lunes, 14 de octubre de 2013

EN CONCLUSIÓN...

 <Ailee

 <Leon

 <Katrina

 <Marcos

 < Andrea

 <Guillermo

 < Max
 
 < Madre biológica de Ailee

PRÓLOGO
         Dicen muchas cosas de mí: “eres linda” “tu cuerpo es magnífico” “eres maravillosamente inteligente” y muchas cosas más. Todo esto para mi es… nada. Mi pasado es un tormento y quiero poder superarlo algún día, eso es lo único que quiero y que me importa. Han pasado y pasado los años pero no puedo… no lo logro.
         Él, es excesivamente atractivo, mujeriego conocido, fiestero, posee millones de amigos, aunque solo uno íntimo. A su vez, es muy reservado en muchas cosas. Es el único chico que he dejado que se acerque a mi siempre. Siempre ha sido él, confío en él y él es igual conmigo.
        
         EN CONCLUSIÓN…

Capítulo I
-         ¿Te crees demasiado inteligente como para no cagarla, Ailee? – me pregunta Andrea en medio de nuestra cena de “la familia perfecta” en el “restaurante perfecto”.

-         Lo siento Andrea, por ya no ser la menor de edad a la que ya no puedes controlar a tu antojo, no dejaré mi carrera, siento arruinar tus expectativas – le respondo serena.

-         ¡Esa carrera no te va a servir de nada!, tienes que encargarte de la compañía Ailee, es tu futuro, Economía es la mejor opción para ti, eres buena con los números, en realidad eres buena en todo, ¿por qué tanto interés en estudiar Idiomas?” – Andrea nunca estará de acuerdo con mis decisiones.

         En ese momento llega Guillermo – mi padre adoptivo – y como siempre está hablando por teléfono.

-          Hola familia, disculpen pero es que se me complicó un asunto con un socio – comenta Guillermo sentándose en la mesa.

-          Ailee no quiere entrar en razón, está empeñada Guillermo, tengo amigos que pueden hacerla entrar en Harvard por sus magnificas notas de la preparatoria, para que deje eso de Idiomas – le informa Andrea con su típica cara de molestia. Si, Andrea tiene muchísimos contactos en cualquier parte y tiene el poder para hacerme entrar si se me antoja a la Oxford incluso, pero no tengo la mínima intención de mudarme de New York a Massachusetts o a Londres, la Columbia University me encanta.

-         Me falta sólo un semestre para obtener la licenciatura Andrea, no dejaré a estas alturas la carrera por nada del mundo, como traductora puedo ser útil en la compañía y si no lo soy, en otras empresas tal vez si lo sea.

-         Igual a tu hermano, me tienen cansada los dos, tanto sacrificio, dios que estrés – Andrea y sus dramas son mi día a día.

-         Hablando de otra cosa, me iré a vivir sola, quiero independencia, suficiente con que me paguen los estudios, he reunido lo suficiente para comprarme un departamento cerca de la universidad – la cara de Andrea no fue normal.

-         ¿Estás segura de lo que estás diciendo Ailee? – Guillermo siempre ha sido más compresivo e indulgente con nosotros.

-         Si Guillermo, más que segura – le respondo.

-         Se supone que estamos celebrando mi graduación, pero como siempre, Ailee es el tema de conversación, que especial eres Piojo – Leon, siempre tan…

-         Déjame en paz y cómete el Carpacho hasta atragantarte – le digo y como siempre responde a mis insultos con una sonrisa y un guiño, ése es Leon, mi “hermano”.

         Crecimos juntos, Leon me conoce desde que tenía diez años, no somos hermanos biológicos, por la ley tampoco. A ver si me explico, Andrea cuando se casó por primera vez tuvo a Leon, luego se separó del padre de Leon – el cual murió pocos meses después de cáncer – y se vino de Alemania a los United States con Leon y con su herencia se unió con Guillermo para crear la compañía que tienen actualmente – Una empresa creadora de videojuegos para todas las edades -. Les ha ido muy bien, son multimillonarios en realidad. Luego de unos años pasaron de ser compañeros de trabajo a enamorados, luego de enamorados a novios, luego de novios a esposos, y aquí están… o bueno estamos. Yo entro en esta historia por el lado de Guillermo, tenía unos siete u ocho años cuando lo conocí, era mi vecino. Cuando me quedé sin padres a los nueve años él me adoptó, luego de unos meses conoció a Andrea y así empezaron mama y papa…

         Siempre he estado consciente de la responsabilidad que Guillermo ha tenido que tomar por mí, cuando honestamente no tuvo ninguna obligación de convertirme en su hija, sé que fue por lastima, pero igual lo aprecio y estimo mucho, él es mi padre. Andrea a pesar de ser demasiado refunfuñona siempre se encargó de mí también apenas me conoció, desde el momento en que nos vimos fue una conexión instantánea o algo así, algo que sólo ella y yo entendemos. Pero definitivamente mi piedra en el zapato ha sido Leon, cuando nos conocimos lo primero que hizo fue decirme “Hey, Piojo” el motivo fue porque desde pequeña tengo la maña de rascarme la cabeza sin una razón aparente – no por piojos – y desde allí el apodo. Él tenía unos quince años cuando entonces, de allí llevamos la típica relación de odio de hermanos, a pesar de que no lo seamos.

-         No todos los días me graduó de Arquitecto y hablan es de Ailee y sus intelectos políglotas… agradezco que terminemos rápido la cena, tengo una fiesta en casa de Marcos, ¿Vienes Piojo? – pensé inmediatamente en bailes, fiestas, alcohol, mi mejor amiga Katrina, hombres cortejándome, mi hermano espantándolos y decido…

-         Si, está bien, pero en mi carro, tu moto me despeina – le digo y el gesto de Leon torciendo los ojos lo identifico rápido, lo conozco demasiado.

-         Vámonos ya entonces – me dice.  

-         ¿A ustedes quieres les han permitido que se vayan? – Andrea no se concientiza que está hablando con adultos de veinte y veinticinco años, aunque aun se nos note la inmadurez a ambos.

-         Déjalos amor, están jóvenes que disfruten, cuídense, no corran mucho, usen el cinturón… - No lo terminamos de escuchar porque Leon me sacó por el brazo de restaurant corriendo…

-         Si te ve un policía nos multan a los dos Ai, cámbiate de ropa atrás – me reprende Leon.
-         Tranquilo, el papel ahumado que le puse es muy oscuro, no se ve prácticamente nada desde afuera… debajo de tus pies puse los zapatos, pásamelos – le digo acostumbrada a esas aventuras.
         Llegamos a la mansión de Marcos, Katrina siempre reluciente, toda hija de multimillonarios debe serlo, una pareja hermosa – ah sí, Marcos y Katrina son novios desde que ella y yo éramos adolescentes – Marcos quien tiene más dinero que cualquier neoyorquino siempre ha sido muy apuesto – musculoso y de tez morena – ha sido amigo de toda la vida de Leon y Trina es mi hermana prácticamente, estudiamos juntas desde preescolar – por eso conoce todo de mi, TODO – ella y Marcos se conocieron por mi hermano y por mí. Trina es hija de los dueños de una gran empresa de textilería – casi tan grande como la de Andrea y Guillermo –.
-         Preciosuras, quién diría que son hermanos… que bellos, ven Ai – así me dice Marcos y mi mejor amiga de cariño – Katrina te ha estado esperando desde las seis – añade.

-         Hey, ¿por qué no respondes mis mensajes? – Salí de Andrea para ser regañada por mi mejor amiga. Dios.

-         Estaba en la “cena familiar” Trina ya sabes… - antes de terminar de explicarle como siempre Katrina me interrumpe.

-         Adivina… - me dice. Me choca cuando no va al punto.

-         No se Trina… ¿te vas a casar?” – Trina me tuerce los ojos y me niega con la cabeza – ¡Estas embarazada! – añado y allí me golpea la cabeza.

-         Estas demente Ai, como crees… es sólo que me compré otra casa, pero esa si es para vivir en ella, cuando quieras quedarte ya sabes – Trina y su despilfarro de dinero. Le informo acerca de mi decisión.  

-         Ah, yo creo que compraré un departamento también – Trina me mira sin poder creerme, siempre dijo que estaba pegada a las faldas de mis padres.

-         ¿Te iras de casa de tus padres? – me pregunta y yo asiento.

         Luego de unos tragos bailo junto a Trina, Marcos y Leon, música bastante… animada digamos, Trina y Marcos empiezan con su erotismo y se empiezan a ver vulgares, es cuando me retiro y me siento en el bar. En eso se me acerca un chico.

-         Hola linda, ¿vienes sola? – Noto en mi espalda el pecho de Leon.

-         No, viene conmigo, ¿se te ofrece algo? – el chico con la cara roja se retira, como de costumbre Leon me espanta a los chicos.

-         Es gracioso, quien diría que eres más celoso como hermano que como novio – le digo riéndome.
-         Sabes que no tengo una novia por más de un día ¿Qué voy a celar? – se ríe conmigo y empezamos a hablar acerca de Marcos y Trina con su baile erótico de siempre.
        
         Cerca de la media noche aun en la fiesta, Andrea me llama.

-         ¿Sigues con esa idea de irte a vivir sola? – Andrea no me quiere lejos lo sé, pero necesito un tiempo para reflexionar, mi mente no me deja en paz, malditos recuerdos…

-         Si Andrea, ¿pero por qué te afecta tanto? Leon se fue a vivir solo a los dieciocho y mira se graduó con honores incluso… – luego de un silencio largo Andrea habla.

-         Está bien, ya eres adulta y no puedo hacer nada, sólo espero que no te equivoques hija mía, sabes que tienes que graduarte primero, yo te presentaré algunos chicos que sé que son tu mejor opción, no te preocupes por eso – Andrea y sus temores de que nunca haya tenido novio y sea homosexual, cosa que me da igual, cada quien escoge con quien acostarse, no es mi problema. Por ello, hasta la fecha me ha presentado unos cuatro chicos (Javier, Evan…) no me acuerdo del resto, todos hijos de sus colegas, multimillonarios y todo eso.

-         Andrea quiero que entiendas que yo escogeré a la persona con quien estaré sea para una simple ocasión, una relación, un compromiso o un matrimonio ¿está bien? – a veces tengo que ser dura con ella porque no comprende muchas cosas, pero ella no es la culpable, sino yo.

-         Está bien Ailee, pero recuerda, siempre contarás conmigo y con tu padre, y sobra decir que con tu hermano Leon, te quiero princesa – se despide y cuelgo. En eso, llega Leon.

-         Y ¿Cuándo piensas mudarte muchachita? – me pregunta.

-         Aun no lo sé, tengo que hablar con un amigo, él es el que conoce al muchacho que está vendiendo el departamento – le respondo, él queda en sus lagunas mentales y de pronto se acerca una hermosa rubia de ojos claros con un trasero enorme sentándose en las piernas de Leon, enseguida yo me retiro, no me gusta sentirme florero.

Capítulo II
         Pasan los días, sigo viendo que mis padres no están de acuerdo con irme a vivir sola, los entiendo pero necesito mi espacio, siempre lo he necesitado.
-         ¿Quién te va a cocinar, limpiar, lavar, planchar, contratarás un servicio? - Andrea hasta cuándo tus dramas.

-         Sabes bien que nunca me han gustado los servicios, yo limpio mi pieza, ordeno mis cosas, lavo y plancho mi ropa y además sabes que cocino excelente, desde que hice el curso de verano de Chef cuando estaba en preparatoria – soy muy escrupulosa, incluso fastidiosa debo reconocer, así que no me preocupo por nada de eso. 

-         ¿Qué tal… si te… ¡te vas a vivir con tu hermano!? – Nunca se me había atravesado por la cabeza ir a vivir con Leon, él vive solo desde hace unos siete años y no…

-         ¿Mamá de qué demonios estás hablando? – le dice Leon con una expresión exhaltada.

-         Amor… creo que estás tomando una decisión un poco repentina, Leon ha vivido sólo desde que tenía dieciocho años, ahora encargarse de su hermana menor a estas alturas no creo que sea lo mejor – las palabras de Guillermo me hacen comprender el por qué de la expresión de Leon: sus quinientas mujeres o novias se sentirán incómodas si ven que ahora su “cuñadita” vive con su novio y sus kamasutras no los podrán realizar con tanta libertad.

-         Si Andrea, piénsalo, lo mejor es que me vaya a vivir sola. No me hallo viviendo con centenares de mujeres en un apartamento de soltero – si he visitado el departamento de Leon, muchísimas veces obvio, pero jamás me ha dejado quedarme, siempre me lleva a mi casa sea la hora que sea, supongo que por sus novias y todo su rollo mujeriego.

-         No voy a dejar que Ailee se vaya a vivir sola, está demasiado jovencita, ¿que no lees noticias, ah? pueden secuestrarla, violarla ¡no no no NO! Deja quedar a tu hermana en tu departamento y así más bien aprendes a dejar de meter loquitas en tu cama, y matamos a dos pájaros de un solo tiro – la mente de Andrea siempre ha ido mas allá con su sobreprotección.

-         Yo no soy el indicado para cuidar de Ai, apenas puedo cuidarme solo… - Andrea lo interrumpe.

-         Con más razón todavía hijo, a Ailee lo que le falta es el delantal, sabe hacer de todo, le falta es coser, mas nada. Ya la decisión está tomada, tu hermana se mudará contigo y así los dos aprenden a vivir juntos, cosa que nunca han podido hacer, dios. – mis padres siempre dijeron que Leon se mudó porque no me soportaba, desde allí nos hemos llevado mejor, a distancia. Peleábamos demasiado, esa época fue graciosa, pero si… muy fuerte.

-         Mama, de verdad. Te recomiendo que la dejes viviendo sola, yo soy un desastre – la típica reacción de Leon de “no soporto a Piojo”, no lo soporto yo a él...

        
         A la semana, Leon me busca en mi casa, toma mis maletas, llegamos al edificio, subimos por el ascensor y llegamos a su departamento – lujoso, pero desordenado como siempre – las miraditas de Leon de una vez me encrespan la paciencia.

-         ¡Yo no quería vivir contigo tampoco estúpido, pero tu mami te gana aun con veinticinco años! – le grito mientras él sólo se queda callado… Oh no, esa sensación de que estamos siendo adolescentes de nuevo. Me he llevado muy bien con Leon, somos el uno para el otro en las fiestas solamente, siempre hemos sido fiesteros, aunque mas él que yo, nos metíamos en muchos problemas cuando estábamos más jóvenes, recuerdo todo perfectamente…

-         Sólo te diré que no voy a estar cuidándote todo el tiempo Piojo – me dice él y enseguida le respondo furiosa.

-         Nadie te ha pedido que lo hagas niño, yo no tengo culpa de que seas un hermano excesivamente sobreprotector y celoso ¿okey? – él deja mi maleta en el suelo y se mete al baño.

         Si empezamos así, dudo mucho que prosperemos en armonía durante los próximos meses, semanas o días...
        
Capítulo III
      Llevo dos días viviendo con Leon y el muy desgraciado me ha puesto a dormir en el mueble – el departamento tiene una sola habitación y obvio solo duerme él allí y sus mujeres supongo – y me duele el cuello, la espalda, el coxis… suena mi teléfono:
-          ¿Dónde estás?, ¿peleando con tu hermano? – Trina conoce perfectamente la relación de mi hermano y mía.

-          En el departamento, no peleando, pero si maldiciéndolo en silencio. Me duele hasta la rodilla por dormir en el sofá, ¿ya llegaste a la universidad? – le pregunto.

-          Lo supuse. No aun no, voy saliendo ¿quieres que pase por ti? – para completar mi desgracia, choqué el carro en el centro comercial y desde unos cinco días lo tengo en el taller.

-          Si está bien, te espero abajo – le digo y cuelgo.

-         Hola Piojo – ¡estúpido! es lo único que se me pasa por la mente para decirle a Leon, pero estoy retrasada para la universidad.

-         Ahí tienes el desayuno, nos vemos más tarde – y me voy.
         En el camino Trina empieza a conversar conmigo acerca de mis problemas recientes con Leon:
-         ¿Piensas que sobrevivirás? – me quedo pensando y le niego con la cabeza – Necesitamos una fiesta para calmar el estrés – propone Trina. Leon y yo nos llevamos de maravilla es cuando vamos a fiestas o cuando estamos de camino a ellas y Trina lo sabe, es lo que siempre se le ocurre para calmar las tensiones entre mi hermano y yo.

-         Yo creo Trina, apenas sepas de algo me avisas, últimamente quiero más fiestas que nunca – le respondo recostándome en el asiento.
         Al salir de la universidad, Trina y yo vemos a Marcos y a Leon esperándonos, desde que me mudé con mi hermano él me busca todos los días y así Marcos aprovecha para buscar a su novia enamorada, por ello Trina casi siempre deja el auto estacionado en la Universidad por días incluso, para irse con Marcos.
-         Hola universitarias, ¿mucho estudio? – nos saluda Marcos con su ego inflado por haberse graduado igual que Leon, le da un beso en los labios a Trina y nos pregunta – Muñecas, hoy cumple Max y habrá una fiesta en su casa ¿se animan? – nos invita Marcos mirando a Trina.

-         ¿Quieres ir? – me pregunta Leon. Yo le asiento y Trina le asiente a Marcos.
         Me voy con Leon en su moto – una Ducati 2013 848 siempre me siento en paz con él, cuando me sentía mal o algo él siempre estaba conmigo, algo que nunca han hecho conmigo – además de Trina y Guillermo-, solo él me protegía… me protege todavía a pesar de que peleamos. Al llegar al departamento, empezamos con la rutina:
-         ¿Donde pusiste mi camisa negra Piojo? – Él y su desorden, bufeo.

-         La de vestir está en tu closet guindada, y la playera está en el cajón de abajo doblada junto a tus franelas – parezco su mama o su criada mas bien. Ahora tengo que hacer todo en la casa, lavar, cocinar, planchar, limpiar, ordenar, y no solo lo mío sino lo de Leon también. Andrea siento que te odio.

-         ¿No quieres un abrigo?, vas a pasar frio tan destapada – me pregunta mirándome de pies a cabeza. Lo que me faltaba, ahora me quiere controlar la ropa.

-         Leon, suficiente con tus celos con los chicos, mi ropa si déjala en paz por favor – le pido.

-         Ay cálmate, sólo te estaba preguntando si te prestaba una chaqueta o algo porque el vestido es un poco pequeño, mas nada, no te hagas ideas y relájate – me dice y yo le digo “estúpido” con la mirada. 

Capítulo IV
-         Uff, pero lo más bello de New York llegó… ¡dios! – comenta Max, el primo de Marcos, la cara de Leon fue… espeluznante.

-         Oh, gracias – digo apenada y nerviosa también por Leon. Al rato, Trina se da cuenta de que Leon está rechinando de celos.

