lunes, 6 de febrero de 2012

COSA DEL DESTINO

     < Valeria.

 < Lui.

 < María Fernanda.

 < Remigio.

 < Sara.

 < Julieta.

 < Juliana.

 < Luis.

 < Luisa.

 < Esteban Budjak.

 < Oscar Reyes.

 < Linda de Budjak.

 < Gregorio Blay.

 < Viviana de Blay.

 < Ethan.
 < Liliana.
 



COSA DEL DESTINO

Género: Drama, Romance.

 

SIPNOSIS

Tenían las vidas perfectas… Lui y Valeria, dos seres que jamás debieron cruzarse y que jamás debieron relacionarse ¿Según quién?

Se conocerán de una manera espantosa y muy dolorosa, ellos no lo planearon, solo fue… COSA DEL DESTINO.

PRÓLOGO

Tres familias – los Blay, los Budjak y los Reyes – van en sus vehículos. Los Blay vienen solos y los Budjak y los Reyes vienen juntos.

Los Blay – Remigio, Viviana, Gregorio, Lui, Luis y Luisa – vienen de una fiesta y se encuentran un poco borrachos sobretodo Gregorio, quien va conduciendo. Luego de un rato, se dan cuenta de que se están quedando sin combustible y que la estación de gasolina más cercana se encuentra a una hora de donde se encuentran y… para no accidentarse, deciden devolverse. Antes de eso, conversan:

-          ¿Querida cuándo es que nos vamos de viaje? Porque tengo que dejar todo listo en la empresa para coger ese avión tranquilo. – le pregunta Remigio a su esposa Viviana. Ambos van en la parte trasera del carro junto a sus dos hijos Luis y Luisa, Lui va de copiloto con su tío Gregorio. 

 

-          No lo sé, mi amor… ¿Luisa hija, para cuando reservaste los pasajes? – le pregunta Viviana a Luisa que se quita los audífonos.

 

-          Para dentro de dos semanas mamá, pero el hotel dile a Luis que lo reserve, siempre lo reservo yo todo. – le responde poniéndose de nuevo sus auriculares.

 

-          Cualquiera cree… ociosa. – responde Luis con escepticismo sabiendo que ella no lo está escuchando. En ese momento Gregorio empieza a frenar para regresarse.

 

-          Tío ¿no te parece que es un poco peligroso cruzar en una curva? – le pregunta Lui a Gregorio muy preocupado.

 

-          Por dios sobrino, yo soy un piloto ¿verdad hermano? – pregunta Gregorio a Remigio.

 

-          Claro que si hijo, tranquilo. – suelta Remigio al final.

 

         Al cruzar, todos ven unas luces blancas acercarse…

 

 

Los Reyes – Oscar y María Fernanda – y los Budjak – Estefan, Linda, Valeria, Connie y Shanon – vienen de regreso de un día de paseo como familia. A pesar de todo, María Fernanda y su actual esposo, Oscar, llevan una muy buena relación con el padre de la única hija de María Fernanda, Valeria, y con su actual esposa, Linda, con quien Estefan, el padre de Valeria, tiene dos hijas más, Connie y Shanon, que son pequeñas. Por ende siempre salen juntos todos, es decir, los padres biológicos y los padrastros de Valeria tienen una gran amistad, dejando todas las diferencias y prejuicios que tiene la mayoría de la gente hoy en día de lado.

-          Cariño, deberías reducir un poco la velocidad. Piensa en las niñas. – le aconseja Linda a su esposo temblando de nervios. Ambos van de copiloto y piloto respectivamente.

 

-          No empieces Linda, yo sé lo que hago. – le responde bruscamente Estefan a su esposa.

 

-          Amigo, de verdad. Vas muy rápido y aquí las mujeres aquí están nerviosas. – le recomienda Oscar también, quien está junto a María Fernanda y Valeria en la parte de atrás. Connie y Shanon van en el maletero jugando con sus muñecas.

 

-          Es en serio, Estefan vas a ciento cuarenta casi, tus hijas y tu esposa están asustadas, piensa en ellas no en nosotros. – insiste María Fernanda alzando la voz nerviosa.

 

-          ¿Papá quieres matarnos o qué? Baja la velocidad, en serio. Siempre es lo mismo. – le grita Valeria a su padre. – ¡CUIDADO! –.

         En ese instante, todos ven un carro cruzando en medio de la oscuridad sin luces en la curva de la autopista.

        

         Ambos vehículos colisionan…

 

1.  HOSPITAL Y PÉRDIDA

 

VALERIA

 

-          Ha estado inconsciente por dos días señorita, tiene todas las costillas fracturadas y una de ellas le perforó el pulmón. Su trauma fue cerrado, es decir, todas las heridas las recibió por dentro, por ello casi no tiene lesiones externas. Pero lo que más me inquieta es su lesión en la cabeza, el impacto fue demasiado fuerte, es un milagro que esté viva y consciente. Estará en el hospital varias semanas, la veré más tarde, que pase buenas tardes. – me informa el médico, sólo siento dolor y dolor.

