteriosas y razono:

Eso es lo que podemos hacer, Écrat. (Proponérseme y casarse conmigo)

Si está bien. Solo que no pensé que tendrían que llegar a hijos y todo. (Por eso me propuso que tuviésemos un hijo)

Es para que sea todo más creíble, tú quieres que sea así ¿no? (Que me enamorara de Lemaliam, que me hiciera casarme con él, incluso que tuviésemos hijos y decirme que todo fue una mentira, así como yo hice con Écrat)

Hablaremos con Nalle y Parell, ellas sabrán cómo hacer en estos casos. (Ellas eran sus cómplices, Lemaliam y ellas, trabajan en las venganzas de todos los RECIEN ASESINOS y su promesa es hacer que sus venganzas se cumplan, sean cuales sean. Y esta venganza consistía en una de amor).

            Al cabo de varios minutos después me prometí una cosa: no revelaría que sabía todo su plan hasta que fuera el momento correcto.

***

Ocho meses y medio después, he dado a luz a una niña hermosa. Todos están contentos en la Enfermería. La habitación es vítores y gritos de felicidad por todos lados. Los RECIEN NACIDOS es algo que no se ve todos los días en INFERNO. Muy pocas personas han decidido tener hijos en la entidad. 

-          ¿Cómo la llamaras? – me pregunta Mirem cargándola. Sé que ella es inocente, no sabe nada de los planes de Écrat porque le hice una investigación exhaustiva a ella.

            Luego Mirem le da mi hija a una enfermera y se la lleva a la incubadora.

-          Anna, como mi madre. – digo.

 

-          Es la bebe más preciosa que he visto, hermosa. – me dice Lemaliam y me da un beso.

 

-          No es como que vieras bebes todo el tiempo, primo. – se burla Adzel. – Pero si, es una RECIEN NACIDA verdaderamente preciosa. Parece un ángel.

            Yo sonrío lo más que puedo. El parto duró una hora y media y me siento realmente exhausta. Apenas pude cargar a Anna en mis brazos.

-          Bueno dejemos que Azelle descanse. – ordena Parell. – Tu hermano llegará dentro de un rato, está terminando una reanimación.

            Asiento y todos se van y yo me quedo en silencio, en la penumbra. Pensante como he estado desde que me enteré de todo. Cierro los ojos y me duermo.

***

            Me despierto después de un rato, me levanto, me aseo en el baño y me voy a donde esta mi bebe. La veo desde el cristal, hermosa, gordita, rosadita, tan pequeña e indefensa. Me pregunto que habrá sentido mi madre cuando me vio así por primera vez. Desearía que ella estuviese aquí en estos momentos, viendo a su nieta.

            Veo a Écrat acercarse a lo lejos, me sonríe. Noto que es una sonrisa resignada. Recuerdo la última conversación que escuche accidentalmente cuando él quería detener el plan pero Nalle le dijo que no podía echarse para atrás a esas alturas, y era verdad. Ya era demasiado tarde. Ya todo es demasiado tarde.

-          Hey, mamá ¿Cómo estás? – me pregunta súper bajito. Casi ni lo escucho.

 

-          Bien, un poco cansada. – respondo sin dejar de mirarlo. ¿Cómo pudo vengarse tan crudamente? No creí que fuera capaz de eso. No creí que fuera un mentiroso, no creí que fuera como yo.

 

-          Me imagino. – suspira serio y luego vuelve a sonreír forzadamente. – Es de verdad hermosa. Hermosísima. – noto que traga grueso al ver su manzana bajar.

 

-          Debo felicitarte. – digo mirando ahora a Anna.

 

-          ¿Felicitarme? Si soy yo el que debe felicitarte a ti. – me dice confundido.

 

-          Si, felicitarte. Tu plan… ha sido esplendido. – digo mirándolo de nuevo a él. – No pensé que fueras tan audaz para engañarme así. Hiciste que Lemaliam me tratara de enamorar, que me propusiera matrimonio, y que me diera una hija. Todo para vengarte. De verdad te felicito. Te vengaste demasiado bien, una idea muy inteligente de verdad. Querías que yo sintiera lo mismo que tu sentiste conmigo. Lemaliam, Nalle y Parell te ayudaron a armar el plan, incluso sacrificaste a tu padre para vengarte de mí. Me hiciste creer que después me querías como una hermana. – respiro profundo y continuo. Veo que sus ojos están repletos de lágrimas igual que los míos. 