-         Cálmate Leon, tienes que controlarte, tu hermana está buenísima eso todo el mundo lo sabe, no intentes obviar eso, tu más que nadie sabe que ella es muy bonita, se entiende que eres su hermano y todo eso, pero a veces… te pasas – le comenta ella delante de mi mientras estamos tomando en el mueble. Leon asiente con desgano a Trina, se toma un trago y enseguida se levanta arrastrándome hasta donde están bailando los demás y empieza a bailar conmigo.
         Empezamos a beber demasiado, Trina empieza a vomitar al probar la torta, ya que es alérgica a la crema pastelera y a veces se le olvida. Marcos se va con ella al baño a sostenerle el cabello mientras vomita supongo. Yo estoy más de allá que de acá, y empiezo a ver doble. Luego de que veo que Marcos y Trina no salen del baño, me empiezo a asustar y me asomo, terrible decisión porque escucho a Trina gritar desde los lavamanos, a gritar no de dolor sino de… bueno eso. Me retiro rápido del baño, y quedo en medio de la pista de baile, las luces brillantes, las diferentes caras… todo me marea, hasta que veo a Leon al frente de mí, él se acerca a mí y empezamos a bailar. Ponen una canción que me encanta – Acércate niño, sabes que esa canción me gusta – le digo. Empezamos a pegarnos mucho el uno al otro, me siento tan mareada que me tropiezo pero Leon me sujeta de la cintura con las dos manos para no caerme.
         Bailamos y bailamos, me volteo y quedo con mi espalda rozando su pecho, estamos tan cerca que siento sus respiraciones en mi cara, estamos sudados, él me aprieta fuerte la cintura… demonios, ¿Qué es esto?, me volteo, estamos prácticamente tocándonos los labios… esto no está bien, no… Leon se separa de mi repentinamente y me deja sola en la pista… ¿Qué diablos?
-         ¿Quieres bailar? – me pregunta Max al abandonarme Leon

-         Claro – le respondo.

         Luego de apenas dos minutos de estar bailando, Leon me jala del brazo sacándome de la casa.

-         Nos vamos, estamos ya muy borrachos. Ya llamé al taxi, está allí, toma tu cartera. Vámonos – Leon esta extraño hoy, se supone que íbamos a disfrutar de la fiesta hasta la madrugada como siempre lo hemos hecho.

-         ¿Y ahora por qué de pronto tan responsable, ah? – le pregunto ya súper borracha.

-         Porque… porque tengo que cuidarte, recuerda lo que dijo mi madre…- me responde mientras nos metemos al taxi.
         Llegamos al departamento, me quito los tacones, Leon se quita la camisa, yo el vestido y él de ultimo el pantalón.
-         Préstame una camisa, mis pijamas no me gustan – le digo estando ya en ropa interior. Él se mete en su cuarto, a los segundos sale y me lanza la camisa a la cara. – Hoy no voy a dormir en el sofá, me toca la cama – le advierto mientras me pongo la camisa.

-         Los vodkas te afectaron la cabeza ¿verdad?, nadie además de mi toca mi cama ¿okey? – me dice riéndose. Estúpido, siempre siendo un desconsiderado conmigo.

-         Pues lo siento, al igual que tus millones de mujeres duermen en tu cama, puedo dormir yo ¿okey? – le respondo alzando la barbilla.

-         ¿Qué parte de NADIE, incluyendo mis billones de mujeres ¡NO DUERMEN EN MI CAMA!, no has comprendido Piojo? – me grita. Pero no me rendiré aunque me mienta diciéndome eso.

-         ¡Dormiré en tu cama y punto! – le informo empujándolo de la puerta y corro hasta la cama y me arropo hasta la cabeza. Me quedo esperando que me saque de la cama pero sólo siento su cuerpo cayéndose a mi lado. Por primera vez, duermo con Leon. Y por primera vez desde que nací, no tengo pesadillas.

Capítulo V
         Al día siguiente, me despierto sorprendida por no haber tenido pesadillas, veo a Leon durmiendo, de verdad es un niño, por algo se lo digo casi siempre. Voy a la cocina, como es sábado y me levanté tarde por la resaca, preparo el almuerzo de una vez, un pasticho de carne. Mi teléfono suena.
-         ¿No se han matado? – Andrea, ya tardaba en llamar…

-         No, te pareces a Trina dios, estamos vivos aun. Tranquila aun no tengo ganas de asesinarlo – le respondo.

-         Gracias a Dios, y ¿cómo va todo, la universidad? – Me pregunta.

-         De maravilla, soy una estudiante magnifica recuérdalo – le digo. Escucho a Leon levantarse y le paso el teléfono rápido para deshacerme de Andrea, por lo que medio entiendo de su conversación es que Andrea le está aconsejando que consiga un empleo rápido, Leon le dice que pronto lo hará que no se preocupe y que deje de hacer tantas preguntas.
         Al igual que Leon es espontáneo, fiestero y muy liberal es muy reservado y callado a veces, incluso demasiado. Pero no lo puedo juzgar, yo soy peor.
-         ¿Siempre llevas tus pulseras puestas, no? Nunca he visto que te las hayas quitado ni para broncearte - me pregunta de pronto Leon colgándole a Andrea y me saca de mis pensamientos.

-         Eh no… es que me gustan mucho, sobre todo las que me regalaste en mi cumpleaños pasado – le respondo mostrándoselas. A veces me da miedo darme cuenta de cómo Leon me conoce, es impresionante. Hasta el mínimo detalle lo sabe.

         Se hacen las nueve de la noche y ambos nos ponemos a ver películas de terror “Casa de Cera” – una de mis favoritas -. Empezamos a comer un montón de golosinas – Doritos, Pepitos, Ruffles, chupetas, caramelos, las cotufas y nuestro refresco de Coca Cola mezclado con Sprite que nunca nos falta –. Terminamos de ver la película y alrededor de las once de la noche Leon me invita a la Webster Hall – discoteca de New York – acepto ya que de verdad quiero bailar y tomar un rato. Invitamos a Trina y Marcos quienes llegan al departamento en menos de una hora, Trina y yo nos damos los últimos toques de maquillaje y salimos del departamento. Nos vamos en mi carro – Si, por fin el taller me lo entregó – y maneja Leon con Marcos de copiloto y yo y Trina vamos detrás.
-         Tus gemidos son sexys cuando haces el amor amiga mía – le comento yo a Trina en broma, pero ella no logra escuchar porque Leon tiene puesta música muy fuerte.

-         ¡¿Qué dijiste?! – me pregunta Trina en voz alta.

-         ¡Que para la próxima vez procures saciar tus necesidades sexuales en un lugar que no sea un baño público! – le contesto yo.

-         Ai – me dice con una cara sonrojada – Es que estábamos borrachos y bueno de pronto nos besamos y besamos y… ya sabes el resto. Pero ¡Que bueno que nos oíste tu y no otra persona! – me dice con alivio.

-         Si, gracias a dios que te vea tu mejor amiga teniendo sexo y no cualquier otra persona ¿verdad? – le pregunto al final con una pronunciación sarcástica.

-         Tranquila Ai, no saldré embarazada y Marcos no tiene ninguna ETS. No te preocupes – es imposible no preocuparse por mi mejor amiga que es como mi hermana, pero Trina siempre ha sido despreocupada en muchas cosas.

-         Sólo quiero que te cuides – le digo.

-         Te amo loca – Katrina siempre ha tenido la mente más abierta que yo por decirlo así y como es más divertida que yo, siempre me he preocupado por ella. Su bienestar para mi es una de las cosas más importantes en mi vida. Es mi mejor amiga y la única que conoce todos mis secretos, la única. Por eso es que la aprecio tanto.
         Llegamos a la discoteca, mucha gente como de costumbre. Los cuatro encontramos un lugar en donde estar y empezamos a hablar acerca de muchas cosas – el ambiente de la discoteca, la universidad, otros amigos que también están en la discoteca, etc -. Luego de un par de tequilas y vodkas empiezo a marearme y a animarme – como siempre hago cuanto tengo unos tragos -, bailo con Leon, con Marcos también, incluso con Trina. Cinco muchachos más o menos se me acercan pero antes de que Leon se dé cuenta los espanto.
-         No tomes mas – me dice Leon quien de pronto se ha vuelto muy fastidioso, regañón y mandón.

-         Voy a tomar más, mañana no tengo clases. Puedo tomarme mil tragos si quiero ¿okey? – le contesto y me volteo volviendo a bailar. Pero Leon me toma por el brazo y me voltea.

-         Sí Piojo, pero tienes que estudiar para el examen que tienes el lunes y además ayer tomamos también acuérdate – Diablos, hasta mis horarios y mis apuntes los revisa

-         Eres el hermano más psicópata y controlador que existe. Cuando revises mis mensajes de texto y mis llamadas no me va a extrañar. Tomaré hasta que cierren la discoteca, además yo nunca estudio para los exámenes y saco la máxima nota siempre ¿okey? – le digo metiéndome en el mar de gente para desaparecer de su vista.
         El alcohol se apodera de mi, empiezo a ver muy borroso, incluso más que en el cumpleaños Max. Me siento un rato para aplacarme y Trina y yo empezamos a hablar – sobre fiestas de los hijos de los gobernadores a las que hemos ido juntas y otras cosas -. De pronto se acercan Marcos y Leon.
-         ¿Qué hacen aquí solas, chicas sexys? – pregunta Marcos en tono burlón. Leon penetra sus ojos en mí. Debe estar molesto porque le dije psicópata y controlador. Esos ojos claros inyectados en los míos no los soporto, me cohíben…

-         Deja de mirarme así – le digo.

-         Hay que ver que nunca dejarás a Ai en paz, Leon. Actúas como si ella fuera muy coqueta o una cualquiera. Déjala en paz – además que mí, Trina es la única que pone a Leon en su lugar, sobre todo lo que respecta a mí con él.

-         Bueno ya muchachos, hoy vinimos a relajarnos, bailar y tomar como nunca ¿quedo claro? No acepto peleas fraternales esta noche. Miren a esos dos desnudándose – Marcos siempre calmando las aguas. Oh, dios. Es verdad. Una pareja de unos treinta empezaron a desnudarse en el escenario – Empezó lo bueno, ¡Whoaaaa! – añade Marcos animado como siempre y toma la mano de Trina llevándosela a la pista.

-         ¿Estás consciente aun o te llevo a casa? – me pregunta Leon.

-         Estoy perfectamente clara y sobr… Hup – un hipo me interrumpe – y sobria, así que tranquilo yo… Hup… te aviso si me empiezo a sentir mal. Voy al baño – añado retirándome.
         Al salir del baño, veo algo… o más bien a alguien. – No – es lo que me digo. El pánico, el terror, el miedo, el temor y la turbación me empiezan a invadir. - No puede ser, no puede ser – me digo mentalmente. Esto es una pesadilla, despertaré de nuevo como de costumbre. Pero vuelvo a ver a esa persona y… ¿Qué hace él aquí?, él estaba en la cárcel. No, esto es una mentira. Esto no está pasando. De nuevo no. Que no me vea, dios mío. Si me ve, si me ve… me mata. Pero no es él, Ailee no es él. Es un rostro parecido, solo eso. Empiezo a empujar a la gente para salir de allí corriendo. Se me olvida el mundo, no pienso en nada, solo quiero salir de ese lugar. Esa persona, mi pasado, no. ¡De nuevo no, Maldita sea!
         Salgo de la discoteca trémulamente. Empiezo a sudar, coloco mis manos en mi cara, las lágrimas empiezan a correr. ¿Por qué? ¿Por qué? Él está aquí, ha venido a matarme. Empiezo a caminar hacia la calle sin rumbo. De pronto escucho pasos que vienen hacia mí. Es esa persona, me matará, me matará. Corro lo más fuerte que puedo pero los tacones me impiden ir más rápido. Siento una mano en mi brazo. Alguien me voltea con fuerza.
-         ¡NO, SUELTAME! – grito pero veo que es Leon, quien completamente desorientado nota mi pánico.

-         ¿Qué carajo te pasa Ailee? – es muy raro que Leon me llame por mi nombre, solo lo hace cuanto está preocupado. Él no puede saber nada. No lo sabrá. No lo arrimaré a mi desgracia.

-         Na… nada, es solo que me empecé a sentir muy mal por la música fuerte y toda la gente, ya sabes… – no me doy cuenta de mi aspecto. Debo tener el rímel corrido por llorar, los ojos hinchados, y seguro estoy despeinada por sobarme el pelo del miedo.

-         ¿Esperas que te crea? Dime qué fue lo que te pasó – me pregunta mirándome a los ojos bastante preocupado. Siento pesar por él, pero no…

-         Es la verdad, trata de calmarte Leon. No es para tanto. Estoy borracha, es todo. Tus dramas me colman la paciencia – trato de parecer ruda, pero no me queda. Él lo sabe. De pronto escucho la voz de Trina por detrás llamándome y veo a Marcos también.

-         ¿Ai, que te paso? ¿Alguien te hizo algo? – Trina, quisiera contarte pero en este momento no puedo. Marcos me mira y luego mira a Leon, él al igual que todos están confundidos por mí. Maldición, tengo que aprender a disimular mejor.

-         No chicos, tranquilos. Sólo me empecé a marear, me sentí muy encerrada y mi claustrofobia no ayuda. Estoy bien de verdad, no se preocupen – digo y al parecer todos se tranquilizan... menos yo.

Capítulo VI
         Siento que estoy flotando. La mente la tengo en blanco. Conozco el olor. ¿Dónde estoy? Qué…
-         Tengo frio – digo. De pronto siento una sabana encima de mí. Abro los ojos y veo a Leon sentado en la esquina de la cama.

-         ¿Me vas a explicar que fue lo que pasó? – me quedé dormida en el taxi y Leon me tuvo que cargar desde el estacionamiento. Leon es fuerte, sus músculos es una de sus mejores características, pero igual me siento mal por tener que cargarme hasta aquí. Yo peso mucho.

-         ¿Te duelen los brazos? – le pregunto inquieta queriendo desviar su pregunta.

-         Tu no pesas Ai, dime qué paso – su insistencia siempre Dios…

-         Que midas un metro ocheta y seis y yo un metro setenta y seis no quiere decir que no peso ¿okey? – que no me pregunte mas, que no me pregunte mas. Por favor…

-         No es tanto por la altura. Peso treinta kilos más que tú, así que obviamente soy muy fuerte y puedo cargar a dos Ailee si quiero – estúpido, siempre presumiendo su físico y su fuerza -.

-         Presumido – le digo. Lo miro fijamente. Luego Leon parece olvidar su pregunta y se empieza a desvestir, sus músculos han crecido....

-         ¿Te has puesto más grande? Pásame una camisa – digo con naturalidad.

-         ¿Qué dices? Los tragos definitivamente te afectan el cerebro – me dice con una sonrisa de medio lado y me lanza la camisa. Me empiezo a quitar el vestido pero se me atora el cierre.

-         Mierda. Ayúdame, se me atoró – Leon me baja el cierre y aparta la mirada rápido. No puede ser, no es la primera vez que Leon me ve en ropa interior, es la segunda, no entiendo porque tan penoso de pronto. Además cuántos cuerpos de chicas completamente desnudos no habrá visto.

-         No me digas que te da pena mirarme hermanito. No es como que vieras algo diferente de tus millones de chicas – le digo mientras me termino de quitar el sostén de espaldas a él.

-         No me digas hermano, no me gusta y lo sabes. Y volteo por simple respeto. No es lo mismo ver a mis mujeres que verte a ti – me dice de espalda – Tu también has crecido y mucho -. Se voltea y me ve a los ojos directamente. Nunca me había visto de esa manera. Qué… por qué me siento así. Tiene razón, los tragos y el susto de verdad me están afectando.
         Nos acostamos a dormir, de nuevo en su cama. Y por segunda vez, no tengo pesadillas.

         Me levanto al día siguiente a las seis de la mañana a hacer mis deberes. Limpio la casa, lavo la ropa, saco la basura y por ultimo empiezo a hacer el desayuno. Mientras se cocina la comida me siento en la sala, cojo Las Horas Distantes de Kate Morton y empiezo a leer un rato. Mi teléfono suena. Es Trina. Empiezo a hablar con ella acerca de lo sucedido el día anterior y le explico todo. Ella es la única que conoce mi pasado. La única. De pronto escucho a Leon levantarse, me despido rápido de Trina y lo saludo.
-         ¡Cómo duerme el niño! El desayuno ya va a estar – le digo y él se asoma a la cocina viendo qué es lo que estoy cocinando.

-         ¿A qué hora te levantaste? – me pregunta aun medio dormido.

-         Muy temprano, acuéstate si quieres. Recuerda que hoy es domingo. Día de dormir – le digo riéndome. Me paro del mueble dejando el libro en la mesa. Me acerco hasta la cocina. Al ver que está de espaldas lo abrazo poniendo mis manos en su cintura.

-         ¿Qué haces Piojo? – me pregunta sin mover un solo musculo.

-         No tiene nada de malo que te abrace ¿o sí? – le pregunto sin apartarme de él.

-         No, pero… nunca eres así. Tan cariñosa, no se – es verdad, han sido contadas la veces que abrazo a alguien y sobre todo a Leon. Pero no sé…

-         Me provocó. Me gusta verte cuando te levantas – me empiezo a reír – Pareces un peluche… todo suavecito – me río aun más fuerte. Él se empieza a reír también, luego se voltea y me da un beso en la frente sujetando mi rostro – noto que se acaba de cepillar – y se va a la sala prendiendo la tv.

         En la tarde, Trina y Marcos van un rato al departamento a ver el partido de Los Yankees contra los Medias Rojas de Boston. Tomamos solamente malteadas ya que todos tenemos resaca. Tarde ya en la noche, Trina y Marcos se despiden y cuando Trina está saliendo de la casa dice burlonamente: Parecen esposos. Yo me rio pero Leon se queda serio. ¿Qué es lo que está pasando? O más bien ¿Qué es lo que esta pasándonos a Leon y a mí?

Capítulo VII
         Pasan dos semanas y Leon ha cancelado las fiestas. No me deja tomar pero ni una gota de alcohol, según él porque y que tengo “mala bebida”. Me siento triste porque lo que más me gusta de tomar es la resaca. Si, sé que es raro pero a mí me gusta. Siento que la resaca es lo que hace recordarte que pasaste por un momento alegre en el cual olvidaste tus problemas, tu pasado… en fin, todo. Para mí no hay nada mejor que el alcohol. Aun no me han diagnosticado alcohólica, pero debo reconocer que estoy a punto de serlo, si es que no lo soy ya. Llevo una semana sin tomar y siento que enloqueceré.
-         Déjame ir – no sé cómo mas rogarle. Parece mi papá dios. No mi papa no, ni siquiera Guillermo es como él de sobreprotector. Digno hijo de Andrea.