 

         No entiendo que hago allí, solo veo luces y luces y caigo en cuenta: tuvimos un accidente, ¡mi familia y yo tuvimos un accidente! Tengo la visibilidad nublosa y solo veo a Juliana, mi nana de toda la vida, sentada en el mueble. Cuando el médico sale se acerca a mi despacio con ojos nerviosos.

 

-          Ay hija, dime cómo te sientes. – me pregunta. No puedo responder al instante empiezo a llorar no sé si del dolor o de la impresión. Luego trato de respirar.

 

-          ¡Oh, nana! Estas aquí, pensé que estaba sola. – le digo sollozando. Por el punzante dolor en todo el cuerpo, apenas puedo respirar.

 

-          Claro que estoy aquí, hija. Seré como tu madre por estos días mientras te recuperas. Trata de no pensar en nada ¿sí? Necesitas recuperarte, tu estado de salud está muy mal. – me aconseja. Noto algo raro en sus gestos.

 

-          Mis madres, mis hermanas, mis padres… ¿donde están? – le pregunto. Veo que cambia la mirada a otra dirección.  

 

-          Reina, cuando estés un poco mejor te diré cómo están, no te preocupes. – me responde. Por el “no te preocupes” me quedo tranquila y no pregunto más.

 

         A los dos días siguientes, Juliana sigue sin decirme nada, pero mientras más le insisto menos me dice y yo más me empiezo a asustar. Necesito saber cómo esta mi familia.

-          Necesito que me digas algo nana, no puedo estar así por mas días… habla, te lo pido. – le ruego con lagrimas en las mejillas hinchadas. En ese momento entra el doctor a la habitación.

 

-          Lo siento señora, pero… necesito que Valeria reconozca los cuerpos porque su madre aun se encuentra en coma. – informa el doctor a Juliana, luego me mira y me quedo… gélida en la cama en la que estoy.

 

         Trato de untar las piezas, en el accidente pudieron haber muerto todos. Estoy apenas viva yo… mis hermanas, mis padres…

 

-          Doctor… ¿sólo quede yo viva? – pregunto con un nudo en la garganta preparada para gritar.

 

-          Y su madre María también, pero como ya dije ella está en coma y necesito que por favor usted reconozca los cuerpos. Traté de comunicarme con otros familiares pero… - me dice. El resto de mi familia vive en el extranjero y es muy difícil comunicarse con ellos. Viene dos veces al año, algo así. – Los forenses me pidieron el favor de decirle a usted. -  añade el doctor sin dejar de mirarme con lastima.

 

         Bajo la mirada, no puedo creerlo. Mi familia no puede estar muerta, Connie, Shanon, Papá, Oscar, Linda. Ay dios. Trato de seguir respirando…

 

-          Okey iré. – respondo sin poder gritar.

         De camino a la morgue, aprieto los puños y tengo la frente empapada de sudor. Intento no pensar en nada, no quiero reaccionar, esto no está pasando, esto no está pasando. No, no. Nos detenemos.

-          Llamaré al forense, espere aquí. – me dice el enfermero, inmutable me quedo callada. – Adelante. – agrega y con Juliana a mi lado, entro.

         Empiezo a temblar, cada paso se me hace pesado, me encuentro en una especie de maldito trance del que no puedo salir, mi cuerpo duele. Ingreso en una dimensión desconocida, mi miedo y mi dolor cada vez aumenta más y… los veo.

-          Tápelos. – pido. Suelto la mano de Juliana y veo los rostros grises y golpeados de ellos, de mis hermanitas, de mis padres… Están muertos. Están muertos. No, ¿por qué? Me pongo la mano en la boca sin poder creerlo.

 

-          ¿Los reconoce? – me pregunta el forense. No puedo responder, me quedo callada y me vuelve a preguntar lo mismo.

 

-          Si los reconozco, maldita sea ¡TAPELOS! – grito llorando. Me mareo mucho por la impresión. Sigo llorando y llorando. Me desmayo.

 

         Al siguiente, me dan permiso de salir del hospital para poder asistir al entierro de mi familia ya que al funeral no pude presentarme debido a que todavía tenía la crisis nerviosa. Aun me encuentro delicada y me veo obligada a ir en una maldita silla de ruedas. Cada minuto que pasa en ese entierro para mí es un cuchillo en la cabeza. Por fin los familiares en el extranjero lograron ponerse en contacto y han venido y están aquí casi todos. Pero yo no estoy aquí. Todos los familiares me dan el sentido pésame pero yo no digo ni hago nada. No quiero nada, nada de nada. Mi familia, ha muerto y la única persona que puede sobrevivir conmigo está en coma y posiblemente nunca despierte. Me quiero morir, solo eso.  