 

-          Pero ¿sabes qué? El plan te salió mal. Porque yo no me enamoré de Lemaliam como esperabas, si me gustaba y le cogí mucho cariño, pero de allí no paso. ¿Sabes de quien estoy enamorada? De ti. No sé desde hace cuantos años, pero lo estoy… En realidad él que más sufre aquí eres tú. Porque tú sabes bien que me sigues amando cada segundo que pasa, que te mueres de los celos cada vez que me ves con Lemaliam. Que hubieses deseado que yo fuese tu esposa y no la de él, que tú fueses el que se acuesta conmigo todos los días y no él, que mi cuerpo fuera tuyo y no de él. Y sobretodo hubieses deseado mil veces que esa niña que está en frente de nosotros fuera tuya y no de él, Dillan. – digo con las mejillas mojadas y las manos apretadas a mis costados. Él está igual, y no deja mirarme.

 

-          ¿Desde cuándo…

 

-          Lo sé desde que supe que estaba embarazada. – lo interrumpo bruscamente. – Al enterarme que iba a ser mamá fui corriendo a tu habitación pero no estabas y me encontré con un video que me hizo despertar. No me di cuenta que estaba dormida todo este tiempo. Yo confiaba en ti, Dillan. Pero ¿sabes? No te juzgo, porque yo lo merecía. Lo que no me cabe en la cabeza es cómo pudiste meter a un ser inocente en esto. ¡¿Qué culpa tiene mi hija en esto, ah?! Tu karma va a ser amarme para siempre y el mío también. Te amaré por siempre, Dillan. – finalizo y veo de nuevo a mi hija. Salgo de allí dejando a Dillan solo.

 

            Me voy al único balcón de INFERNO, que esta enjaulado por cristales por dentro y espejos por fuera para ocultarnos de INSOMNIA. El único lugar que queda fuera del subterráneo y donde puedes observar la ciudad. Es media tarde, por lo que el crepúsculo se asoma. La vista es verdaderamente hermosa.

           

            Todo esto ha sido un suplicio para mí. He sido engañada y no sé qué decisión tomar. Mis sentimientos y mi dolor están acumulados y no sé cómo sacarlos.

 

-          ¡Aaahhhhg! – suelto el grito más fuerte que he escuchado. Las lágrimas empiezan a salir descontroladamente. – ¡Aaahhhg! – vuelvo a gritar.

            La venganza y la mentira es lo que me ha destruido, y sé que no hay manera de recuperarme de este dolor. Asesiné a muchísimas personas por vengarme de alguien que no valía la pena. Me enamoré de alguien que juré no enamorarme nunca. Espero no enamorarme de alguien como él, dije hace unos años.

            No sé qué haré ahora, pero la venganza no será mi decisión esta vez.

            Escapar, puede ser. Pero ahora Anna es mi prioridad, y tengo que pensar en ella primero que todo. Tengo que ponerla a salvo de todo y después podre hacer lo que quiera.

            Fabricaré dolor y más dolor.

-
        
EPÍLOGO

-          Han pasado cinco años, Adele.


-          Así hayan pasado veinte, yo no voy a olvidar eso. Y recuerda que no es Adele, es Azelle.

 
-          Está bien, Azelle. Pero hazlo aunque sea por tu hija.

 
-          Por ella es que estoy haciendo esto y tú estas muy consciente de eso.


-          ¿Es muy difícil reconocer que estas enamorada?


-          ¡Sí! Porque de quien estoy enamorada no es de mi marido.  

 
-          ¿Y qué es lo piensas hacer? Porque tú me dijiste que habías jurado jamás volverte a vengar de nadie.

 
-          Tengo que romper ese juramento. Y lo siento por Anita pero repito, es por ella por quien hago esto.


-          ¡Deja de usar a tu hija como excusa! ¡Ella no te pidió que le dieras la vida! Retráctate antes de que sea demasiado tarde, Azelle.


-          Nunca es tarde, mamá. Nunca es tarde.


-          Sí que lo es.

            Observo a la ciudad devastada de INSOMNIA a través del cristal. No puedo creer que la sociedad haya llegado a esto después de que era totalmente impecable. Pero la misma sociedad fue la que hizo esto.

            Lo siento, Ana, hija.