-         No ¿Te hago un letrero? – Es un niño pero a veces parece un viejo prematuro.

-         Ve conmigo, a ti también te invitaron. Tu siempre vas a fiestas, incluso más que yo ¿por qué eres tan… así? – le ruego. De verdad necesito alcohol.

-         Nunca te he visto tan urgida por salir ¿Te pasa algo, Ai? – Oh no, ahí de nuevo. Dios.

-         No me pasa nada, es solo que Trina dice que va a estar buena. Van a ir todos los de Columbia y a cada uno se nos da un pase. Vamos, solo la hacen una vez. Es la mejor fiesta del año. Yo se que quieres ir. Vamos ¿sí? – pongo mi cara de niña abandonada.

-         No me parece. Entiende que es por tu bien… - lo miro con mas tristeza – Carajo Piojo, está bien. Vamos – por fin accede. Aplaudo de la felicidad y lo abrazo.
         Llega Marcos a buscarnos en su carro – un BMW 2014 – el cual insulta al mío – un Mercedes Benz 2013 – Trina como siempre con sus enormes pechos resalta, mi amiga es hermosa definitivamente. Ella va en el carro al lado de su novio quien va manejando agarrada de su mano. Atrás, a Leon lo noto extraño.

-         ¿Te pasa algo? – le pregunto, pero no me responde y su teléfono suena. Escucho que es una tal Roxy y cuando cuelga le digo – Oh, perdón. Se me olvidaba que tenías que cuadrar mujeres esta noche –.

-         No estoy cuadrando nada. Sólo me llamó Roxey para decirme que… - no lo dejo terminar porque se me enerva la sangre.

-         ¡No me interesa que te está diciendo! No te estoy preguntando. No me interesa quien es Roxy. Solo agradecería… que me contestaras cuando te pregunto algo. Dios ¿Es mucho pedir? – le pregunto enojada.

-         Ai, Leon estaba hablando por teléfono cuando le preguntaste – me dice Trina creo que mas confundida que el mismo Leon.

-         Bueno… pero igual. Podía decirme rápido “No, no me pasa nada”, o “Si, me pasa algo” y ya. ¡No estoy pidiendo gran cosa! – digo furiosa. ¿Qué coño me pasa?

-         ¿Piojo te pasa algo? – me pregunta Leon con una cara de “yo no fui”. No lo soporto.

-         ¡NO ME PASA NADA! – le grito. Casi nunca me pongo tan furiosa sin razón. Me estoy volviendo loca. Dios. Todo por esa llamada de la Roxy.

         Llegamos a la fiesta, como de costumbre hay demasiada gente. Las luces, la pista de baile, la música, la gente, todo es perfecto. Trina me sujeta el brazo y en voz súper bajita me pregunta:
-         ¿Ai que fue eso en el carro? – me empiezo a reír, supongo que por los nervios… ¿nervios de qué? Ay, no sé.

-         Nada, solo que me molestó que no me contestara cuando le pregunte, es todo – Trina se me queda mirando como que “ésta está loca”.
         Nos instalamos, se me pasa el enojo al ver los numerosos tragos de alcohol.
-         Un sexo en la playa, por favor – pido.

-         Me prometiste que no ibas a tomar mucho – la voz de Leon ahora me molesta.

-         No te preocupes – me limito a decirle parándome de la silla y metiéndome en la multitud, dejándolo solo para que pueda llamar a su Roxy sin que nadie lo interrumpa.

         A lo lejos, veo bailando – eróticamente, como siempre – a Trina con Marcos. Me pongo a bailar sola y no pasa un segundo hasta que siento a un hombre a mi espalda queriendo bailar conmigo. Accedo a bailar, total estoy aburrida y no quiero bailar sola. Empiezo a bailar y a bailar, termino de bailar con ese chico y al segundo se acerca otro, luego otro y otro y así. No pienso en los celos de Leon ya que debe estar escribiéndole a Roxy. A lo lejos lo veo de reojo y noto que está tomando desesperadamente, primera vez que lo veo tomar tanto. Imagino que es que Roxy lo terminó o lo dejó plantado o algo. Sigo bailando, esta vez con otro chico. El chico empieza a acercarse mucho, pasa de la cintura a las caderas y cuando siento que su mano está bajando a mi trasero, se cae al suelo… ¿Qué demonios? Leon acaba de tumbarlo al suelo con un puño en la nariz, no sé cómo no me golpeó a mí porque le dio el golpe por encima de mi hombro. Luego Leon me aparta y toma por el cuello al chico golpeándolo una y otra vez, lo intento detener pero él es demasiado fuerte y no para.
-         ¡LEON! – le grito y es cuando para. Me toma fuerte de la mano y me saca de la fiesta. Marcos y Trina salen con nosotros. Ya en el estacionamiento de la fiesta, intento zafarme de él, pero no puedo. - ¿QUÉ DEMONIOS TE PASA LEON? ¿ESTAS LOCO? ¡Lo hubieras podido matar! – le grito golpeándole el pecho con la otra mano. Leon no parece reaccionar y lo abofeteo – ¡Reacciona! – le digo.

-         Vámonos – es lo único que me dice – Mañana te llevo el carro a tu casa Marcos, préstamelo esta noche – Marcos asiente y Trina que está a su lado se queda mirándome. Le digo con la mirada que nos vemos mañana y que estoy bien. Ella se despide agitando la mano. Leon me jala de la mano metiéndome al carro obligada. Pasamos todo el camino en silencio. Leon está loco de verdad. - No es normal, no es normal. Dios, ¿Cuándo parará? – es lo que me digo en mi mente.

         El estaciona el carro en el edificio y para completar mi desgracia, empieza a llover y como el estacionamiento no es techado, me mojaré. Diablos. No me importa en realidad. Me bajo del carro molesta y me pongo al frente de la ventana del piloto empapándome. Empiezo a gritarle a Leon. Él se baja del carro, mojándose también.
-         Entremos – me dice pasivamente.

-         ¿Me quieres explicar por qué casi matas a ese chico? – le pregunto tratando de tranquilizarme.

-         Te estaba tocando Ailee, por eso le partí la maldita cara ¿ya? – me dice acercándose a mi hasta que quedamos frente a frente.

-         O sea, que a cualquier muchacho que se me acerque lo vas a golpear entonces ¿estás loco, ah? – le digo empujándolo.

-         Él no solo se estaba acercando a ti, te estaba TOCANDO – me grita al final. Enloquezco.

-         ¡Pero no era para que te pusieras así! Estás loco, ¡estás loco! – le grito empujándolo - ¿POR QUÉ LO HICISTE? ¿POR QUÉ ERES ASÍ? ¿POR QUE? -. Le golpeo de nuevo el pecho.

-         ¡NO SE! Eres tú. ¡Todo el tiempo eres tú! – me grita acercándose a mí, al punto que nos rozamos las narices - ¿Qué me estás haciendo Ailee? – me pregunta entre dientes poniéndose las manos en la cara y luego pone las manos encima de mis hombros sin tocarlos pero luego baja las manos como resistiéndose a tocarme – Me estoy volviendo loco, no quiero que ningún hombre te toque Ailee – me dice con ojos llorosos y mirando mi boca. ¿qué es esto de nuevo? ¿Qué estoy sintiendo? Diablos.
         Se va, dejándome sola en el estacionamiento. Subo por las escaleras para intentar hacer tiempo. Al llegar al departamento veo a Leon durmiendo en el sofá. Duermo esa noche en la cama sola y tengo pesadillas, maldición. Que día tan patético
Capítulo VIII
         Me levanto con mi resaca. Recuerdo lo que sucedió la noche anterior y después de cepillarme los dientes salgo a la sala a ver a Leon. Él no está. Hago los quehaceres como de costumbre. Espero a Leon para comer juntos, pero no llega. Sigo esperándolo pero son las ocho de la noche y continua ausente. - Debe estar molesto por lo sucedido ayer – me digo. Llamo a Trina.
-         Hola Tri ¿de casualidad mi hermano está contigo? – le pregunto tratando de no parecer preocupada.

-         Hola Ai. No, no está aquí y Marcos está conmigo – me responde ella.

-         Ya veo. Bueno era para eso, es que Leon no ha llegado, no contesta el teléfono tampoco y ni siquiera sé a qué hora se fue – le comento.

-         No Ai, ni idea. Pero tú sabes cómo es Leon, debe estar por ahí con una chica. No te preocupes – me dice, el enojo vuelve a mí pero intento calmarme.

-         Si es verdad. Pero él siempre me avisa o me manda un mensaje cuando anda en esas – le digo escuchándose bastante mi preocupación.

-         Hagamos una cosa Ai. Esperemos una hora más. Y si no aparece. Marcos y yo salimos a buscarlo en los bares y eso ¿te parece? – me pregunta tratando de calmarme.

-         Si está bien. Gracias Tri. Te llamo cualquier cosa – me despido y cuelgo.
         Pasa media hora, pero no aguanto la espera. Me visto, cojo las llaves del carro y salgo a buscarlo. De noche, New York es hermosa pero en estos momentos sólo quiero encontrar a Leon. Empiezo a imaginarme cosas – lo secuestraron, lo asaltaron -. Dios ¿Dónde está? Mi teléfono suena. Es Leon
-         Aló ¿Leon donde estás? – ruego que me conteste rápido.

-         Buenas noches eh… ¿usted es Piojo? – habla una voz desconocida.

-         ¿Perdón? – pregunto.

-         Aquí un muchacho está borracho y su número de emergencia era este. ¿Puede venir a buscarlo? Se emborrachó y está sólo en el bar -.
         ¿Qué es lo que le pasa al imbécil de Leon? ¿De cuándo acá se emborracha solo? ¿No sabe que es peligroso? Dios. Llego al bar y encuentro a Leon agarrado del guardia – debe ser el hombre que me llamo -. Me bajo del carro y le pregunto que cómo llego Leon – si en moto o en taxi – y me responde que en taxi con una chica pero que cuando él se emborracho la chica lo dejo sólo en el bar. Agradezco al guardia y meto a Leon en el carro quien se duerme de inmediato.
         Llegamos al departamento. No se me hizo fácil subirlo. Sus brazos deben pesar unos 30 kilos cada uno. Lo acuesto en la cama y lo desvisto. Mientras yo me estoy desvistiendo, Leon se despierta.
-         ¿Piojo? – pregunta sentándose en la cama.

-         Eres un irresponsable. No sé cómo dices cuidar de mi – le digo con escepticismo mientras me coloco la camisa.

-         ¿Me buscaste al bar? – me pregunta frotándose los ojos.

-         Si. No puedo creer que hayas hecho eso. La chica con la que estabas te dejó abandonado por tomar así. Ay, ¿sabes qué? Duérmete Leon. Hablamos mañana – le digo mientras me acuesto – Aléjate de mi, hueles a puro alcohol y no dormiré en el sofá – añado por ultimo. Como siempre, al dormir con Leon no tengo pesadillas.

         Al día siguiente es lunes. Me baño, me visto, dejo el desayuno listo y me marcho en mi carro. Llego a la universidad y como de costumbre está Trina en el pupitre hablando por teléfono con Marcos – Si mi vida, hablamos mas tarde. Te amo – es lo que alcanzo a escuchar.
-         Entonces tu hermano se volvió una nada – me comenta. Luego de acostarme con Leon yo le mandé un mensaje a ella contándole todo y por eso lo sabe.

-         Si, no sé qué le pasa la verdad – le digo.

-         Ya se le pasará ¿estudiaste para los parciales? – me pregunta asustada. Trina lo que tiene de atractiva lo tiene de mal estudiante. Dios. He hecho todo lo posible para que pase los exámenes con la máxima nota, ayudándola y explicándole. Pero… no le entra. Dios.

-         No, sabes que nunca… - me interrumpe.

-         Ay si, “nunca estudio para los exámenes, blah blah blah” – me dice burlándose.

-         Tranquila, que estos exámenes estarán fáciles – le digo para tranquilizarla.

-         Siempre me dices lo mismo – me dice y en ese momento entra nuestro profesor de español con los exámenes – Suerte – me susurra.

         Salimos de los exámenes. Trina parece estar aterrorizada y como siempre me dice que lo más seguro es que tenga que repetir el semestre. Pensar que ya en menos de cuatro meses nos graduaremos. En el patio de la universidad veo a Max – me da vergüenza verlo desde lo que pasó en su cumpleaños, los celos de Leon – lo saludo con la mano y él se acerca hasta donde estamos yo y Trina.
-         ¿Cómo están chicas? – pregunta él súper alegre.

-         Bien Max ¿Cómo has estado? – le pregunta Trina condescendientemente.

-         Bien, muy bien. De hecho vengo a darle unas invitaciones, mi hermana Alice cumple la semana que viene y quisiera que fueran. Ya le di a Marcos y a Leon las de ellos – Demonios, todo iba bien hasta que mencionó Leon. Pero eso no me impedirá ir a la fiesta.

-         Allí estaré – le digo con seguridad.

-         Yo igual  – le asegura también Trina guiñándole un ojo. Luego Max se despide y se va. Trina me invita a su casa a cantar en el karaoke.

         Llegamos y veo a Marcos sentado en el mueble hablando con los primos de Trina. Todos me saludan calurosamente como siempre. La familia de Trina ha sido como mi familia también prácticamente. 
-         Ai ¿puedo hablar contigo un momento? – me pregunta Marcos de repente muy serio. Jamás había visto a Marcos tan serio. Desde que lo conozco – hace muchísimos años – siempre tuve de él una imagen diferente. Pero veo que él no es puro juego.

-         Si claro Marcos, ¿qué pasó? – le pregunto algo desconcertada.

-         Sé que conoces a Leon más que yo. Obvio eres su hermana en realidad. Pero… siento que deberías ser un poco más… paciente con él. Sé que tienes un carácter fuerte y que él también tiene el suyo. Pero al igual que tu proteges a Trina yo protejo a mi amigo ¿si me entiendes? – hace una pausa – Sólo quiero que no lo dejes solo – añade.

-         Claro que te entiendo, pero es que no comprendo qué fue lo que hice – le pregunto mas enredada aun.

-         No, nada. Tú no has hecho nada, sino que él… tú sabes cómo es él de celoso… como hermano claro… entonces trata de no provocarlo tanto – me dice y por fin comprendo.

-         Ah, es eso. Entiende tú que no es normal que Leon le haya partido la cara a un muchacho que no me había hecho nada. Puede ir hasta preso y eso es lo que temo, lo que menos quiero es que él salga perjudicado por unos celos enfermizos – le digo.

-         Si claro, entiendo tu parte también. Pero solo te pido eso, tenle paciencia – me aconseja finalmente.

         Es verdad. Tanto Leon como yo tenemos un carácter muy fuerte, por eso a veces chocamos. Le digo a Marcos que pensaré en lo que me dijo y que trataré de ser más paciente con Leon. En eso Trina nos llama para cantar un rato en el karaoke. Cantamos y cantamos. Nos divertimos bastante. 

Capitulo IX
         Llego al departamento bastante cansada. Me percato de que no hay nadie. Pongo música a todo volumen – electro house -. No pienso en los vecinos, ni en nada. Me cambio de ropa – una camisa de Leon como siempre – y me pongo a bailar en la sala. Cierro los ojos e imagino un lugar diferente – algún lugar lejos de todo -. Llevo bailando unos cinco minutos sin abrir los ojos. Me meto en mi propio mundo. - ¡Al carajo todo! – me digo. Abro los ojos y veo a Leon sentado en la mesa de la cocina riendo y observándome. Me ruborizo y me asusto también.
-         ¡¿Por qué no haces ruido al entrar?! – le pregunto gritando. No apago la música.

-         ¡Lo hice pero no escuchaste! – me responde gritando también para que pueda oírlo.

-         ¡Casi me matas del susto! – le reclamo. En ese momento él se acerca y le baja volumen al equipo de sonido.

-         Puedes escuchar música, pero no tan alto. No quiero que los vecinos me echen del edificio. Si quieres oír música altísima hazlo en tus audífonos – me dice.

-         ¿Y desde cuando te importan los vecinos, niño? – le pregunto.

-         ¿Si nos echan, donde vivirás pequeña? – me dice acercándose a mí. Diablos. De nuevo no. Doy un paso atrás.

-         Ya veré donde. Solo quiero escuchar música – le digo.

-         Ya hablé, Piojo – me dice golpeándome la cabeza. Me empiezo a rascar la cabeza – Deja de rascarte de nuevo. Te vas a quedar sin pelo – añade. Se da la vuelta y se va al cuarto.

         Rato después, entro al cuarto. No veo a Leon ¡Que extraño!, él estaba aquí ¿Dónde está?
-         ¡BU! – me grita en el oído. Me asusto tanto que me tropiezo con un montón de ropa que tiene en el suelo. Cuando estoy cayendo Leon me sujeta por la espalda casi que desde el suelo y me levanta con mucha facilidad. Él y su fuerza, ay sí. Lo empujo y lo golpeo en el pecho varias veces.

-         ¿Estás loco? ¿Me quieres matar de un susto hoy? Ya van dos veces ¡Estúpido! – le grito sin dejar de golpearlo.

-         Cálmate, no es para tanto – me dice riendo y sujetándome los brazos. No lo soporto. Corro a la cama y cojo una almohada tirándosela. Luego cojo otra lanzándosela también. Él no me hace nada, sólo esquiva las almohadas con los brazos. Luego abro las gavetas y le empiezo a lanzar sus medias y ropa interior - ¡Deja mis bóxers! – me grita. Me le rio y le saco la lengua – Es en serio, ¡detente! – me vuelve a gritar. No le hago caso y sigo sacándole la ropa. De pronto mientras estoy de espalda siento sus manos en mi cintura, me voltea y me suspende en el aire.

-         ¡Suéltame! – le ordeno. No me hace caso, me tira a la cama y él cae conmigo. Me percato de que no tiene camisa… - ¿Qué haces Leon? – le pregunto casi en un susurro.

-         Ahora soy yo el que no te va a escuchar – me dice. Pongo mis manos en su pecho tratando de alejarlo pero por supuesto que no puedo con él. Su pecho esta hirviendo. Intento zafarme de otras maneras pero no puedo. Nos quedamos mirándonos. Mi corazón empieza a acelerarse… ¿Por qué estoy sintiendo esto?

-         ¡Quítate! – le grito.

-         No quiero – me dice acercándose demasiado a mí. Noto que su corazón también esta acelerado. No soy yo sola la que está sintiendo esto – Me pasan muchas cosas por la mente en este momento… mejor vete – me dice finalmente.

-         Ahora yo no me quiero ir – le digo seria.

-         ¿Por qué me haces las cosas tan difíciles? Vete, es en serio – me dice quitándoseme de encima y sentándose en la cama.

-         ¿Por qué me tengo que ir? – le pregunto sentándome a su lado.