 

         Pasan las semanas y me dan de alta, mi madre aun no sale del coma y decido visitarla antes de irme.

 

-          Valeria trata de hablar, pareces un muerto. – me ruega Juliana. Miro todos esos aparatos a los que mi madre está conectada… depende de ellos, seguramente quede en estado vegetal o algo así. Que desgracia, maldición. – Sé que es difícil para ti, pero tu madre también está mal. Tienes que ser fuerte por ella y por tu hermanito que no pudo nacer. – añade Juliana con lagrimas en los ojos.

 

         Si, mi madre tenía nueve semanas de embarazo. Ella había intentado por años darme otro hermanito y cuando por fin pudo quedar en estado, lo perdió en este maldito accidente. He perdido demasiado, demasiado, por no decir todo.

 

-          No solo ellos murieron, nana. Yo fallecí en el mismo momento que ellos. Todo por culpa de esa maldita familia… por culpa de esos irresponsables mi vida se ha acabado. ¡Los odio! – respondo con una mirada vacía hacia mi madre.

         Ellos, esa familia con la que chocamos, tienen la culpa de todo. Hace días, Juliana me contó que el piloto venia borracho. Nos mató. Me mató. Espero que todos ellos estén muertos también, espero. Los odio.

LUI

         Sangre, sangre y sangre es lo único que recuerdo del choque. Hace unos minutos recupero la conciencia y entra el médico.  

 

-          Lamento decirle que tendrá que abandonar el Rugby, joven. Su pierna y su brazo quedaron totalmente incapacitados para seguir realizando ese deporte. Podrá seguir realizando las actividades normales, caminar, correr, podría alzar peso en un gimnasio incluso, pero el Rugby… – informa el médico moviendo la cabeza negativamente.

 

-          Ya doctor, no tiene que continuar. Lo entendí todo. – respondo volteando la cabeza a un costado. – Mi padre y mi hermano ¿Cómo siguen? – agrego. Hacia unos minutos cuando me desperté, una enfermera me había informado de todo: mi tío, mi madre y mi hermana murieron en el accidente. Quedamos mi padre, mi hermano y yo.

 

-          Su padre aun está en quirófano y su hermano esta en terapia intensiva. En cuanto su padre esté apto para recibir visitas, le avisaré. Su tía ya vino a… reconocer los cuerpos. – me participa el médico.

 

-          ¿Cómo murieron los demás, doctor? – le pregunto y siento fuego en la garganta. Trato de permanecer fuerte.

 

-          ¿De verdad desea saberlo? – asiento con la cabeza y entonces el doctor prosigue. – Su tío fue el primero en fallecer, murió de ipso facto. Su madre falleció segundos después del choque por la pérdida de sangre y su hermana perdió la vida en la ambulancia camino al hospital.

 

-          Ya veo. Séame sincero doctor, ¿mi hermano y mi padre sobrevivirán? – pregunto inquisitivo.

 

-          Seré lo más profesional que puedo ser, joven. Su padre tiene un ochenta por ciento de probabilidades de salir bien de la operación pero su hermano esta en un cincuenta y cincuenta. – me responde. – Debo retirarme, mas tarde pasaré a verlo. – añade el doctor y se va.

 

         ¡Lloro toda la maldita noche! Traté de ser fuerte al enterarme de todas las muertes, lo intenté pero… no puedo. Mi tía, la esposa de mi tío Gregorio, se encarga de cuidarme todos los días en el hospital.

         A la semana siguiente, me niego ir al funeral y tampoco asisto al entierro. A las horas, el doctor me da la noticia de que mi padre despertó de la operación, la cual fue exitosa.

-          ¿Cómo te sientes papá? – pregunto agarrándole la mano con fuerza. Él me mira calmado como siempre. Me sorprende lo joven que se ve, nos tuvo a los tres adolescente, igual que mi madre. Pero ahora, se ve… triste.

 

-          No excelente pero si bien. ¿Hijo?… – me mira de forma interrogativa. Entiendo lo que quiere preguntar y niego con la cabeza. – ¿Sólo tú y yo? – añade con lágrimas en los ojos. Asiento.

 

 

-          Y Luis, solo nosotros tres, pero él aún no sale del coma. – respondo mirándolo fijamente a los ojos, de los cuales uno se encuentra vendado por la operación. Casi lo pierde.

 

-          Él despertará, tú y yo lo conocemos. – responde buscando una afirmación en mí.

 

         Los días pasan y pasan, y me dan de alta. Mi papá, por su parte tendrá, que quedarse unos días más para recuperarse totalmente y Luis por fin despierta del coma ese mismo día. Antes de irme mi padre decide acompañarme un momento a su habitación para verlo.

-          Sigue inconsciente. Quedó parapléjico, sus piernas no funcionan. Deben tenerle paciencia. – nos informa el doctor a ambos.

         Logramos ver a Luis pero solo unos segundos, luego nos sacan de la habitación.

-          Esa familia asesinó a la nuestra, papa. – le digo a mi padre con odio, furia y desprecio.

 

-          No digas eso, hijo. Ellos pueden estar muertos incluso. – me responde tocándome el hombro.

 

-          No me alegraría si no lo estuviesen, todo lo contrario. Los odio. – le digo mirando a mi hermano con dolor y lastima.

 

         Tengo claro todo: perdí a la mitad o más de la mitad de mi familia por culpa de unos malditos desgraciados. Mi tía me contó que los que nos chocaron iban a exceso de velocidad, pero demasiado exceso de velocidad. Al parecen iban niños incluso, que desgracia, ni en eso pensaron. Los odio, los odio y los odiaré siempre.

 

1.  “HOGAR” Y SUICIDIO

VALERIA

         Al volver a mi casa, en vez de sentirme bien, me siento fatal, me siento sola. Mis padres no están, no está nadie. Dejamos mis cosas en mi habitación y Juliana me ofrece algo de comer.

-          No gracias, nana. A propósito ¿Dónde está Julieta? – le pregunto. Julieta, es la hija de Juliana, somos como hermanas. Contaba con su presencia al llegar.  

 

-          Debe estar en el hospital con tu madre, le dije que se encargara de ella mientras yo cuidaba de ti. – me contesta. - ¿No quieres hablar con tus tíos? –agrega preguntándome.

 

-          No quiero hablar con nadie. – respondo y me encierro en mi cuarto.

 

         Abro mi laptop y empiezo a ver diferentes fotos de todos, mis hermanas y yo de paseo, todos mis padres juntos como siempre, como amigos… Mis ojos arden y de ellos brotan lágrimas, muchísimas lágrimas. Mis manos se vuelven trémulas y me sudan, en ese momento recibo una llamada de mi tía materna, Ashley, invitándome a pasar unos días en la playa, supongo que para distraerme de toda esta mierda que me ha pasado.

-          Tienes que intentar olvidar todo, Valeria. Estar en lo mismo no te ayudará, mira lo famélica que estás, piensa que tienes que superarlo. – me aconseja mi tía preocupada.

 

         No le presto atención, su voz me parece una molestia, estoy harta de que todos le digan lo mismo “Supéralo” “A ellos no les gustaría verte así” “Piensa en el amor que les tenias y el que ellos te tenían a ti” “Deben estar en un lugar mejor, no estés triste”, siempre las mismas palabras de siempre que no me hacen sentir mejor en absoluto, ¡solo quiero morir con ellos! Solo quiero desaparecer y que todos me dejen en paz con sus malditos consejos.

 

-          ¿Me estas escuchando? Apenas tienes dieciséis años, no puedes estar así siempre. Eres joven, trata de salir adelante, Valeria. Nosotros también somos tu familia, recuérdalo. – insiste mi tía tocándome la cabeza. Puaj, demasiada falsedad.

 

-          Si, son mi familia. Pero ustedes no me van a devolver ni a mis hermanas ni a mis padres. Creo que en toda mi vida, a ustedes los he visto solo cuatro veces o algo así ¿y ya se creen sumamente valiosos para mí? Ustedes son solo… amigos, digamos, para mí. Devuélvanse a Europa, aquí no los necesito, no tienen que cargar con una huérfana como yo, no se preocupen… – respondo seria y me paro de la silla.  

 

         Empiezo a caminar por la playa, el dolor esta carcomiéndome, cada vez que cierro los ojos recuerdo el accidente, el hospital, los cuerpos sin vida, el entierro, todo. Parezco un muerto viviente, nada me importa y lo que no me importa me molesta o me aburre. No quiero seguir viviendo, esa es la realidad. No quiero seguir sin ellos, no quiero.