-         Ai, no me compliques más todo. Está bien, me voy yo – me dice levantándose de la cama pero lo cojo por el brazo y me le pongo en frente.

-         ¿Por qué últimamente me estas alejando Leon? ¿Qué hice? ¿Quieres que me vaya? – le pregunto.

-         Te alejo por tu bien. No hiciste nada y no… no quiero que te vayas, no quiero que me dejes… ¡pero es que yo!... – no termina de decirme todo.

-         ¿Pero es que tú qué Leon? – al ver que no habla me desespero - ¡¿TU QUÉ LEON?! – le grito golpeando su pecho y acercándome a él.

-         ¡TE AMO! – gritándome me confiesa… - Te amo Ailee, pero sé que esto no se puede – obviamente me doy cuenta de que no me ama como “hermana”. Mi corazón esta descontrolado, siento que me voy a desmayar. Esto no está pasando, me siento en una película. Luego de dos segundos, Leon sale del cuarto dejándome absorta con su confesión. Leon, enamorado de mí. Mierda.

Capitulo X
         Esa noche no duermo casi, solo unas dos horas y con pesadillas. Me levanto a las cinco de la mañana y no veo a Leon en el sofá. Sigo con mi rutina – aun sin creer lo que me dijo Leon el día anterior – preparo el desayuno, se hacen las nueve de la mañana pero Leon no llega y desayuno sola. Le pido a Trina que me busque en su carro porque no tengo ganas de manejar.
-         ¿Qué tienes? Te siento rara – le pregunto a Trina.

-         No nada… - me dice y al instante noto que se le derraman las lagrimas.

-         Trina ¿qué te pasa? – le pregunto preocupada.

-         Acabo de terminar con Marcos – a pesar de todo, puedo decir que Marcos ha sido el único chico que de verdad sé que ha querido a mi amiga. Y sé que es el del único hombre de quien Trina se ha enamorado.

-         ¿Por qué Trina? Cuéntame – le pregunto confundida.

-         No puedo decirte Ailee perdóname - ¿Qué demonios? Trina nunca me oculta secretos o al menos eso creo.

-         ¿Por qué no puedes decirme? ¿Qué demonios pasó Trina? Soy tu mejor amiga, crecimos juntas, eres la única que conoce todo de mi ¡TODO! ¿Por qué me ocultas las cosas? – le pregunto agitando mis manos del enojo.

-         ¡Porque no puedo Ailee! Se lo jure a Le… a Marcos – me dice.

-         ¿Qué le juraste a Leon? – veo que se queda sorprendida porque me di cuenta de que iba a nombrarlo - ¡HABLA TRINA! – le grito cuando veo que no me contesta.

-         Lo mejor es que no sepas nada, me odiarás – no puedo, no puedo soportar que me oculten las cosas. Definitivamente hoy no amanecí bien. Leon me confesó que me amaba anoche, Trina ahora termino con Marcos y además dice que Leon no puede contarme nada ¿Qué carajo?

-         Estaciónate – le ordeno.

-         Estamos en plena avenida Ai. No puedo estacionarme – me dice nerviosa.

-         ¡ESTACIONATE MALDICIÓN! – grito golpeando el tablero del carro. Trina se estaciona y mientras me bajo del carro me pide que por favor me tranquilice. No le hago caso y me voy caminando hasta la Universidad.

         Paso el día distraída. Ignoro completamente la presencia de Trina en todo el día. Cuando estoy saliendo de la Universidad, cojo un taxi antes de que ella me vea y me voy a la casa a Marcos a averiguar qué pasó. Llego a la mansión de Marcos.
-         Hola Marcos ¿Cómo estás? – le pregunto y noto su cara triste. Me invita a sentarme en el sofá y empezamos a hablar.

-         Hola Ai, más o menos – me dice. Empiezo a pensar en cómo le voy a sacar información, lo más seguro es que él sepa lo que me oculta Trina.

-         Trina me contó todo. Siento que hayan terminado de verdad y más por eso – empiezo a actuar como si supiera todo para ver si me dice algo.

-         ¿Trina te contó, Ailee? – me pregunta como asustado y sorprendido.

-         Si, tú sabes que ella me cuenta todo. Ella y yo no tenemos secretos – insisto.

-         Me lo imaginé. Pero es que lo que más me sorprende es que sea por Leon. Sé que es tu hermano o bueno hermanastros. Pero no quiero que sea por esa razón que termine nuestra relación Ailee – me dice llorando.

-         Pero es que… fue una razón suficiente para que terminaran… ¿no? – le pregunto mirándolo fijamente a los ojos intentando entender.

-         No es culpa de nosotros que Leon esté enamorado de ti – ¿ellos lo sabían? Me pregunto por dentro – Ayer en la madrugada vino aquí y me contó que te lo había confesado. Trina sabe eso desde que ustedes eran adolescentes. Pero bueno, ya sabes que Leon te ha amado toda la vida sino que ahora viviendo contigo le cuesta disimular más – hago todo lo posible por aparentar que sé todo esos detalles. 

-         Si… pero lo que no le entendí bien fue qué tiene que ver eso con ustedes, con su relación – hago que me confiese todo de una vez.

-         Pues… Ailee. Yo a ti te conozco desde hace ya muchos años y por eso sé cómo eres. Por eso no me pareció lo que hizo Trina y menos si ella te prometió no contárselo a nadie. Sé que lo hizo por tu bien pero se lo reclamé y pues ella no soportó que le dijera la verdad y terminó conmigo… - lo interrumpo.

-         ¡Bueno ya basta! ¿Qué demonios tiene que ver Leon en esto? – no soporto mas enredos y me levanto del sofá. Siento a mis espaldas el pecho de Leon y a su lado veo a Trina con los ojos como platos.

-         Las explicaciones deberías pedírmelas a mi – me dice Leon serio. A su lado veo a Trina que le agarra el brazo.

-         ¡Cállate Leon! – le implora Trina. ¿Qué me ocultan? ¿Qué está pasando? Maldición.

-         ¡¿Por qué no me contaste nada?! ¡¿Por qué me ocultaste tu pasado?! – me pregunta gritando. Me destruyo con sus palabras. Él no se tenía que enterar del desastre de pasado que tengo.

-         ¿Le contaste Trina? – le pregunto a ella llorando. Trina baja la cabeza y empieza a llorar conmigo - ¡DIME! – le grito al ver que no me contesta.

-         Ai, perdóname. Pero es que no tuve opción. Estaba preocupada por ti, no quería que volvieras a lo mismo de nuevo – me confiesa al fin. Me traicionó, me traicionó. Mi mejor amiga me traicionó. Lo único que le pedí y rogué que callara era mi pasado y se lo contó todo a Leon. No puedo creerlo.

-         ¿Cómo pudiste Trina? – le pregunto llorando. Salgo de la casa corriendo.

Capitulo XI
         Corro y corro. Veo una estación de trenes y entro en ella.
-         ¡Ailee! – escucho la voz de Leon a lo lejos. Hago caso omiso y sigo corriendo. La estación está vacía. Es una estación abandonada. Mierda. Intento salir de la estación pero Leon me alcanza y me detengo tratando de pensar – No puedes huir de mi Ailee – me dice a mis espaldas.

-         No tenías por qué enterarte – le digo llorando sin voltearme.

-         No culpes a Trina, ella hizo lo que tenía que hacer. Todos estamos asustados entiéndelo. Tememos por ti. Tenias que contármelo ¡¿Por qué pasaste por todo esto sola?! Me hubieras podido pedir ayuda a mí – noto a Leon con voz trémula.

-         Estoy bien – miento.

-         ¡Sabes que no lo estás! Pero no sabes cómo me cuesta verte así – hace una pausa - ¡Ailee Te Amo! No te estoy pidiendo que me ames también, solo te pido que no sufras sola. Me tienes a mí, siempre me vas a tener. Tuve que esperar diez años para enterarme de la verdad – me dice. Me volteo y veo que está llorando - ¿Por qué Ailee? – me pregunta. Exploto.

-         ¡No es fácil decir que eres la hija de una maldita prostituta Leon! ¡No es fácil decir que siendo una niña tenías que vender crack en la calle para poder sobrevivir! ¡No es fácil decir que veías a tu madre “prestar sus servicios” en tu maldita cara! No es fácil… ¡Mi vida fue horrible Leon! ¡Horrible! – me pongo las manos en el pelo y empiezo a llorar desconsoladamente. Empiezo a recordar todo mi pasado. Maldición. Leon me abraza con todas sus fuerzas y me acaricia el pelo tratando de tranquilizarme. Nos quedamos así unos cinco minutos seguidos.

         Leon me lleva al departamento. Entro al baño y saco de un pote que tenia escondido, un bisturí. Me quito las pulseras. Me meto en la bañera aun vestida y procedo a hacer lo que hago cuando siento que no puedo más. Un corte, luego otro y después otro. La bañera se empieza a teñir de rojo, para mi es algo normal. Escucho a Leon tocar la puerta pero no le abro, no quiero. Leon abre la puerta de una patada y ve el mar de sangre.
-         ¡AILEE ¿Qué haces?! – me grita. Empiezo a recordar cómo me gritaba mi madre y sus hombres… Me decían cosas horribles. Empiezo a gritar y a gritar como una loca. Quiero desaparecer. Mi maldito pasado no me deja en paz – Ailee, por favor. Detente… Te lo pido, no te hagas más daño. ¡Tú no tienes culpa de nada! – me ruega Leon. Pero mi cerebro repite y repite las imágenes de cuando yo era niña y empiezo a gritar más fuerte. Leon se mete en la bañera conmigo y me abraza, muy fuerte. Finalmente, me tranquilizo.

         Ya calmada, Leon me pide que vayamos a un hospital pero me niego. Le digo que no es para tanto y me hace caso. 

-         Al fin entiendo por qué las pulseras en tus muñecas – me dice Leon vendándome las muñecas cortadas y observando las cicatrices de otros cortes viejos.

-         No es algo que me enorgullezca mostrar – le admito con tristeza. Él termina de vendarme.

-         Desde hoy te prohíbo que te sigas haciendo daño así. La próxima vez que vea que te estás lastimando te golpearé Ailee. Es en serio – me amedrenta. Le asiento con la cabeza - ¿Quieres olvidarte de todo por un momento? – me pregunta y antes de que le responda me dice – Sígueme -.

         Nos vamos en su moto. No sé a dónde me lleva, pero no estoy asustada. Estuve a punto de dormirme en su espalda. Llegamos, me quito el casco y veo que Leon me ha traído a un parque de diversiones.
-         Sabes que me gustan los parques de diversiones – le digo sonriendo. De pronto me olvido de todo. Mi madre, mi pasado, todo.

-         Siempre que estabas triste te traía aquí ¿recuerdas? – me dice. Es verdad, Leon siempre me traía a este parque cada vez que me sentía triste o tenía un problema en la preparatoria.

-         Si y me comprabas los ochocientos helados que te pedía – le digo sacándole la lengua. Leon es el único que me hace poner de triste a feliz. Leon…

-         Vamos – me dice cargándome en su espalda.

         Nos subimos a todas las atracciones, hasta las de los niños pequeños. Montañas rusas, elevadores, sillas voladoras, etc. Comemos Hot Dogs y nos tomamos dos Coca Colas cada uno. Por último nos montamos en la Rueda en donde se ve casi toda New York.
-         ¿Te acuerdas cuando nos subimos aquí con el que estudiaba contigo? Eh… Allan – Leon siempre conocía a mi grupo de amigos, sobre todo porque eran muy pocos y casi siempre salíamos con él y sus amigos, incluidos Marcos y Trina… Trina…

-         Que se vomitó encima porque se había montado en la montaña rusa antes – le completo yo y empiezo a reírme un poco alto.

-         Y además cuando se bajó de la Rueda se tropezó con una piedra y cayó al suelo partiéndose un diente – añade él. Me rio con más ganas todavía. Fue un momento divertido, muy divertido. Yo tenía unos dieciséis años y me gustaba salir mucho como a cualquier adolescente y Leon siempre estaba conmigo cuidándome. Él siempre estaba en mis momentos tanto felices como infelices.
-         Si… ¡y al día siguiente fue al instituto con el diente partido! – le digo riendo a carcajadas - ¡Lo hubieras visto! – añado llevando mi cabeza hasta su pecho riéndome y riéndome. Él me abraza riendo conmigo y me da un beso en la frente.

         Esa noche dormimos juntos. No tengo pesadillas. Fui tan estúpida que no me di cuenta que sólo duermo bien cuando Leon duerme conmigo, en cambio cuando duermo sola mis pesadillas vuelven. 

Capitulo XII
         Al día siguiente me voy a la universidad como siempre. Me cruzo en clases con Trina. Pero no la evito, incluso la saludo. Hablamos con unos amigos un rato y luego me pide que hablemos.
-         Ai… sé que no tengo el derecho pero… perdóname. Si no quieres hablarme más nunca lo aceptaré. Lo que hice no tiene nombre y no merezco que me sigas hablando – se le empiezan a llenar los ojos de lágrimas.

-         No llores, sabes que no me gusta que llores – le digo en una especie de regaño – y… ¿Eres estúpida? ¿Cómo te voy a dejar de hablar? Ayer estaba un poco… sorprendida digamos. Pero jamás dejaría de tratarte y lo sabes. Olvida eso, Leon algún día se iba a enterar por ti, por Guillermo o incluso por mí. Así que tranquila – le digo sin mover un solo musculo y luego me volteo para irme – Ah… y vuelve con Marcos. Él es el más inocente en todo esto, es el único que puedo decir que te ha querido de verdad, entonces… ¡Haz lo que te digo y ya! – añado y empiezo a caminar pero me volteo - ¿Qué estas esperando, vienes conmigo o no? – le pregunto y ella sonríe. Pasan dos segundos y siento sus manos en mi cintura.

-         ¡TE AMO LOCA! – grita en medio del patio. Trina me dice loca y la loca es ella. Es mi amiga y sé que todo lo hace porque se preocupa por mí. No puedo enojarme con ella.

-         ¡Y YO TAMBIÉN! – grito después.

         Compramos unas cervezas y nos vamos al departamento. Al llegar, nos encontramos con una sorpresa: Marcos está en el departamento jugando videojuegos con Leon. Al vernos, Marcos inmediatamente se levanta del sofá y nos saluda un poco nervioso. Haré de Cupido en estos momentos.
-         Eh, Leon se me quedó un… algo en el carro. Ayúdame – le digo a Leon abriéndole bastante los ojos para que entienda.

-         No se te quedó nada. El carro quedo vacio – Trina siempre arruinando todo, hasta sus momentos… Dios.

-         ¡Si se me quedo algo! – le digo entre dientes y por fin, ella entiende.

-         Ah… okey te espero aquí – me dice al final.

         Mientras Leon y yo estamos en el ascensor, nos empezamos a reír sin decir nada. No hacen falta las palabras para saber lo que sucede después de una reconciliación: sexo.
-         Esta noche habrá acción, Piojo. Así que mejor nos vamos a ver una película o algo. A menos que quieras ver porno en vivo – bromea. Me río y le quito un hilo de la costura de su chaqueta y de pronto noto algo rojo en su camisa. Oh claro, un beso con pintura de labios.

-         ¿Roxy? – le pregunto reprimiendo el increíble enfado que siento en estos momentos.

-         ¿Qué? – me pregunta desorientado. Le señalo la camisa y se ve en el espejo del ascensor – Ah, no se… a Roxy no la vi hoy. A lo mejor fue Sammy – me comenta como si nada.

-         Ah… ¿la que se graduó contigo? – le pregunto tratando de parecer lo más normal posible.

-         Si, ella. Es que fui a la universidad a buscar unos papeles, me la conseguí y me invitó a su casa un rato… – ¡que descaro! ¿No se supone que está “enamorado” de mí? ¿Cómo me habla de una chica como si… nada?

-         Ah… ¿y hubo acción en su casa? – me rio tratando de no sonar hosca.

-         ¿Por qué me lo preguntas? – me pregunta mirándome la cara. Pero yo no lo miro a él.

-         Por nada en particular – le respondo mirando al frente y rascándome la cabeza. Se abren las puertas del ascensor y cuando estoy saliendo Leon me sujeta el brazo.

-         Piojo… ¿estás celosa? – se me sube la sangre hasta la frente ¿Por qué me avergüenzo? Se supone que no siento celos… no debo sentirlos. Leon es el hombre más mujeriego que conozco y además es mi “hermano” ¿por qué debería celarlo?

-         ¡¿ESTAS LOCO?! ¿yo celarte a ti? por dios – creo que sobreactué demasiado. Me zafo de su brazo, salgo del ascensor y camino hasta el carro. Por alguna razón siento como si hubieran descubierto.
         Nos vamos al cine, compramos boletos para UNA GUERRA Y UN SENTIMIENTO, palomitas y refrescos. Mientras vemos la película, él me lanza palomitas a la cara y yo a él también. Luego me lanza más cotufas y yo también. Después me tira un puñado de cotufas y llego al límite lanzándole el pote de cotufas en la cabeza. Él se queda anonadado al verse lleno de cotufas y me moja con refresco el pelo. Como yo no me dejo le riego todo el refresco en la cabeza. Hacemos tanto ruido que la gente empieza a gritar “Fuera” “Váyanse a pelear a su casa” “No parecen adultos” “Que infantiles”. Nos da pena y nos salimos de la sala.
-         ¿Ves lo que haces? Tienes veinticinco años, compórtate. – le digo dándole un golpecito en el pecho.

-         Tú no eres ninguna bebe. Me lanzaste un pote de cotufas y uno de refresco ¡Que madura la niña! – me dice mientras me golpea el hombro con su enorme brazo.
-         ¡Eres un estúpido! ¡Niño! – le grito mientras está de espaldas caminando - ¡Hey! – le grito de nuevo pero no se voltea.

-         Te espero en el estacionamiento – es lo único que me dice. Me volteo enojada y cuando me vuelvo, no está. Imbécil, no lo soporto. Bajo hasta el estacionamiento y lo veo recostado del carro esperándome.

-         ¡Eres un imbécil! Me sacaron de la sala por tu culpa y la película estaba buena – le grito enojada.

-         Pareces una niña tú. Metete al carro y crece – sus palabras hieren mi orgullo y aceleran mi mal humor.

-         Me voy en taxi, no te soporto… – le digo lanzándole las llaves de mi carro. Cuando me volteo, Leon me toma del brazo, luego de la cintura fuerte y… me besa. Los labios de Leon son… suaves pero apasionados. Él sube una mano hasta mi mejilla y me sigue besando. Yo solo pongo mis manos en su pecho y me quedo ahí… correspondiéndole al beso. De pronto, él da un paso hacia atrás y me da las llaves.

-         Yo me voy en taxi. Vete tú en el carro – me dice y se empieza a alejar.