         Empieza a llover muy fuerte, el clima se vuelve gris y frio, justo como yo me siento por dentro. Veo una pequeña montaña que está justo al lado de la playa y la subo… Al llegar a la cima, veo el vacio y las rocas puntiagudas que se encuentran en el fondo, también observo la marea alta y las aguas revueltas. Si caigo ni me dolerá, pienso. Contemplo el cielo oscurecido y luego veo el vacio de nuevo. Me iré con ellos, me digo. Lo pienso unos minutos más. Me quito el suéter y cierro los ojos, dejándome caer con el viento… 

LUI

         Al llegar a casa, mi tía se ocupa de mí y de la casa. Los primeros días parece ir bien pero luego todo da un vuelco. Empiezo a tener ataques de furia, me pongo demasiado inestable, ¡todo me molesta! Incluso me peleo con mi primo provocando una confrontación con mi tía:

-          Entiendo que estés demasiado dolido, Lui ¡Pero no es justo que pagues tus penas con nosotros! Estas mal y necesitas ayuda. – me dice mi tía llorando mientras le cura a mi primo las heridas que le ocasioné. Ellos no entienden… no entienden nada.

 

-          ¡Yo no necesito nada! ¡Sólo necesito que me dejen todos solo! – grito con los puños cerrados dispuestos a usarlos de nuevo.

 

-          ¡Como quieras, Lui! Te quedarás solo, entonces. Mi esposo murió en ese accidente y aquí estoy, luchando, no echándome a morir. – me dice mi tía cogiendo sus cosas y retirándose del apartamento con su hijo, mi primo, malherido.

 

 

         Estaré mejor sin ellos, me digo. La servidumbre se ocupa de lo de siempre y no me hace falta más nada, solo soledad. Si alguien se pone cómico, lo golpeo y ya.

 

 

         A los días, mi padre también es dado de alta. Llega al departamento con cara una extraña… ah, se enteró de la pelea con mi primo.

-          ¡¿Qué rayos pasó, Lui?! – me reprende.

 

-          Nada, todo está bien. Mi tía me dejó, mas nada. – le respondo acostado en el mueble mirando al techo.

 

-          Si, ya me enteré de eso. Tienes que moderarte un poco, los dos tenemos que moderarnos, más bien. Yo tampoco me encuentro bien, aun tu hermano no despierta y siento que me volveré loco. – dice con voz entrecortada sentándose en el mueble junto a mí.

         Una noticia alegra a la familia: Luis puede irse a casa, pero al enterarse de que quedó inválido, su autoestima se pone en los suelos. Al principio vuelve la esperanza para nosotros. Por lo menos nos tenemos a los tres, pero la desgracia parece perseguirnos…

         Un día, voy a su cuarto a comentarle una cosa y me encuentro con algo espantoso.

-          ¿Qué demonios estás haciendo, Luis? – pregunto nervioso mirando a Luis con una pistola en la cabeza. – Baja eso… ¡que lo bajes te digo! – añado gritando.

 

-          ¡No quiero vivir así, hermano! Mi madre se ha ido, mi hermana también y mis piernas ya no sirven. No quiero vivir así y no viviré así. Te amo, hermano… y perdóname. – dice al final soltando el gatillo. Las gotas de sangre salpican mi rostro.

 

-          ¡LUIS! – grito y me desmayo.

 

         En el funeral de Luis, permanezco callado. Veo a todos nuestros familiares llorar por mi hermano, pero a mí ya no me quedan más lagrimas por soltar. Parece que me sequé por dentro. Esta vez, si deseo la muerte. Me siento totalmente devastado y solo, a pesar de que mi padre siga conmigo. Aunque él está más del otro mundo que de éste, también. Perdió a su hijo de oro, no debe ser fácil.

         De nuevo regreso a casa, pasan los días y siento que me ahogo en esas inmensas paredes, siento que cada vez se vuelven pequeñas hasta apretarme y destrozarme los huesos. Voy al cuarto de mi hermano y observo tentativamente el arma con la que se suicidó mi hermano. Los policías me la devolvieron porque pagué dinero por ella, la investigación fue rápida, unas cuantas preguntas y ya.

 

         Mis manos están estremecidas, mi padre no está y la servidumbre está en lo suyo. Pienso y pienso, le doy vueltas a las cosas una y otra vez y vuelvo a lo mismo: la muerte, quiero morir. La pistola se me resbala de las manos por el sudor, mi cabeza arde y mi mente me aconseja que me mate pero mi consciencia me grita que no lo haga, que es un error. Me coloco el arma en la sien “Dispara, dispara, dispara” “Acaba con todo de una vez” me grita mi dolor. Bajo el arma y la tiro a la cama, me coloca las manos en la cabeza desesperado. Luego reacciono o más bien me ciego “Ya basta” “Me cansé” me digo al final. Cojo el arma de nuevo, cierro los ojos, y disparo… 

 

3.  ESCUELA Y PRIMER ENCUENTRO

VALERIA

         No consigo matarme, sobrevivo. Un maldito socorrista me salvó la vida. Al parecer me vio de lejos lanzarme del acantilado. Me llevan al hospital… de nuevo, milagrosamente solo recibo unos golpes moderados y varias magulladuras y lesiones leves. Bah, aun no puedo creerlo, esa caída era para matarme, no para quedar más o menos mal.