-         ¡Leon! – le grito corriendo hacia él – Vamos los dos en el carro – le digo tratando de obviar nuestro beso – gran beso – para que no se vaya solo.

-         Ai, mejor me voy solo. Entiéndeme. Si entro contigo en el carro, yo… quizás no me pueda controlar más – me confiesa con dificultad y se va.
         Me voy sola al departamento. Cuando llego, encuentro a Marcos y Trina abrazados en el mueble. ¡Oh! Milagro no están teniendo sexo. Pasan dos horas y Leon no llega. Marcos lo llama a su celular pero no contesta, luego a él y a Trina se les hace tarde y se van… reconciliados – mi trabajo como Cupido funcionó-. Le guiño un ojo a Trina y ella me sonríe despidiéndose. Estando ya sola en el departamento espero unas tres horas y Leon no llega. Debe estar con Sammy… perra.
Capitulo XIII
         Pesadillas. Preocupación. Diablos ¿Dónde estará Leon? Ya basta Ailee, deja de pensar en él. Al día siguiente, voy a la universidad y luego a casa de Trina. No quiero irme al departamento, no quiero estar sola. Trina me ofrece un trago y luego empezamos a hablar.

-         ¿No has sabido nada de tu hermano? – me pregunta Trina inocentemente.

-         Eh no. Debe estar en casa de “Sammy” – le digo afincándome en el “Sammy” con verdadero sarcasmo.

-         ¿Sammy? ¿Y quién es esa ahora? – me pregunta Trina riéndose.

-         No sé. Una amiga de su universidad o algo así, no se no me interesa – le respondo con cierta molestia.

-         Sabes que si te interesa, Ai – de pronto veo que la cara de Trina se pone muy seria. Oh no, cuando pone esa cara es que me regañará o algo parecido.

-         No, no me interesa. A mi Leon no… no. – sacudo los hombros diciéndole algo así como “me da igual”.

-         Ai, basta ¿sí? – me pide Trina poniendo su vaso y el mío en la mesa. - ¿Cuándo vas a aceptar que estas enamorada de tu hermano? – me pregunta y yo sólo abro los ojos y callo – Es obvio que Leon no está enamorado sólo ¿Cuánto tiempo más vas a seguir fingiendo que no sientes nada por él? – Diablos.

-         ¡No estoy enamorada de Leon! – niego – Nos llevamos… bien y tú piensas que es que me gusta o que estoy enamorada de él. Trina por dios, tu nos conoces desde que éramos pequeños – le hago énfasis.

-         ¡Por lo mismo Ailee! Los conozco y demasiado. La relación de ustedes jamás ha sido de “hermanos”. Ustedes se aman, pero como fue Leon el primero que lo reconoció entonces tú optas por negarlo ¿Por qué Ailee? ¿Qué te frena estar con él? Andrea y Guillermo no podrán poner objeción por una sencilla razón: ¡NO SON HERMANOS! Ni siquiera tienen el mismo apellido. Tu eres Ailee Cannon y él es Leon Krupp ¡no hay discusión! – no, no puedo estar enamorada de Leon, es mi hermano, bueno no lo es pero… soy un desastre y no puedo arrastrarlo conmigo. No puedo aceptar mis sentimientos porque soy un maldito desastre, mi pasado me marca. EN CONCLUSIÓN… no puedo estar con él.

-         Sabes bien que soy la persona que menos le conviene a Leon. Soy un puto desastre Trina y lo sabes – le explico moviendo las manos.

-         ¡Pero eso no te impide tener sentimientos por él! Ailee… tú no tienes la culpa de tener un pasado así. Tu madre era el desastre, no tu. Tú sólo eres una víctima en toda esa mierda ¿por qué te pones como la mala? – me recalca.

-         ¡TRINA BASTA! – le advierto.

-         No Ailee perdóname de verdad. Pero no puedo quedarme como si nada cuando veo que ustedes están… así, enamorados – me puntualiza.

-         Nosotros somos y actuamos como hermanos, fin de la discusión –le digo.

-         Dime alguna diferencia entre la relación de Marcos y yo y la de ustedes, dímela. – me pide ya impaciente.

-         Primero que él y tu no son hermanos y segundo que tú no tuviste una vida como la mía – le digo mirando al suelo evadiendo sus ojos.

-         La única diferencia Ailee, es que Marcos y yo tenemos sexo, pero de resto ¡es lo mismo! Incluso viven juntos ¿es que no te das cuenta? Tú no puedes vivir sin Leon, Ailee. Tus celos cuando viste que a Leon le entro una llamada de Roxy, cuando estábamos camino a la fiesta de la Universidad ¿cómo los explicas? – me sigue insistiendo. Maldición, tiene razón… no puedo seguir mintiendo.

         Luego de un rato, termino medio enojada con Trina y me voy al departamento. Al llegar, no veo a nadie en la sala y me quito los zapatos. Me siento en el sofá para descansar y escucho unos ruidos extraños, una especie de gemidos… ¿Qué es eso? Me paro del sofá dirigiéndome al cuarto y cada vez los gemidos se hacen más fuertes. Estando frente a la puerta, en menos de dos segundos me derrumbo por dentro, escucho a una mujer gimiendo de placer. Maldición, Leon está acostándose con alguien. No sé si es Sammy, Roxy, Trixy, Sophy, o cualquiera que termine con un “xy” al final, pero me destruye… Leon me destruye. De pronto noto que la mujer se calla, pasan dos segundos más y Leon abre la puerta. Su cara es de vergüenza, no me fijo si está desnudo o en bóxer o en lo que sea, solo me fijo en su cara…
-         Ai… Cu… ¿Cuándo llegaste? - me dice con voz entrecortada.

-         No hace mucho Leon… - le digo con los ojos llenos de lagrimas.

         En eso la mujer se asoma con la cara de “yo no fui”. Por mi mente pasan millones de insultos y vulgaridades para decirle, pero… solo doy la media vuelta y trato de salir corriendo del departamento con los puños colgando al lado de mis piernas. Siento las manos de Leon sujetarme los brazos pero con furia me zafo de sus brazos y trato de seguir pero me vuelve a agarrar y esta vez con más fuerza - ¡DÉJAME! – le digo gritando y llorando. Me vuelvo a zafar de sus brazos, me volteo y quedamos frente a frente. La mujer se viste rápido y se va sin decir una sola palabra. Me vuelvo a dar la vuelta pero Leon de nuevo me sujeta los brazos.

-         ¡¿Por qué te enojas?! Se supone que no sientes nada por mí ¿Por qué te molestas? ¡¿POR QUÉ?! – me grita Leon sin soltarme los brazos. Lo empujo.

-         ¡PORQUE ME DA LA GANA! – le grito entre dientes volviéndolo a empujar. Leon me rodea con sus brazos empujándome contra la pared y estrujándome el rostro - ¡Suéltame! – le insisto.

-         ¡No te voy a soltar hasta que me digas por qué estas molesta!, así que no insistas – me vuelve a gritar. Nuestras respiraciones empiezan a acelerarse y a escucharse. Estamos muy cerca – ¿Por qué de pronto te molesta tanto? Me acuesto con mujeres prácticamente a diario ¿o es que no lo sabías? – me dice. Me enfurezco y le golpeo el pecho una y otra vez con fuerza y él me agarra las muñecas y me vuelve a empujar contra la pared – ¡Dime! – me vuelve a decir.

-         Nunca las traías al departamento – trato de que me crea.

-         Claro que si, ¡muchísimas veces! Aunque esta es la primera vez que viene una desde que vives conmigo y que además se acuesta en mi cama. Pero sabes perfectamente que esa no es la razón de tu enojo, Ailee… - intenta desenmascararme.

-         ¡SI LO ES! – intento volverlo a golpear pero mis esfuerzos son inútiles porque me sujeta las muñecas muy fuerte.

-         ¡NO LO ES! – me desmiente y me empuja contra él. Empiezo a llorar y exploto.

-         ¡TE AMO LEON! – hago una pausa llorando – ¡No soporto verte con ninguna chica que no sea yo, no me gusta! ¡Leon no me gusta! – añado volviendo a hacer otra pausa – En realidad siempre me molestaba que estuvieras con otras chicas, pero nunca te decía nada porque pensé que no sentías nada por mí. Cuando salías y no llegabas sentía que me iba a enloquecer pero nunca te dabas cuenta de eso… EN CONCLUSIÓN… TE AMO – suelto al final. Lloro bajando la cabeza quedando mi frente en su pecho. Me sube el rostro hasta rozar mi nariz con la suya y me seca las lágrimas con sus dedos.

-         Maldita sea… te amo. Pero eres muy inocente y algo me dice que si llego a estar contigo te voy a lastimar y… no quiero eso – me dice resignado – Pero en este momento te voy a besar – añade y antes de que pueda decir algo, me besa. El beso se prolonga y él se me pega más a mí. De pronto se detiene y se esconde detrás de mi oreja sintiendo sus respiraciones en mi clavícula – Me voy a ir, siento que no resistiré…  – agrega dándome un beso en la frente.

         Él recoge un poco de ropa, de dinero y en menos de dos horas se va del departamento. Por un momento me arrepiento de haberle confesado todo pero, es mejor que piense que él es “malo”. Él sabe de mi pasado pero no conoce absolutamente todos los detalles y de eso estoy segura, pero pienso que lo mejor es que se vaya o de todas maneras terminaría yéndome yo. Pero ¿por qué me duele tanto? Lo único que no quiero es arrastrarlo conmigo a mi maldita desgracia y sé que si se queda eso es lo que pasará. No nos despedimos, él simplemente me sonríe y se va. Leon no es el “mejor chico del mundo” pero si se puede conseguir a alguien que no tenga tantos traumas encima como yo. 

Capitulo XIV
         Pasan los días, las semanas y los meses. Visito a mis padres de vez en cuando pero nunca veo a Leon. Les doy la excusa de que Leon y yo no nos llevamos bien y que por eso él decidió irse y dejarme el departamento – al parecer me creen -. Trina – a quien le cuento todo lo sucedido – de vez en cuando me cuenta cómo está Leon por medio de Marcos quien le permitió a Leon quedarse en su casa. Me entero de que están empezando a trabajar juntos porque están montando una constructora en asociación con otros amigos pero siendo Leon y Marcos, Presidente y Vicepresidente respectivamente. Culmino mi último semestre y viene mi graduación. Invito a mis padres y por supuesto a Leon. No puedo negar que quiero verlo pero sé que él me está evitando y no pienso insistir. Sin embargo; pienso que de una u otra manera debería asistir a mi graduación y le mando la invitación con Trina.
         Llega el día, Trina y yo nos vestimos en su casa y los padres de ella nos pasan recogiendo y llegamos. Me siento y empiezo a mover la cabeza para ver si mis padres o Leon llegan. Luego de dos minutos cuando empieza el acto, veo a mis padres llegar… “que bellos” es lo que me digo. Espero y espero pero no veo a Leon por ningún lado. Veo a Marcos llegar – muy elegante – y por un momento pienso que viene sólo pero… detrás de él veo a Leon quien no ha cambiado nada, sigue igual, sólo tiene un nuevo corte de cabello, de resto está exactamente igual. Leon… me quedo pensando pero desvío la mirada rápido antes de que note que lo estoy observando.
-         Disimula aunque sea un poquito – Trina nota mi reacción y no duda un segundo para fastidiarme.

-         Estoy normal, no empieces – intento asegurarle.

-         Si claro. Sabes que estabas desesperada por verlo, se te nota en los ojitos – me dice poniendo muecas burlándose.

-         Trina ¡YA! – alzo la voz y todas las personas en el acto se quedan en silencio mirándome como diciendo “ésta está loca”. Creo que si lo soy, definitivamente. Trina quiero matarte.

-         Disculpen – digo agachando la cabeza de vergüenza.

          Me entregan mi diploma y luego mi reconocimiento por buenas calificaciones, Andrea llora – ella siempre tan sentimental – y me felicita desde su asiento, igual que Guillermo.
-         Por favor pedimos a todos aquellos parientes que se coloquen al lado de su familiar para felicitarlo por haber culminado sus estudios con gran éxito y dedicación – dice el rector. Mis padres y Leon se levantan colocándose a mi lado, toman una foto grupal y luego nos toman una foto sólo a Leon y a mí. No puedo mentirme: estoy loca por Leon y siempre lo estuve pero siempre me negué a reconocerlo por muchas razones. Pero ahora sé que entre nosotros nunca sucederá nada porque él dice que ser una basura para mí y yo tampoco soy la indicada para él. Maldición, que drama.

-         ¡Ay, mi niña tan bella! Se me graduó ya… no puedo creerlo Guillermo ¿Qué hace que la inscribimos en el bachillerato? – dice Andrea llorando causando que Leon y yo nos separemos. A lo lejos veo a Trina con sus padres y Marcos a su lado. Me acerco a felicitarla y ella me felicita a mí también “¡Lo hicimos!” gritamos las dos juntas saltando. Marcos también me felicita cargándome y dándome vueltas en el aire. Leon felicita a Trina – han sido como hermanos también – despeinándola como siempre.

         Por un momento me doy cuenta de que Leon, Marcos, Trina y yo no sólo hemos sido los mejores amigos de toda la vida sino que además somos como hermanos de verdad, desde la infancia hemos estado juntos y lo estaremos siempre. Marcos besa a Trina sorpresivamente sin importarles la presencia de los padres de ella. Leon se queda mirándolos sonriendo y yo lo miro a él, luego el voltea hacia mí y yo bajo la mirada.

-         ¡Felicitaciones Piojo! – por fin me habla, se queda mirándome – Toda una traductora ¿no? – me dice golpeándome suavemente la nariz con el dedo.

-         Gracias. Eh… si, cinco idiomas no es cualquier cosa. Requiere de esfuerzo – le digo sonriendo. Mi corazón empieza a acelerarse, siento como si estos meses no hubiesen pasado. Sigo sintiendo exactamente lo mismo por él, mis sentimientos no han cambiado ni un poco.

-         Hey, Ai ¿Quieres saber por qué llegamos tarde él y yo? – me pregunta Marcos – “Oh será que esta camisa está bien” “No, mejor ésta” “Marcos dime ¿la corbata azul o la negra?” “¿Crees que a Ai le parezca muy escandalosa ésta?” – imita Marcos a Leon burlándose despiadadamente de él. Yo me empiezo a reír implacablemente y Leon solo mira a Marcos con ganas de asesinarlo y lo toma por el cuello.

-         No te rías mucho, querida. Mira que me duelen las manos de arreglar tu cabello ¿de cuándo a acá te gustan los risos, Ai? O sea ¿no era a Leon al que le gustaban los risos en las mujeres? – dice Trina acariciándome los risos. La odio de verdad. Me le quedo mirando con los ojos pequeños de la rabia.

-         Solo quería un peinado nuevo Trina – digo muerta de la rabia y de la vergüenza. Leon sonríe sutilmente y en eso mis padres se despiden porque dicen tener una reunión importante.

-         No tomen mucho, chao cuídense. Cuídala Leon – le dice a Andrea a Leon – Estas hermosa Trina, le acabo de decir a tu madre que te cuide mucho. Saludos a tus papas Marcos, diles que mañana los espero en la casa para conversar lo de la próxima inversión – añade Andrea despidiéndose de todos con un beso. Guillermo también se despide y después se van juntos. Nos quedamos un rato conversando con los padres de Trina hasta que también ellos se van.

-         Mis mujeres se han graduado ¡hay que celebrar! Decidan… ¿discoteca o mi casa? – nos pregunta Marcos. Al final decidimos ir a su casa y Marcos invita a casi todos los que se graduaron con nosotras – Unas 80 personas mínimo-. Me voy a casa de Trina para cambiarnos, nos duchamos y nos vestimos. Ella me presta un vestido bastante sexy digamos – escotado por la espalda y por el busto –. Me maquillo, me peino, ayudo a Trina con su vestido y nos vamos.

Capitulo XV
         Cuando vamos llegando recuerdo cuando estuve la última vez en casa de Marcos – desastre total – cuando Leon “descubrió” mi pasado. Desde la entrada de la urbanización se escucha la fiesta. Entro a la mansión y todos enfocan la mirada en nosotras, trato de obviarlo. Con la mirada empiezo a buscar a Leon pero no lo encuentro. Saludo a todos en la fiesta y luego me sitúo como siempre en el bar – alcohol, alcohol, alcohol -. Empiezo a tomar unos tragos – tequila – y Trina me invita a bailar. Se me empiezan a pegar los chicos como siempre pero los alejo inmediatamente. Luego de unos segundos en mi espalda siento el familiar pecho de Leon. Leon está aquí – me digo-. Me volteo y antes de que termine de sonreír lo veo muy bien acompañado.
-         Ella es Brisley, te la presento – me dice Leon sonriendo falsamente.

-         Mucho gusto, Leon me ha hablado mucho de ti – me comenta la tal Brisley. El pecho se me hunde pero no muestro indicios de enojo o furia o al menos eso creo.

-         Un placer Brisley, espero que disfrutes de la fiesta – digo tratando de parecer la “hermana” más normal del mundo. Luego nos sentamos los cinco en el bar.

-         ¿Y cuanto tiempo llevan juntos? – le pregunta Trina con el mayor sarcasmo que puede tener. Lo a que a mí me molesta a ella también.

-         Seis días – responde Brisley. Trina suelta una carcajada tan fuerte que todos nos quedamos mirándola.

-         ¡Vaya Leon! De verdad que ésta vez batiste record, lo máximo que duras en una relación son dos o tres horas, depende de cuánto tiempo te lleve llegar a un orgasmo ¿ahora no solo te acuestas con las mujeres sino que además te haces su novio? Que bello de verdad… - le comenta Trina a Leon. Trina se muestra demasiado indignada, es obvio que está hablando por mí.

-         Amor… Vamos a bailar – le ofrece Marcos.

-         ¡No, no vamos a bailar Marcos! ¿a qué juegas Leon? ¿Qué es lo que estás haciendo con tu vida? Sabes bien que con esta chica no vas a pasar de esta noche luego de que te abra las piernas. Ustedes dos definitivamente me tienen harta – añade Trina refiriéndose a Leon y a mí. Brisley se empieza a sentir incomoda y se levanta yéndose apenada.

-         ¿Harta de qué Trina? – le pregunta Leon.

-         ¡De que ustedes dos se resistan siempre! ¿Hasta cuándo? Desde niños se quieren ¿o creen que Marcos y yo no nos dábamos cuenta como se miraban y se miran ustedes dos siempre? Leon, tu no soportas siquiera ver a Ailee bailando con otro chico y Ailee tu detestas ver a Leon con una puta como esa ¿es que no se dan cuenta? Estos meses que han estado separados parecen dos zombies, no tienen vida. No pueden vivir sin el otro… ¡EN CONCLUSIÓN!… ¡SE AMAN! – nos regaña Trina. ¡Rayos! siento que Trina dijo todo lo que yo quería decir. Amo a Leon si, pero él se va a cansar de mí cuando se entere de todos los detalles de mi pasado y eso es justo lo que no quiero.