         Me recupero rápidamente y a pesar de mi renuente actitud de comenzar clases, Juliana me obliga.

-          Las clases comenzaron hace dos semanas y no te has presentado. No deberías descuidar los estudios, de eso depende tu futuro, Valeria. – me regaña.

 

-          Blah blah blah. No quiero estudiar ¡no quiero! – grito mirándome los puntos que me cosieron en los brazos por las heridas de la caída.

 

-          ¡Te dije que irás a estudiar y punto! Tienes que seguir con tu vida. No es el fin del mundo, Valeria. – me dice Juliana tratando de ser severa conmigo sin darse cuenta del dolor que me está ocasionando al decir eso… todo el tiempo me dice que soy insoportable, pero ella no entiende que ¡no quiero vivir! Mucho menos ir al liceo.  

 

-          ¿Mi madre dónde está? En estos días fui al hospital y no estaba y tampoco esta Julieta. Dime dónde está ¡dime, nana! – le grito de nuevo evadiendo el tema de las clases.

 

-          No cambies de tema, Valeria. – trata de evadirme ahora ella. Pero de verdad, deseo saber donde esta mi madre, en el hospital no supieron darme razón de ella.

 

-          ¿Por qué me lo ocultas? Dime a donde se fue… ¡MALDITA SEA, DIME DÓNDE ESTA MI MAMÁ, NANA! – protesto impaciente, desesperada y enojada por su maldito silencio.

 

-          Siéntate – me ordena. – Siéntate, Valeria ¡Si quieres que te diga, siéntate! – añade y cedo, me siento en el mueble de mala gana. – Se fue a Italia con mi hija. – me informa. No le creo, pero luego veo la seriedad en sus ojos.

 

-          ¿A Italia? ¿Qué fue a hacer a Italia, nana? – pregunto consternada.

 

-          Se la llevaron a un psiquiátrico allá. Tu madre no está bien, hija. – me revela – Le daban ataques de pánico en el hospital cuando despertó del coma y se enteró de todo, se arrancaba las vías, se mordía la lengua, desvestía las camas, Julieta la intentaba calmar pero ella no podía controlarse y se lastimaba ella misma con los bisturís y las agujas, hasta con los dientes. Todo por lo que tú estas pasando, ella también lo siente. – agrega. Apenas pienso.

 

-          ¿Mi mama me ha dejado sola, nana? – pregunto con profunda tristeza y rencor.

 

-          Te ha dejado conmigo, ella volverá. Pero entiéndela, perdió a su esposo, a su bebé, a sus amigos. Y recuerda que tus hermanas eran como sus hijas también. – intenta justificarla, pero no lo logra.

 

-          Nana, no entiendes. Yo perdí a mi padre, perdí a Oscar, perdí a mis hermanas las únicas que tenia, perdí a Linda y ahora también acabo de perder a mi madre. Yo perdí más que ella y no la abandoné. Pero ella a mí, sí. Ella me abandonó, nana. – grito desconsoladamente poniéndome las manos en la frente.

 

         Ya no puedo decir cuánto he llorado. Sé que mi nana intenta reemplazar a mi madre y darme fuerzas, pero estoy mal. Ya no quiero sufrir, no quiero pensar, no quiero hacer nada. Me quiero morir. Odio a esa familia, cada vez la odio más…
 
         Vivo un infierno. Sólo cuento con la compañía de Juliana, porque hasta mi tía se alejó de mí cuando me intenté suicidar diciendo que ella no tenía la paciencia de ocuparse de alguien tan inestable como yo. Pero yo sé que en realidad fue porque le dije la verdad, que ellos son como desconocidos para mí, mis “tíos, primos, abuelos” a ellos no los conozco. “Mi familia” al enterarse de la casi muerte de nosotras, nuestro seguro de vida fue lo que les interesó, mi familia por ahora es solo Juliana. 

         Empiezo las malditas clases, en mi Liceo “Eduardo Galeano”, en donde he estudiado toda mi vida, obedeciendo a mi nana. Estoy ahora en quinto año de bachillerato, mis antiguos amigos se alejan de mí por mi actitud completamente indiferente y distante. Sigo realizando mis deberes, saco buenas notas, pero… no estoy viva, soy un zombie.

 

LUI

         Despierto del coma. Pasaron dos meses para eso, el médico me dice que me quedó una grave y delicada lesión en el cerebro. Luego otras semanas más me dan de alta… ¡otra vez!

         Vuelvo a casa con mi padre, quien se ha mostrado muy molesto conmigo, ni me habla. Hasta que por fin…

-          ¿Hasta cuándo, Lui? – me pregunta desesperado. - ¿Quieres morirte? Yo también, ¿Quieres acabar conmigo? Yo también. ¡Me quiero morir! Pero por ti estoy aquí, parado y siguiendo con mi vida. – agrega agarrándose de un mueble. – Me tienes harto. Yo, perdí a mi esposa, y perdí a dos de mis hijos de una manera espantosa. Solo me quedas tú ¡entiéndelo! – añade empujándome de la rabia que carga encima. Luego exploto también.

 

-          ¡Perdóname, padre! Perdóname por ser yo el que quedó vivo y no Luis. Perdóname por no ser yo tu brillante hijo y perdóname por tener cargar conmigo de ahora en adelante. – le grito entre dientes golpeando el mueble con los puños de la furia.  

 

-          No me vengas con eso. Ahora Luis era el favorito y tú el menos querido… ¡no me vengas con esas estupideces ahora, Lui! ¡Madura! No eres un niño. Tú, eres mi hijo y no te voy a perder a ti también ¿me oíste? – me dice.

 

-          ¡No me quieres perder porque soy el único hijo que te queda vivo! Tu mismo lo dijiste. – le grito acercándome a él.

 

-          No seguiré discutiendo contigo. Has perdido casi dos meses de clases, mañana empiezas a estudiar y más vale que te pongas al día con tus actividades. – me advierte y se va de la casa dando un portazo.

 

-          ¡Maldición! – vocifero a sus espaldas sentándome en el mueble derrotado. Derrotado por todo, por las muertes inminentes que vinieron a nuestra familia, derrotado por el odio, el odio que siento hacia esa familia.  

 

         Ya no soy el mismo de antes. Ese accidente me mató por dentro. Recuerdo cuando yo era muy abierto, carismático, salía bastante, tenía un gran grupo de amigos, muchas chicas embobadas por mí, pero ya no. Ahora soy un desgraciado “un chico violento” como me dicen en los demás. Cualquier comentario me molesta, me alejo totalmente de mi grupo. En la salida de clases lo único que hago es fumar sólo. En fin, soy un desastre. Además, me va súper fatal en el liceo, mis notas son paupérrimas.

         Para terminar de completar el problema, un día en clases de Química, el profesor empieza a “aconsejarme”.

-          Usted va muy mal en las materias, joven. Debería alarmarse y preocuparse por sus notas, podría repetir el año ¿sabe? – me dice y lo miro con suficiente furia como para que él lo note y me deje en paz rápido antes de que llegue a mi limite.

 

-          No se preocupe profesor, si tengo que repetir el año, lo haré. No me preste tanta atención. – le aconsejo sin dejarlo de mirar a la defensiva. Pero el profesor parece que de verdad desea joderme la vida.

 

-          ¿Usted se da cuenta de lo que está diciendo, joven? Piénselo. – me dice el profesor. - ¿Qué diría su familia que falleció hace poco? – añade. Abro los ojos como platos. Está empezando mi sangre a calentarse de furia…

 

-          Profesor, le recomiendo que se calle. Además tiene muy mal aliento. – le amedrento y todos se ríen, pero éste de verdad desea un puño mío incrustado en la cara y continúa metiéndose conmigo.

 

-          A ellos les daría vergüenza tener un hijo y un hermano como usted. – suelta al final.

 

         Esta vez, no tengo contemplación y me levanto del pupitre con decisión golpeándole la mandíbula con tanta fuerza que me parto los nudillos y casi caigo al suelo por el impulso con él, que queda desmayado entre el mar de sangre. Sangre, sangre, sangre. Salgo corriendo del salón y cierro la puerta. Me siento en el suelo y me tapo los ojos y a gritar tratando de no recordar el accidente de nuevo…

         Como era de esperarse, me expulsan del liceo por “actitudes agresivas hacia el personal docente”. Apenas había empezado el primer lapso y mi padre como loco se pone a buscar un liceo en donde me permitan comenzar el segundo lapso, sin tener que perder el año. Con ayuda de algunos contactos, mi padre me consigue un cupo en el liceo “Eduardo Galeano”.

         Debido a que son muy pocos los alumnos que allí estudian debido a que la mensualidad es sumamente costosa, hay una sola sección por año y en cada sección hay cuarenta alumnos nada mas aproximadamente.

         Empiezo el segundo lapso en mi nuevo liceo. Soy presentado delante de todos, permanezco callado y el profesor me indica que tome asiento para empezar la clase. Las mesas son compartidas y por cada mesa hay dos sillas.

         Me siento al lado de una muchacha de aspecto… sombrío, que se me queda mirando, pero ella aparta la mirada inmediatamente. Noto que ella es muy callada igual que yo. Tiene el pelo castaño y liso, ojos verdes y debajo de ellos observo muchas ojeras, se ve que no ha dormido en días, sin embargo es… bonita, muy bonita. Hubo un momento en que se me partió la punta de mi lápiz y ella sin decir una sola palabra me prestó el suyo arrastrándomelo con los dedos hasta mis manos.