         Me levanto del bar y me adentro al mar de gente para salir de la tensión. Tomo otro trago y luego otro. Bailo una canción y luego otra. Me empiezo a marear, ya han sido unos dieciséis tragos más o menos. Me siento un rato por el mareo, empiezo a cantar en conjunto con la música.

-         Quiero bailar, linda – me dice un chico a quien ni siquiera le miro el rostro.

-         Que bueno… – me limito a responder con mi vista en el bar.

-         No seas así belleza, bailemos aunque sea una canción – me insiste. De pronto se me viene a la mente todas las mujeres de Leon – Brisley, Sammy, Roxy, Sophie, Trixie, etc – y sencillamente pienso que no tiene nada de malo bailar con un chico.

-         Está bien… por una canción no hay problema – acepto.

         Empiezo a bailar con este chico al que ni la cara le he visto bien. A lo lejos veo a Marcos y a Trina bailando y a mi lado me percato de mi mala suerte… Leon está bailando con una chica nueva justo a mi derecha. Empiezo a bailar mas pegado con el chico tratando de ignorar a Leon. Me escondo en el pecho del chico pero sólo recuerdo cuando baile la última vez con Leon que fue cuando por primera vez… lo deseé. Me empiezo a marear cada vez más por las luces y el alcohol que aun me hace efecto. De pronto siento que mi rostro está rozando los labios del chico y cuando el chico me sujeta la cintura siento que alguien me jala.

-         Baila conmigo – me pide Leon apartándome del chico.

-         Dile a Brisley que venga y baile contigo, coqueto – le digo volviéndome al chico.

-         ¡Si le vuelves a poner una mano encima, te vas a arrepentir pollito! – le amenaza Leon al chico.

-         ¡Leon déjalo en paz! – le grito mirándolo a la cara.

-         ¡Sabes que no puedo! – me dice acercándose a mí – ¡Baila conmigo! – agrega insistiéndome. El chico se retira y no tengo más opción que aceptar.

         Me coloca una mano por la espalda y la otra en mi cadera. Empezamos a bailar demasiado pegados el uno al otro. Empiezo a sentir su respiración en mi cuello y él seguro sentía la mía en el de él. El sudor empieza a recorrernos, me baja la mano hasta la parte más baja de la espalda y yo pongo ambas manos en su cuello. Pegamos frente con frente y nos movemos al ritmo de la música. Bajo una mano hasta su pecho. Subo la cara y varias veces nos rozamos los labios.

-         No aguanto más… – me susurra al oído.

-         Yo tampoco… – le confieso. Subo mi cara y lo beso. Él me corresponde y sube sus manos hasta mi rostro y yo termino de bajar la otra mano a su pecho. Nos besamos y nos besamos en medio de la gente quien no nos presta atención por la música fuerte. – Sabes que no vas a sentir con ninguna chica lo que sientes conmigo Leon, acéptalo – le digo en un susurro – Vámonos de aquí – añado.

Capitulo XVI
         Nos vamos en mi auto porque él dejó la moto en casa de Marcos. Paseamos por varias zonas de New York sin bajarnos del carro, en silencio. Solo miramos las calles y la gente mientras escuchamos música. Luego, llegamos al estacionamiento del edificio y nos quedamos mirando al parabrisas un rato. 

-         Sube y descansa – me dice agarrando fuerte el volante.

-         ¿No quieres subir? – le pregunto espontáneamente.

-         Ai, no creo que sea prudente – dice agachando la mirada.

-         Es tu departamento Leon. La que debió irse era yo no tú – le insisto. Empieza a llover.

-         Ai, no sé qué experiencias hayas tenido tu pero… si yo subo contigo al departamento… no te dejaré salir, créeme. Es mejor que me vaya, sube y hablamos mañana – continua sin soltar el volante. No entiendo que me está diciendo…

-         ¿Experiencias? ¿De qué hablas? – pregunto inocente.

-         Hablo de que cuando estas con un chico me imagino que… sientes… y haces cosas ¿no? – pregunta nervioso.

-         Cosas… - entiendo, suelto una pequeña carcajada – Yo no he tenido ese tipo de “experiencias”, Leon. Yo no… - no termino de decir que no he estado con nadie.

-         ¿Eres virgen, Ai? – me pregunta confundido y asiento – Siendo tan atractiva y… sexy ¿no has estado con nadie? – insiste y es cuando me provoca decirle que sólo he tenido deseos “carnales” por él, solo por él. Pero la situación me da risa.

-         ¿Piensas que soy sexy? – le pregunto en medio de risas - ¿Desde cuándo lo piensas? – reitero.

-         Ailee, no sólo pienso que eres sexy... te deseo y después de decirme eso, ahora más que nunca. – me dice casi en un susurro al final. Mi expresión cambia inmediatamente y el corazón se me empieza a descontrolar como de costumbre.

-         Yo también. Con la única persona que he querido… estar… es contigo – le reconozco sin poder mirarlo de la vergüenza. Leon se sale del carro sin decirme nada. Me salgo yo también y me mojo – no me había dado cuenta de que estaba lloviendo – le cojo el brazo a Leon volteándolo. - ¿Por qué insistes en huir de mi? – le pregunto desconcertada.

-         Ai, me voy – me dice pero lo detengo poniéndome en frente.

-         No quiero dormir más sola, Leon. Toda la vida… había tenido pesadillas y desde que empecé a dormir contigo no las tuve más, pero cuando duermo sola vuelven las pesadillas y… - no termino – Sube conmigo – le insisto. Le cojo la mano y él cede.

         En el departamento, me quito los tacones, la ropa mojada y me pongo una de mis pijamas. Le mando un mensaje de texto a Trina para decirle que estoy bien y que no se preocupe porque si no lo hago, no tendré vida con ella al día siguiente.

-         Me gustaba más como te quedaban mis camisas –  reconoce Leon quien está sentado en la silla del comedor.

-         A mi también pero como te fuiste… - no termino porque se sobreentiende - ¿No te quieres duchar? – le pregunto y se pone rojo hasta la frente. Me rio – No te estoy diciendo que te bañes conmigo Leon. Sólo te lo digo porque puedes resfriarte. No te voy a pedir que te acuestes conmigo tranquilo – aclaro sin dejar de reír.

-         Es que eso no me lo tienes que pedir – me dice lascivamente y se me borra al instante la sonrisa.

-         Lo sé… - reconozco seria y mirándolo fijamente. De pronto todo se vuelve en torno a nosotros dos y nuestros deseos…

-         Me voy a duchar, entonces – me dice pasándome por un lado.
         Pasan unos quince minutos y sale del baño. Entra al cuarto, le paso un bóxer – que fue lo único que quedó desde que se fue – limpio. Se los pone rápido y se sienta conmigo en la cama.
-         No creo que pueda sólo… dormir Ailee – Leon está nervioso. Y yo también, no lo niego.

-         Hablas como si me quisieras violar o algo parecido… – le digo tratando de reírme.

-         Yo lo que quiero es hacerte el amor, Ailee – me confiesa. Nos miramos y miramos. Estoy segura, quiero ser completamente de Leon, solo de él. Me arrodillo en la cama y me pongo encima de Leon – quien está sentado – y lo beso. Toma mi cintura con sus manos y yo hundo su cabello entre mis dedos. – Ai… – intenta detenerse pero lo callo volviéndolo a besar.

-         Hazme el amor entonces… – es lo último que digo.

         Las manos de Leon acarician todo mi cuerpo y mis manos el suyo. La fuerza de él es increíble, con un brazo me quita la ropa y con el otro me acuesta. Me besa el cuello y el pecho. Se termina de desnudar y entra dentro de mí con un movimiento suave y rítmico.

-         ¿Estás bien? – me pregunta jadeando.

-         Créeme que si – le respondo.

         Me sonríe y me vuelve a besar. Sus movimientos se hacen más fuertes y mis uñas se deslizan por su espalda, mis gemidos se vuelven más fuertes y sus respiraciones las siento intensas en mi cuello. Empezamos a sudar, no paramos de besarnos y se vuelve a mecer dentro de mí, sus movimientos se aceleran y hundo mis uñas en sus musculosos brazos. Él coloca las manos debajo de mi espalda sujetándome y en medio de movimientos, jadeos y gemidos llegamos al punto máximo de placer.

-         Eres mía – me dice tumbado a mi lado abrazándome.

-         Siempre lo fui… – digo dándole un beso. Él me besa la frente y nos dormimos. 

Capitulo XVII
         Me levanto al día siguiente a preparar unas tostadas. Me coloco la camisa que tenía puesta Leon el día anterior – que ya está seca – y mientras estoy cocinando siento unas manos en mi vientre y un beso cálido en el cuello.
-         ¿Qué desayunaremos hoy? – me pregunta apoyando su barbilla en mi clavícula.

-         Lo de siempre niño – le respondo riendo.

-         Te amo – me dice sorpresivamente. Me voltea y me besa suavemente. Siento su aliento a pasta de dientes. Sus manos bajan hasta mis piernas y me levanta colocándome encima del comedor. Entierro mis dedos en su cuello y su cabello. Y… hacemos el amor de nuevo.

         Leon se va a lo de la constructora y se despide de mí con un beso en los labios. Llamo a Trina y la invito un rato al departamento. Desde que me gradué, siento que me hace falta la Universidad.  

-         ¡Dime dime!… ¿ya se declararon? – me pregunta mordiéndose los labios. Creo que ella está más contenta que yo con lo de Leon. Asiento y ella grita de emoción, me vuelve a abrazar – ¡Al fin! Que bellos… esto hay que celebrarlo – me comenta súper feliz.

-         Está bien – le respondo. Luego seguimos hablando de lo que sucedió después de que él y yo nos fuéramos de la casa de Marcos, y hablamos el resto de la tarde.
         Salimos al centro comercial a comprar ropa – muchísima como siempre-. Luego nos devolvemos al departamento en donde vemos a nuestros novios – aun no me acostumbro a esa palabra – jugando videojuegos.
-         El trabajo está muy rudo ¿verdad? – les pregunto sarcásticamente e inmediatamente pausan el juego.

-         Es que Guillermo me lo regaló hace unos días y tenía que jugarlo, Piojo – me dice Leon mirándome como un tonto. Me les siento en medio y miro a Marcos.

-         Leon es una niña jugando. Juega conmigo, yo fui entrenada por mi padre así soy más experta que nadie en videojuegos – le digo a Marcos y Leon me tuerce los ojos.

-         Guillermo me enseñó a mí también… – me dice Leon a la defensiva. 

-         Tu empezaste a jugar fue cuando Andrea y Guillermo se casaron, yo jugaba desde antes con él. Tu no sabias qué era un videojuego hasta que… - me interrumpe Leon con un beso en los labios.


-         Hasta que te conocí, pequeña – completa Leon. Marcos y Trina nos empiezan a mirar y a sonreír.

-         ¡Ay, que bellos! – comenta Trina – Tu nunca me besas así – le reclama a Marcos cambiando su cara radicalmente.

-         Siempre me has dicho que no te gustan los besos robados ¿Quién te entiende? – le dice Marcos levantándose del mueble y acercándose a ella.

-         Las mujeres siempre nos hacemos las difíciles ¿es que no lo entiendes? – le grita volteándole los ojos.

-         Nena, bésame y ya – finaliza Marcos y por supuesto, se besan.

         Marcos y yo empezamos a jugar y por supuesto yo gano, él me pide la revancha y seguimos jugando. Trina y Leon por su lado empieza a preparar unos tragos especiales – ella hizo un curso de coctelería en verano y Leon siempre compra licor de todo tipo – y empezamos a tomar, hablar, bailar, etc. Ya en la madrugada Trina y Marcos se van a sus casas. Leon y yo nos acostamos y me pongo a pensar en Andrea y Guillermo acerca de cómo tomarán nuestra relación.

-         Estoy pensando en Andrea y Guillermo ¿Crees que no lo acepten? – le pregunto seria refiriéndonos a nuestra relación. No noto preocupación alguna en su rostro, todo lo contrario.

-         La primera vez que te vi yo era un adolescente y tu una niña… siempre fuiste muy valiente… ¿te acuerdas esas veces cuando te buscaba a tu salón y yo le decía a tu maestra que a nuestro padre le había pasado algo para que te dejara salir y yo te llevaba conmigo a la playa? – me pregunta anecdóticamente y veo su sonrisa. Hago caso omiso de su cambio de tema.

-         Cuatro días de sanción nos pusieron a ambos por eso… y la cara de Andrea… – no termino porque el recuerdo me causa risa y Leon y yo empezamos a reír a carcajadas – Guillermo siempre nos defendía… fue una época memorable – le digo acurrucándome en él.

-         Siempre fuiste tú, Ai. No me había dado cuenta que mi vida siempre estuvo centrada en ti… – me dice mientras yo apoyo mi cabeza bajo su mentón – Has sido la única chica de la que siempre me he preocupado, la que siempre celaba con el pretexto de que era mi “hermana”, la que podía abrazar cuando quisiera, a la única que le he contado todo de mi vida. La única con la que he peleando TANTO… No te preocupes Piojo, sé que mi madre y Guillermo lo entenderán, a lo mejor les cueste al principio pero al final tendrán que concientizarse – me dice posando un beso en mi frente. Me siento culpable, ya que yo si no he podido contarle todo de mí, de mi verdadero pasado. Es difícil…

-         Confiaré en ti entonces – le digo besándolo – La primera que yo te vi pensé… es lindo – me río y continuo – luego los años pasaban y siempre estaba contigo. Sólo contigo me sentía… segura. Recuerdo esas veces en que decías que yo era tu novia para deshacerte de tus muchas pretendientes y yo no me sentía incomoda en lo absoluto, incluso deseaba que fuera verdad. Y mi primera vez con el alcohol – le digo y él automáticamente me tuerce los ojos riéndose – Fue tu culpa… tenía solo quince años y se supone que tú me cuidarías porque eras un adulto – le digo con un puchero.

-         ¿Y por qué crees que no te dejé tomar más hasta los dieciocho? Tuviste una intoxicación alcohólica y tuve que pagar una multa porque te llevé al hospital y yo era tu tutor… Dios, eras tremenda ¿no? – dice mirándome por el rabillo del ojo. Es verdad, siempre fui muy fiestera pero Leon siempre cuidaba de mi y asumía mis culpas, por ello incluso soportó muchos regaños de nuestros padres.  Peleábamos mucho pero igual siempre dependíamos del otro. Al rato, nos quedamos dormidos…

         Pasan los días y todo parece ir bien, perfecto diría yo. Trina y yo nos ponemos de acuerdo para empezar la Universidad de nuevo el próximo año, esta vez ella y yo estudiaremos Contaduría y Administración respectivamente. Por fin, Leon y yo damos el paso para informarles a nuestros padres acerca de nuestra relación.

-         Dígannos algo nuevo muchachos – nos dice Andrea mirándonos solo un segundo y volviendo a bajar la mirada a su copa de vino.

-         ¿Ya lo sabías, madre? – le pregunta Leon absorto.

-         Era obvio. Ailee nunca había tenido novio, tú nunca tomaste una relación en serio, se la pasaban juntos las veinticuatro horas del día prácticamente, tú la celabas y no como hermano, ella nunca dormía cuando salías y no avisabas, peleaban como marido y mujer y… digamos que Trina contribuyó un poco también a que nos termináramos de enterar, pero en realidad ya lo sabíamos todo hijo – nos dice Andrea con el tono más natural del mundo. Estúpida Trina siempre adelantándoseme en todo, aunque de todas maneras ya lo sabían, es lo mismo. Guillermo no ha levantado la mirada de su plato. Mierda, me siento más que descubierta…

-         Eh… bueno para eso los habíamos citado ¿Hay algo que quieran saber? No se… ¿les preocupa que vivamos juntos? – les pregunto tratando de buscar alguna reacción en ellos, pero no lo logro. Se quedan mirándonos como si nada.

-         Ustedes son dos adultos, ambos están graduados, Leon está trabajando y sé que tú no tardarás en buscar un empleo. Aunque de todas maneras ustedes siempre han tenido nuestro apoyo económico, así que… sólo les deseamos lo mejor hijos. Siempre supimos que se querían, pero no fue algo que consideramos malo ya que… sencillamente no los une la sangre – habla Guillermo. Leon y yo nos miramos como si nos dijéramos “Estúpidos” – así que si lo que querían era nuestro consentimiento, adelante – añade sonriendo – pero lamento decirles que su madre y yo nos tenemos que retirar porque tenemos a dos ejecutivos esperándonos en la empresa – agrega un poco apenado. Ambos se despiden y se van.

-         ¡No puedo creerlo! Tan asustada que estuve y para nada… – le comento a Leon riéndome.

-         Bueno… ya podríamos casarnos y tener hijos si quisiéramos – bromea.

         Nos vamos del restaurante y durante el resto del camino empezamos a hablar sobre la constructora, sobre mis estudios del próximo año, etc.

Capitulo XVIII
         Pasan las semanas y a Leon y a Marcos parece que les va muy bien en su trabajo. Yo, para pasar el tiempo salgo de compras con Trina, hago quehaceres o juego videojuegos, Leon trata de llegar antes de que anochezca siempre y a veces salimos o nos quedamos viendo películas en el departamento. Andrea llama dos veces al día para ver cómo nos va y todo hasta ahora está muy bien.

         Un día en la noche, mientras Leon y yo estamos durmiendo, suena mi teléfono. Salgo a escondidas de la habitación y contesto. Es Trina que me llama para sonsacarme.

-         Di que sí, desde hace años que no lo hacemos, Ai – me ruega Trina para que vayamos a una carrera de autos. Aunque ya ha pasado más o menos ocho meses desde la última vez que fuimos.

-         Casi te matas la ultima vez Trina, no voy a arriesgarte de nuevo, Marcos me mataría – le advierto decidida.

-         Un cortesito en la frente no es como si hubiera caído en coma – me dice con la esperanza de que acepte. Cuando ella tuvo ese accidente, Marcos me hizo jurarle que jamás la dejaría volver a las carreras por ello he evitado a toda costa volver a ellas.

-         No seas así Ai, hazlo por mí. Por favor, anda. Todos nos están esperando, ¡necesito correr! – me sigue insistiendo. Luego de lo que parecían horas de suplicas, me hizo aceptar.

-         Sólo con la condición de que será una sola carrera y nos vamos ¿entendido? – le amedrento.

-         Está bien, como digas, te espero a las 12 en donde siempre corremos -  cuelga.

         Me visto rápido y aprovecho que Leon está dormido para no tener que decirle a donde voy y así evito enredos con Marcos.


         Llego al lugar – que es una especie de autopista abandonada – con mi auto, Trina llega con el suyo, me mira esa cara de complicidad de siempre. Estamos haciendo algo muy peligroso, por no decir clandestino y no es como si no lo hubiésemos hecho antes, pero ahora pienso en Leon y sobretodo en Marcos...

-         Hoy me quedé en casa de Marcos, pero gracias a Dios él estaba dormido y no notó cuando salí – me dice con manos temblorosas. La miro con escepticismo.

-         Tuve que hacer lo mismo por ti. Si esos hombres se llegan a despertar dándose cuenta de que no estamos allí, se volverán locos, dígame Leon… dios todo lo que me haces hacer, amiga mía – culpo a Trina, quien me dice que todo estará bien y que sólo debemos calmarnos.

         Saludamos a nuestros antiguos amigos de carrera y les advierto que será sólo una carrera. Cogemos unos autos deportivos que sinceramente ni vi qué modelo eran debido a que no estaba muy entusiasmada que digamos sino más bien nerviosa por lo que estábamos haciendo.

         Agarro el volante y mis manos sudan resbalándose de él. Desde que llegué a la autopista me siento nerviosa, como si algo malo fuera a suceder. Miro por la ventana a Trina quien está en el otro auto sonriendo y guiñándome un ojo, pero permanezco seria. Empieza la carrera, en total somos cinco competidores. En un inicio, yo llevo la delantera pero después Trina me pasa, luego de dos minutos otro competidor pasa a Trina y luego yo vuelvo al primer lugar. Cuando estoy un poco animada por estar a punto de ganar… el pánico de apodera de mí, los frenos no me responden. He ganado la carrera pero no puedo frenar ¡maldición! Para completar mi mala suerte, la autopista llega a su fin con una pared de concreto al parecer de alguna construcción que está realizando allí… maldición no me importa por qué está la pared ahí la cosa es… me estrellaré.

         En menos de un segundo, todas mis vivencias pasan ante mis ojos, Andrea, Guillermo, mi casa, mi escuela, Trina, Marcos, incluso hasta mi verdadera madre de quien no supe mas nada y de último Leon… Leon, perdóname.


         Escucho gritos de una mujer, la voz parece ahogada, es Trina gritándole a los paramédicos. Veo todo oscuro y me desmayo de nuevo.

         Cuando despierto, solo veo luces y sábanas blancas encima de mí. Estoy en un hospital… maldición me duele todo. Aclaro mi vista y veo a Trina con los ojos rojos hinchados de llorar mirándome.

-         ¡Oh Dios! Despertó, ¡doctor despertó! – grita Trina, sin apartarse de mi lado. – Ai, dios mío. Perdóname por mi culpa estas así – dice con voz entrecortada por los llantos – Si no hubiera insistido tanto, nada de esto hubiese pasado, ahora estás así y ellos están… – Trina no termina.

-         Tranquila Trina – trato de hablar lo mejor que puedo, intentando ignorar el terrible dolor que siento en todo el cuerpo, por suerte no tengo tubos en la garganta – pero dime ¿dónde está Leon? – le pregunto reprimiendo las lagrimas.

-         Hasta hace un momento estaba aquí contigo, pero luego salió y dijo que no podía creer que lo habían perdido – me comenta Trina llorando pero no entiendo de qué está hablando…

-         ¿Qué perdimos Trina? – le pregunto con mucho desconcierto y miedo a su respuesta.

-         Ai, tenías tres semanas de embarazo ¿no lo sabías? – ahora la sorprendida es ella y yo la que llora. 

-         ¿Estaba embarazada? No puede ser… pero no tenía síntomas. Trina no puede ser, lo perdí, perdí a mi bebé… – no termino debido a mis llantos, empiezo a gritar - ¡Trina, lo perdí! – empiezo a llorar y a llorar, mis costillas duelen y mi cabeza aun mas, pero peor es el dolor que siento de haber perdido a mi hijo cuya existencia desconocía.

         Luego de horas y horas, empiezo a pensar en que la verdad nunca me cuidaba con Leon, era muy despreocupada con eso, no pensaba que quedaría embarazada tan rápido, no pensé… no pensé… Leon ¿Dónde estás? No te he visto desde que desperté. Me debe ver culpable por la pérdida de nuestro bebe pero necesito de su apoyo en este momento… maldición.

-         Debe permanecer en el hospital unos cinco días más señorita. Usted se rompió cinco costillas, se lastimó severamente la clavícula, además se fracturó la tibia gravemente sin contar con el fuerte golpe que recibió en la cabeza por el impacto y por dicho impacto su matriz también se vio afectada provocando un aborto espontáneo y... – el resto de las palabras del doctor no las escucho solo quiero ver a Leon, pero a pesar de que ha pasado un día entero él no se ha aparecido por el hospital, sólo Trina permanece conmigo siempre.

         Esa tarde Andrea y Guillermo me visitan, y se enteran de todo. Pensaba que me regañarían pero hacen todo lo contrario, me apoyan y me consuelan todo lo que pueden. Esa noche, Andrea se queda conmigo y me cuida para que Trina descansara. Ella me preguntó sobre Leon pero cambie el tema ya que no quería llorar más. Intente llamarlo por celular, pero mi orgullo fue más poderoso y no lo hice. Empecé a enojarme con él porque no venía a verme, sé que le afecto todo esto, pero lo necesito cerca no lejos.
         En la tarde siguiente me visita Marcos, noto en su rostro una melancolía que no es cotidiana en él. Me siento con esfuerzo para hablar con él.
-         Disculpa que no te haya visitado antes pero es que estaba calmando a… – no hace falta que termine para saber que habla de Leon, por el rostro de Marcos puedo suponer que él está mal.

-         ¿Cómo esta él? – le pregunto con ojos llorosos.

-         Mal Ailee, nunca lo había visto así. En el trabajo le dio un ataque nervioso y empezó a destrozar cosas incluso con clientes allí, tuve que calmarlo y llevarlo a su departamento. Él… es un desastre – me dice con un nudo en la garganta.

-         Me lo imagino, perdóname Marcos, te juré que jamás volvería a llevar a Trina a las carreras y… – me interrumpe sonriéndome.

-         No te preocupes Ailee, yo sé que todo lo haces por Trina, fue ella quien cometió el error pero eso ya no importa. Sé que estas muy mal también, no solo por los golpes sino por… ya sabes – me dice y mis lagrimas caen una tras otra, me duelen muchas cosas en este momento, mi cuerpo, mi cabeza, mi bebé, maldición… esto no tenía que pasar. Marcos me rodea con sus fuertes brazos y me acaricia la cabeza suavemente sin lastimarme mientras yo lloro desconsoladamente – Todo estará bien, Ailee. Tranquila. Todo pasará – me intenta consolar pero yo sé que esto que sucedió es muy grave.

Capitulo XIX
         Me dan de alta luego de los días indicados y me voy al departamento. Leon está sentado en el sofá mirando las noticias sin prestarme atención. Sigo al cuarto para dejar las maletas que tuve que traer sola del hospital. Él no me dirige la mínima atención. Voy al baño, bebo agua e incluso me pongo a lavar los platos, pero… estallo.
-         Estoy bien gracias – le digo sin apartar la mirada de su rostro y con los puños crispados a mis costados.

-         No te lo pregunté – es lo único que me responde sin apartar la mirada del televisor.

-         Yo no tuve la culpa Leon, ni siquiera lo sabía – le digo ya con voz trémula. Voltea su rostro y por fin me mira al mismo tiempo que se levanta dirigiéndose hacia mí.

-         Por supuesto que no lo sabías. ¡Si hubieras sabido que esperabas un hijo mío no te hubieras ido a las doce de la madrugada a manejar carritos con Trina arriesgando tu vida y la de tu hijo! ¿verdad? – me dice con ojos llorosos y la garganta apretada. Se aleja de mí y se pone los zapatos dirigiéndose a la salida pero me le pongo al frente.

-         ¿Lo primero que pasa y sales corriendo? ¡Yo fui la que lo perdí! El remordimiento esta es en mí, yo lo tenía en mi vientre ¡TU NO! – le grito pero sigue inmutable - ¿Qué quieres que haga Leon? No puedo hacer nada… nada – le digo mientras mi voz se va apagando gradualmente.

-         Es verdad… no puedes hacer nada, pero recuerda que el hijo que perdiste también era el mío. – es lo último que dice y se va. 

         Esta vez, me voy del departamento, cojo mis maletas y me mudo a casa de Trina por unas semanas. Trina esta igual de triste que yo, Marcos terminó con ella luego del accidente y desde entonces ni ella ni yo hemos vuelto a saber de ellos. Las pesadillas vuelven de nuevo. Sin embargo días después, a veces Trina llamaba a Marcos y hablaban de vez en cuando pero yo no llamo a Leon, sé que sencillamente no me responderá.
         Alcohol, fiestas, amaneceres es en lo único que puedo pensar. A veces Trina me acompaña y cuando no, voy sola. Estoy tomando demasiado últimamente, todas las noches llego borracha a la casa de Trina quien se encarga de mis resacas siempre y cuando es ella la que llega borracha yo soy la que la cuida. Somos un desastre la verdad, pero no nos importa o fingimos que no es importante para nosotras. Una tarde mientras Trina y yo limpiamos su casa, Max llama a Trina invitándonos a una fiesta en su casa, obviamente aceptamos.
         Llegamos a la fiesta, con nuestros atuendos. Como de costumbre todos se nos quedan mirando pero los ignoramos, en menos de un minuto nos empiezan a  coquetear dos chicos al mismo tiempo, yo solo callo sin interrumpir los halagos de los chicos hacia nosotras. Empiezo a tomar y tomar como siempre, pero aun no me siento mareada, el chico me invita a bailar y acepto. Luego de bailar por bastante rato el chico llega al punto que quiere llegar… sexo. Primero lo rechazo, pero cuando recuerdo la actitud fría y la desidia de Leon hacia mí empiezo a tomar hasta marearme “no esta tan mal” me digo y le digo al chico que sí. No veo a Trina por ningún lado para avisarle, así que sigo mi camino.
         Llegamos hasta el auto del chico, por mi ebriedad solo reconozco que es un carro pequeño.
-         No me beses en la boca – es lo único que le digo al chico quien asiente mientras empieza a besarme el cuello. De pronto empiezo a recordar todo, el accidente, mi perdida, la actitud de Leon, Leon… maldita sea no puedo olvidarlo, siempre ha estado en mi, siempre. Las manos del chico empiezan a subir hasta tocar mis pechos y empiezo a llorar ¿por qué hago esto? ¿por qué si en realidad no quiero? No te engañes Ailee, tú no quieres esto.

-         ¿Qué pasa? – dice el chico bruscamente al ver que no hago nada.

-         No puedo hacerlo. No puedo – le digo y ambos nos quedamos en silencio mirando por el parabrisas. De pronto escucho un golpe en el capo del carro y alguien abre el carro y saca al chico rompiéndole una botella de vidrio en la cabeza. Todo pasa tan rápido que por mi borrachera no puedo ver quién es, de pronto enfoco mi mirada y… Leon. Salgo del carro inmediatamente y trato de quitarle al chico a Leon de encima.

-         ¡Eres un enfermo Leon, déjalo en paz! – le grito pero él por primera vez no me escucha, parece sordo. Los golpes de Leon hacia el chico se vuelven más fuertes, intento detenerlo pero Leon parece fuera de este mundo. En medio de eso aparece Marcos quien lo agarra por la espalda tirándolo a un lado.

-         ¡Leon tienes que calmarte! vas a terminar preso si sigues así – le grita Marcos a Leon que al parecer quiere asesinar al chico. El chico coge su auto y se va todo ensangrentado, me sorprende que aun esté consciente.

-         ¿Qué haces aquí? – le digo con los dientes apretados - ¿En qué carajo estabas pensando Leon, ah? – sigue sin contestarme y lo golpeo en el pecho. Alguien por detrás me sujeta, Trina.

-         ¡El imbécil te estaba tocando! – me responde con ojos furiosos.

-         Eso ya no tiene nada que ver contigo, ya lo que los chicos quieran hacer conmigo no es tu problema – le digo sin gritar pero fuerte.

-         ¡Si lo es! – me grita.

Capitulo XX
         En medio de todo el griterío, noto un rostro familiar detrás del hombro de Leon. Cierro los ojos tratando de reaccionar. No puede ser, de nuevo… ese hombre, ese hombre. Me pongo las manos en el rostro y luego vuelvo a alzar la mirada y allí está… mirándome ¿Qué hace aquí? Salgo corriendo y empiezo a recordar todo. Mi cabeza y mi pecho empiezan a doler. Corro y corro, subo unas escaleras que al parecer son de un edificio. Subo y subo hasta que unas manos sujetan los hombros, es él ¡es él! – me digo – y empiezo a golpearlo y a gritar al mismo tiempo sin abrir los ojos – los cuales están bañados en lagrimas – tengo miedo, me matará, me matará. Golpeo cada vez más fuerte y él sigue agarrándome.

-         ¡SOY YO AILEE! – es Leon quien me grita para que reaccione. Abro los ojos por un momento y lo miro, es cuando empiezo a llorar con más fuerza y lo empujo.

-         ¡Vete! No tienes que verme así, vete… – le grito y no dejo de llorar temblando hasta los pies.

-         No me voy a ir. Ailee trata de calmarte y dime qué te pasa – me dice preocupado. Él sabe que no estoy bien y que lo que siempre me ha afectado ha vuelto, como la última vez en la discoteca.

-         Leon, me va a matar. ¡Él me matará! volverá a hacerme daño, ¡estoy harta! No quiero sufrir más… no quiero – le confieso llorando y pasando mis manos por mí cabello desesperada.

-         Nadie te va a hacer daño mientras yo exista, grábate eso – me asegura a medida que se acerca a mí.

-         ¡Si me hará daño! Si lo hará… – le grito asustada. Trato de seguir subiendo escaleras pero Leon me sujeta abrazándome para calmarme.

-         Quiero ayudarte pero necesito que me cuentes todo Ailee ¿quién es ese hombre al que le temes tanto, quién? ¿Te hizo algo? Dime para matarlo Ailee – me dice apretándome contra su pecho mientras yo siento sus respiraciones y poco a poco me voy calmando.

         Luego de unos minutos, nos sentamos en las escaleras. Yo veo al cielo en un estado de trance y empiezo a hablar sin que Leon me lo pida.

-         Sabes que soy hija de una prostituta, la cual es la mujer a la que más odio en mi vida. Nunca tuve madre en realidad, ella sólo me había dado su apellido, lo que hacía era utilizarme. Me despertaba a las doce de la madrugada y me sacaba a golpes a la calle para que vendiera “mercancía”. Llegaba a mi casa alrededor de las cuatro de la mañana luego de vender droga y encontraba decenas de hombres en fila esperando para “disfrutar con mi madre”, ella ni siquiera cerraba la puerta. Yo tapaba mis oídos pero no era suficiente… – las lágrimas se apoderan de mi nuevo pero aclaro mi garganta y continuo – desde que nací viví así o más bien… sobreviví. Llegaba de la escuela y casi siempre que llegaba veía a mi madre con varios hombres en la sala drogándose, ella me invitaba a probar y yo siempre me negué, pero si tomaba alcohol a veces. Llegue a la edad de ocho años así, viendo todo lo que no tenía que ver. Nunca supe quién era mi padre… o era, creo que ni ella sabía la verdad. Después de un tiempo Guillermo se mudó al lado de mi casa y él notaba lo que yo presenciaba día a día, él me compraba juguetes y a veces me cocinaba porque yo casi no comía y estaba muy delgada. Poco a poco así empecé a conocerlo y a encariñarme de él y él de mí -.

-         ¿Y a ella no le molestaba que hablaras con Guillermo? – me pregunta.

-         Leon, ella sólo me hablaba en la madrugada para despertarme para que vendiera droga y cuando llegaba para cobrarme el dinero, de resto ella no notaba mi existencia, ella le decía a sus amigos delante de mí que yo era su desgracia, su maldito aborto fallido… ¿crees que le iba a importar si un pedófilo abusara de mí y me matará? Creo que más bien el pedófilo le haría un favor… Por supuesto, tuve la suerte de que Guillermo no lo fuera… él me rescató en realidad, de toda esa desdicha – me callo por un momento recordando a Guillermo como mi héroe y prosigo – El hombre al que le temo es… a mi supuesto padre – me da un escalofríos en todo el cuerpo – Un día en la noche, mientras yo estaba sola leyendo en la sala, unos hombres irrumpieron en la sala, tenían aspecto de mafiosos. Abrían las puertas de toda la casa imagino que buscándola a ella… de pronto empecé a asustarme mucho, uno de los hombres de cogió de los hombros y me dijo que le dijera dónde estaba mi madre, obviamente no lo sabía y eso fue lo que le dije, y por supuesto no me creyó y me dijo que entonces yo… – mi voz se quiebra y cierro los ojos tratando de no recordar mucho detalle sino sólo lo principal – Me dijo que entonces yo pagaría por ella… él dijo que yo era su hija, pero que hasta “la familia tiene que pagar por su errores” –. 

-         ¿Ése hombre… tu padre, fue el hombre que acabas de ver? – pregunta Leon mas indignado que sorprendido por mi relato.

-         El hombre al que acabo de ver es simplemente alguien que se parece a él, pero no puedo ver a alguien que apenas se parezca a ese hombre porque… veo su ¡maldita cara! – digo con vehemencia y añado – Ese hombre, “mi padre” después de decirme que era su hija me tiró al suelo y junto a unos cinco o seis hombres más me golpearon y golpearon y golpearon… – mis sollozos vuelven y mis manos vuelven a mi cara – Todos sacaron sus cinturones y con la parte metálica me golpearon y muy fuerte… me patearon y yo rogaba que se detuvieran pero no me escucharon y aumentaban sus golpes tanto en fuerza como en cantidad… cuando empezaron a quitarme la ropa ya te imaginarás para qué, llegó la policía. Dijeron que por dos minutos fallecí en la ambulancia y con electro shock me revivieron. Pasé tres meses en el hospital, con Guillermo siempre a mi lado… mientras estuve recuperándome esos hombres fueron presos y hasta el sol de hoy están pagando por lo que me hicieron aunque nunca me sentiré satisfecha. A ella “mi madre” nunca la encontraron. Si está viva o muerta no me importa, pero en caso de lo primero preferiría lo segundo una y mil veces. Ella fue la culpable de todo lo que viví, de todo lo que esos malditos me hicieron y de lo que me hubieran podido hacer. Si alguien no hubiera llamado a la policía que nunca supe quién fue porque Guillermo me dijo que él no la llamó, hubiera muerto. – digo ya sin expresión. Leon no dejo de mirarme ni un solo segundo mientras le contaba mi horrible historia.

-         No… – intenta decir Leon.

-         No sabes que decir lo sé, no te preocupes no tienes que decir nada – le digo manteniendo mi mirada fija en el cielo – Ya te conté lo que nunca supo nadie además de Guillermo y Trina, puedes irte ahora tranquilo – le digo recordando que ahora él y yo no somos nada, que perdimos un bebé y que ahora debemos seguir nuestros caminos aparte

         Quiero dejarlo ir. En realidad nunca debí quererlo como algo más que un hermano, soy una absoluta desgracia para él, no es que él sea el mejor hombre del mundo, pero… prefiero mantenerlo lejos de mí.

-         Ailee… – dice Leon con voz entrecortada.

-         Me voy Leon, que estés bien – le digo levantándome de las escaleras sin mirarlo a la cara y empiezo a bajar.

-         Perdóname – me pide Leon, estando a mínimo dos metros de distancia.

-         Leon no me compliques mas todo, por favor… – le digo con ojos llorosos en tono de ruego.

-         Ailee, siento que me estoy muriendo. Sé que fui un desgraciado, porque lo soy. Te eche la culpa de todo y actué mal. Puedes conseguirte a un hombre mucho mejor que yo, pero… Ailee, te a… – dice pero al final lo interrumpo.

-         No. Leon, no. La única desgracia para ti soy yo. Quedémonos como hermanos y ya, como los amigos que siempre hemos sido ¿sí? – le digo ya con las lagrimas corriendo por mis mejillas. Él se acerca a mí tanto que casi nos tocamos.

-         ¿Tú una desgracia para mí? Ailee ¿de qué hablas? Eres lo único que de verdad tengo ¡Sabes bien que te amo! Ailee, te ruego que olvidemos todo y… – me ruega llorando. Aclaro mi garganta tratando de no demostrar lo que siento por dentro y fingir rudeza.

-         ¡No Leon! Basta. Tu y yo, no. No se puede ¡perdimos un bebé! Eso muestra que no debemos estar juntos. Algún día lo superaremos, no morirás por no estar conmigo, Leon. Te deseo lo mejor, niño… – trato de ser lo más severa posible, pero por dentro siento que me voy a desmayar. Bajo las escaleras con la mano en el pecho lo más rápido que puedo, llorando.

         Corro y corro. Llego a la avenida y cojo un taxi. Llego a la casa de Trina y me encierro en la que se ha convertido mi habitación. Empiezo a tener de nuevo un ataque. Esos hombres que me golpearon, la perdida de mi bebe, mi CONCLUSIÓN con Leon, todo atormenta mi mente. Empieza a dolerme mucho la cabeza, me tomo dos pastillas para dormir pero no logro dormirme, me tomo otra y aun no surge efecto. Empiezo a gritar, a aventar cosas, a lastimarme - ¿Por qué? ¿Qué mal le he hecho yo a alguien para esto? - todo parecía ir bien, sentí que me había recuperado pero no, estoy peor que nunca. Mi cabeza es una ruina ¡Leon! Lo necesito aquí, Maldición. Siento que alguien me sostiene los brazos por la espalda, pero antes de verle el rostro, me mareo y todo se vuelve negro.   

Capitulo XXI

         Despierto y me veo rodeada de puro desastre. Sabanas, cortinas, objetos en el suelo ¿Qué demonios?...

-         Despertaste, al fin – oigo a Trina decirme.

-         ¿Qué ha pasado? – pregunto sentándome. Trato de aclararme los ojos intentando entender el por qué de ese desastre ¿Qué ocurrió? ¿Qué hice anoche?

-         Que me destrozaste la habitación, más nada. Si Leon no hubiera llegado seguramente hubieses acabado con la casa también. Estas definitivamente loca Ailee ¿qué te ocurre? – me dice Trina regañándome pero noto preocupación en su rostro.

-         ¿Leon vino hasta acá? – pregunto muy consternada.

-         Si, anoche cuando saliste corriendo de la casa de Max, el te siguió. Tomaste un taxi olvidando que nos habíamos venido en tu carro. En fin, llegaste aquí y no te diste cuenta de que Leon venía detrás de ti en la moto. Escuchó ruidos y entró, fue cuando te vio con un ataque de histeria y cuando intentó detenerte, te desmayaste por las pastillas que te habías tomado… ¿Ahora también eres suicida, Ailee? – me pregunta sentada en el sillón de la habitación.

-         ¿Y después que pasó? – le inquiero.

-         ¿Qué pasó de qué? Él te acostó en la cama y empezó a arreglar algunas cosas que destrozaste pero en ese momento llegue yo y le dije que se fuera tranquilo, que ese desastre lo tenias que acomodar tu, no él – me dice regañándome severamente.

-         No te preocupes, compraré todo nuevo. Anoche me volví loca y no sé qué me pasó – digo con la mirada gacha.  

-         Si sabes, Ailee, si sabes… – me dice abandonando la habitación.


         Pasan los meses y definitivamente cancelo todas las fiestas. Desde entonces mi cuerpo se encuentra totalmente sobrio… me inscribo en un gimnasio y me pongo en forma. No he sabido nada de Leon desde la fiesta y trato de no enterarme de nada. Mientras esté más alejada mejor, pero en realidad sé que lo que más quiero es verlo… En cambio, Trina y Marcos volvieron y por ende Trina ya no pasa mucho tiempo conmigo, cosa que comprendo. Trato de mantenerme ocupada siempre, además del gimnasio, me inscribo en una academia de baile que es de una prima de Marcos. Hago todas estas actividades mientras espero que llegue el otro año para poder empezar a estudiar Administración.

         Marcos y Trina siempre me invitan a discotecas pero siempre pongo mil y un excusas para no ir. Solo he salido a hacer mis actividades y a veces al cine. Leo unos cuantos libros – Cumbres Borrascosas, Orgullo y Prejuicio, Violenta Tempestad de Amor, etc – y de resto lo que hago es descansar en casa de Trina en la que todavía me quedo.

        
         Llega navidad finalmente. Mis padres me invitan a pasar la nochebuena en su casa. Al principio me niego, pero luego ellos me dicen que no me preocupe que Leon no estará porque al parecer él viajará a Chicago. Esto me inquieta un poco, pero finjo que no me importa. Mis padres se enteraron por Marcos y Trina acerca de la separación de Leon y yo. Llego a su casa – que antes fue la mía – y me ofrezco a ayudar con la cena. Luego de la medianoche, después de cenar y todo eso, a mis padres se les ocurre la maravillosa idea de ir al departamento de Leon a dejarle un regalo que le compraron – Un montón de juegos de video –. Yo les digo que me quedaré en casa pero seguido de tantas plegarias en que vaya, soy convencida de ir. Pienso que de todas maneras él no estará y no me afectara en nada volver por un momento al departamento de Leon.

         Mientras mis padres caminan por el pasillo del edificio dirigiéndose al departamento, me coloco atrás de ellos para tratar de tapar de alguna manera mi presencia, a pesar de que sé que Leon no estará. Abren la puerta – si, Andrea tiene llaves del departamento – y dejan el regalo en el escritorio. Por un momento observo el departamento, veo que está todo desordenado y muy diferente a como lo dejé por última vez. Nos veo de pronto a Leon y a mí riéndonos en la cocina, en la sala, haciéndonos cosquillas, jugando videojuegos, peleando, etc., mis recuerdos permanecen totalmente vivos y me pregunto cómo estará él. Me meto en su habitación e ignorando la ropa tirada en el suelo, coloco mi regalo para él en la mesita de noche – una cadena fina de oro blanco con una palabra grabada en el dije: “Niño”.

         Le digo a mis padres que me dejen durmiendo esta noche en el departamento, ellos acceden y se van. Me acuesto vestida y cierro los ojos recordando todo. Algunas lágrimas se salen de mis ojos, pero rápido reprimo las siguientes. Me sirvo un vaso de agua y me voy al balcón pensativa. Al rato escucho unos ruidos en la puerta, imagino que son mis padres regresando porque algo se les quedó.

-         ¿Andrea qué se te qued… – no termino de preguntar porque mi estomago comprime mis palabras al ver a Leon entrando al departamento hablando por teléfono. Él, al verme cuelga inmediatamente.

-         Ailee… – es lo único que suelta Leon. Veo en sus ojos demasiada impresión.

-         Pensé que estabas en Chicago… – le digo sin terminar con la cara roja hasta la frente.

-         No, a la final los planes se arruinaron. Estas hermosa… ¿Cómo has estado? – me pregunta riendo con temor al parecer de que me vaya.

-         Gracias. Y, Bien… muy bien, haciendo ejercicio y bailando ¿y tú? – le pregunto mirándolo entrecerrando los ojos.

-         Bien, haciendo ejercicio también y trabajando como siempre – me dice tratando de sonar casual. – Ailee… – agrega acercándose a mí. Lo extraño tanto… quiero abrazarlo, besarlo, tocarlo. Segundos después lo abrazo con fuerza colocando mis brazos en su espalda y cuello. Me abraza también rodeando con sus fuertes brazos mi cintura y con sus manos apretándomela. Nos quedamos así unos breves segundos. Mis ojos se llenan de lágrimas y bajo mis brazos.

-         Me alegra que estés bien – le digo con voz entrecortada. Mi corazón empieza a acelerarse.

-         No sé qué decir – me dice sobándose la barbilla – Hacia mucho tiempo que no sabía nada de ti y de pronto estas aquí – añade acercándose más a mí. Pongo mi puño en su pecho tratando de marcar distancia y noto que su corazón también esta acelerado.

         Él se acerca más a mí todavía y yo subo mis brazos hasta su cuello. Lo inclino hacia mí, besándolo. Siento primero sus manos en mi cuello y luego fuertes en mi cintura, nos besamos con más fuerza y paso mi mano por debajo de su camisa negra, sintiendo su exquisito abdomen bajo mis dedos. Sus manos bajan desde mi cintura hasta mi trasero y mientras él me alza yo enrosco mis piernas en su cintura. Sigo besándolo sin detenerme. Mis dedos acarician su pelo y sus labios besan mi cuello. Me aprieta más fuerte contra él. Me lleva hasta la habitación y siento la cama en mis espaldas, se quita su camisa y vuelve a besarme, desabrocho su pantalón y él termina de quitárselo. Me alza por la espalda bajándome el cierre del vestido y me lo quita con suma facilidad. Me vuelve a acostar, nos quedamos completamente desnudos y siento su virilidad contra mi vientre.

         Se introduce en mí y gimo suavemente. Sus movimientos empiezan a ser rítmicos y sin dejar de besarlo coloco mis manos en su pecho y las bajo hasta su cintura. Leon besa mi cuello y asentamos nuestras miradas en el otro. Sigue balanceándose contra mí y en medio de gemidos, Leon me alza por la espalda sentándome encima de él. Empiezo a moverme yo, sus manos recorren mi espalda y su rostro se esconde en mi pecho. Me vuelve a acostar y vuelve a entrar en mi esta vez con más fuerza, nos besamos y besamos, mis uñas recorren su espaldas y él gime en medio de nuestros besos. Me besa la frente y sigue moviéndose contra mí cada vez más rápido hasta que… grito y él jadea. Él cae sobre mí y yo lo abrazo. Luego se coloca a mi lado.

-         Ese fue un gran reencuentro – le digo riendo.

-         Sí que lo fue – me responde abrazándome, besándome suavemente en los labios.

         No decimos más palabras por el resto de la noche y nos quedamos dormidos.

***
         Amanezco y noto que ya son más de las doce del mediodía, voy al baño a cepillarme los dientes. Salgo a la sala y veo a Leon de espalda sin camisa sentado en el sofá mirando al televisor y hablando por teléfono.

-         ¿Cuánto invertirán en la obra? – pregunta Leon. – Diles que está bien, pero que necesitamos un cuarenta por ciento más de esa cantidad debido a la zona donde se construirá la urbanización – añade. “Todo un arquitecto pues” me digo – Okey perfecto, hablamos mañana. Salúdame a Trina – agrega y cuelga.

-         ¿Trabajas también los primero de enero? – le pregunto. Leon se voltea y prontamente me sonríe.

-         En realidad no, sino que unos amigos de los padres de Marcos que fueron a pasar las navidades con ellos están interesados en hacer negocios con la constructora y pues no vamos a desaprovechar la oportunidad… ¿Cómo amaneciste? – me comenta y pregunta.

-         Ya veo que la constructora de verdad está creciendo, los felicito. Bien ¿y tú? – le pregunto aun no muy segura de su reacción por lo sucedido de anoche y por nosotros…

-         Gracias, y bien muy bien – noto que él también esta dudoso, pero ninguno da el paso. – ¿Estás ocupada hoy? – agrega.

-         No ¿por qué? – le pregunto un poco nerviosa.

-         ¿Qué tal si… salimos a comer algo? Claro si quieres – me pregunta.

-         Está bien, tengo hambre. Vamos – le respondo sonriendo sutilmente.


Capitulo XXII
           Vamos a un restaurante italiano. Noto que Leon y yo no hemos cruzado casi palabra, supongo que es por temor a que alguno de los dos diga algo que incomode al otro. Nos ubican en una mesa y por fin, empezamos a hablar.
-         Escuché de Marcos que te uniste a la academia de su prima – me comenta. Me doy cuenta de que Leon ha preguntado por mí, cosa que yo no hice en todos estos meses.

-         Eh, si. Me va muy bien, aprendí a bailar mambo es muy divertido – le comento y ambos nos reímos. De pronto imagino que el tiempo no ha pasado y que solo estamos comiendo como siempre lo hacíamos cuando estábamos juntos.

-         Deberías enseñarme un día de estos – me pide en tono burlista.

-         Con tus dos pies izquierdos ¡dudo mucho que lo logres! – le informo riendo ya a carcajadas.

-         Hey, que no baile salsa no quiere decir que no bailo los demás géneros, Piojo – me dice ya un poco ofendido, pero yo sigo riéndome.

-         Okey niño, está bien te enseñare – le digo tratando de frenar un poco mi risa. 

-         “Niño”… me gustó tu cadena. Gracias – me dice. Yo recuerdo que la había dejado en la mesita de noche. No me había percatado de que la tenía puesta.

-         Oh, de nada. Me alegra que te guste – musito.

-         Yo también tengo un regalo para ti – me dice y lo veo rebuscando en el bolsillo de su chaqueta – Toma – me dice entregándome una cajita decorada. Abro la caja y veo una pulsera de plata con un mensaje grabado: “Te amo, Piojo”.

-         Leon… gracias – le digo sorprendida por el mensaje grabado, mis ojos empiezan a ablandarse.

-         Ailee, no puedo callarme más. No es como si no lo supieras pero tengo que decirte que… te extraño y que necesito estar contigo. Estos meses para mí han sido los peores, perdóname… perdóname por echarte la culpa de todo. Te mereces alguien mejor, pero es que… siempre has sido tú, toda tú. Estas en mi mente y no te puedo sacar así como así… – me dice con ojos llorosos.

-         Leon… – lo trato de interrumpir, pero él sigue hablando.

-         Desde que yo era un adolescente, mi vida se centró en ti. Te conozco demasiado y sé que tu también estas igual. Tu bienestar siempre fue lo primordial para mí. Alejarme de ti es como alejarme a mí mismo. No puedo perderte Ailee, no puedo. Estuve con miles y miles de mujeres sí, es verdad, pero en el momento en que fuiste mía, me enamoré aun más de ti y sólo quise estar contigo, solo contigo. Tú eres para mí, no sé si yo para ti sí, pero estoy seguro de que la mujer para mi eres tú, Ailee. Sé que fui un imbécil y sé que me rechazarás de nuevo y te irás… Ailee, EN CONCLUSIÓN… TE AMO. Sé que nada es eterno pero de verdad te amo. – finaliza agachando la mirada. Tomo sus manos y pienso todo rápidamente decidida.

-         Mírame – le digo y él lo hace – No me voy a ir, no quiero – le digo con voz entrecortada. – Te extraño y sí sé que me conoces, por eso me alejé. Fuiste él que sacó de la miseria en que yo vivía, Leon. Lo que pasamos no fue fácil, nos marcó, pero a veces pienso que estar alejados es aun peor. Sé que yo fui la que decidí que esto se acabara pero… te amo – digo llorando al final.

           En ese momento, Leon y yo nos levantamos de la mesa y nos abrazamos sin importarnos la gente de alrededor. Nos besamos y sonreímos llorando.


           Atravesamos por muchas cosas, al principio creímos que no sentíamos nada el uno por el otro, hasta que no pudimos negarlo más. Luego mi adversidad al creer que por ser hermanastros no debíamos a estar juntos y mi espantoso pasado del que me sentía culpable. Por último nuestra dolorosa pérdida fue lo que más nos afectó. Muchas obstáculos, demasiados. Pero ninguno tan fuerte como para dejarnos de amar. Crecimos juntos, siempre nos amamos. Nos apoyamos. De alguna u otra manera estábamos juntos siempre… EN CONCLUSIÓN… NOS AMÁBAMOS. 

EPÍLOGO
         A los cuatro años, cuando terminamos nuestras carreras Trina y yo, ella y Marcos dieron el paso, se casaron. Fue gracioso cómo Marcos le propuso matrimonio, estábamos todos en una fiesta y mientras ellos bailaban, Marcos le pidió matrimonio y ella sin pensarlo aceptó.

-         ¡LOCA! Este loco me acaba de pedir matrimonio – me gritó Trina quien vino corriendo a mi junto con Marcos a los segundos de su proposición.

         Fue una de las cosas más graciosas que hemos vivido los cuatro. Ambos estaban un poco borrachos y al día siguiente no se acordaban de nada. Leon y yo nos encargamos de recordarles que ahora estaban comprometidos y… en efecto, a los meses empezaron a organizar la boda.


         En este momento Leon y yo estamos en su boda, somos sus padrinos, obvio. El padre esta pronunciando las típicas palabras en una boda…. “¿Acepta usted a Marcos Marianelli como esposo?”

-         Tengo algo para ti, toma. – me susurra Leon de pronto. A lo lejos veo a los padres de Trina y los de Marcos sentados junto a Andrea y Guillermo.

-         ¡Leon silencio!, ahorita me lo das. No seas inoportuno, aun no han terminado de casarse… – musito regañándolo.

-         Voltea Piojo – me insiste. Torciendo los ojos de mala gana volteo y…

-         Cásate conmigo – me dice sosteniendo un anillo y riéndose. Me coloca el anillo en el anular y…

-         ¡LOCA! Este loco me acaba de pedir que me case con él – grito en medio de la boda y todos los invitados se quedan mirándome. Trina me sonríe asintiéndome y me guiña un ojo mientras Marcos hace lo mismo con su amigo.

         Me volteo y abrazo a Leon besándolo.

-         Me casaré contigo, niño – le digo y él me besa sonriendo. Todos en la boda aplauden, incluida la pareja Marianelli.
        

         NOS AMAMOS…