         Los días trascurren y no nos hemos dirigido la palabra, pero al parecer ninguno de los dos nos sentimos incómodos, más bien, ambos nos entendemos en nuestro silencio. El profesor empieza a pasar asistencia.

-          ¿Viviana Méndez?, ¿José López?, ¿Andrés Gutiérrez?, ¿Laura Sánchez?,  ¿Valeria Budjak?... – la chica a mi lado levanta la mano para indicar que está presente y el profesor hace una mirada de disgusto y continua pasando la lista. Oh, se llama Valeria. Luego de otros nombres sigo yo. - ¿Lui Blay? – alzo la mano también y el profesor se levanta de su escritorio. – Ustedes son los únicos que no dicen “presente” como debe de ser… Oigan un momento, ¿Cómo es su nombre? – nos pregunta acercándosenos a la mesa sin dejar de mirarnos de manera averiguadora.

 

-          Lui Blay. – respondo, secamente.

 

-          Valeria Budjak. – contesta ella y por primera vez escucho su voz. Es suave. El profesor razona unos minutos y luego abre los ojos.

 

-          ¡Dios mío! Ustedes son los del accidente en la autopista. Salieron sus rostros en las noticias, por eso los reconozco. Están vivos… casi toda su familia murió pero ustedes, esta vivos. No lo puedo creer, ahora estudian juntos. Esto es COSA DEL DESTINO. Que increíble. – comenta el profesor inocentemente sin saber lo que acaba de hacer… o hacernos.

 

3.  DIRECCIÓN Y CITACIÓN

VALERIA

         No podía creer lo que mis oídos estaban escuchando. La persona que tenía al lado era uno de los culpables de mi desgracia, de mi sufrimiento, de la muerte de mis seres queridos.

-          ¡Eres tú! – le digo con los ojos tan grandes como platos. Ambos nos levantamos de la mesa y el profesor se queda mirándonos asustado.

 

-          ¡Tú mataste a mi familia! – me grita, ese tal Lui, congelado en sus pies.

 

-          ¡Tu piloto era el borracho y el imprudente! No puedo creerlo ¿cómo quedaste vivo? – le pregunto apretando los dientes de la furia.

 

-          ¡Y el tuyo era el maldito corredor suicida! ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué no moriste tú? ¡¿Por qué?! – me grita acercándose a mí con intenciones de golpearme.

 

-          ¡Tú también debiste haber muerto! Tu, en vez de mi padres ¡TU! – le grito empujándolo y golpeándole la mandíbula. - ¡Por tu maldita familia la mía está muerta! – añado volviéndolo a empujar.

 

         Lui se soba la cara y me empuja también pero rápido me incorporo. Las clases de karate que tomé de pequeña por fin me sirven de algo. Lo vuelvo a golpear en la cara. Él se me aproxima pero lo detienen varios alumnos del salón.

 

-          ¡Cálmense! – nos grita el profesor.

 

-          ¡Mi familia también murió a causa de la tuya! ¡Te odio! – me grita tratando de zafarse de los brazos que lo retienen.

 

-          ¡Yo también te odio! ¡Suéltenlo! Déjenlo que me golpee, yo también quiero hacerlo. – grito yéndome hacia él llorando de la impotencia. Otras manos y brazos me sujetan a mí, pero forcejeo. Quedamos ambos intentando zafarnos de las manos que nos retienen.

 

-          ¡Si me sueltan, te mataré a puños! – me grita mirándome con absoluto odio.

 

-          Hazlo, de todas maneras eso es lo que quiero ¡que me maten! ¡SUÉLTENLO! – grito con los puños crispados a los costados. Y, sueltan a Lui.

 

         Él me toma por el cuello y yo lo golpeo en el abdomen. El profesor intenta meterse pero lo golpeo sin intención y se aparta, Lui me tira al suelo golpeándome la cabeza lo que me deja un poco desorientada. Al reaccionar, lo golpeo de nuevo, esta vez con el codo en su barbilla, lo que lo hace gritar. Mi cabeza comienza a molestarme, el médico me dijo que quedé con una lesión grave… ¡qué coño importa! Quiero golpearlo. Varios alumnos intentan separarnos, pero no lo logran, en eso aparece la directora.

-          ¡Sepárenlos! – grita ella. Ni la miro pero reconozco su voz al instante.

         Los alumnos por fin logran separarnos y Lui y yo, somos llevados a la Dirección.

         Ambos permanecemos inmóviles mirándonos el uno al otro con una furia incontenible sentados en las sillas.

-          ¡Primera vez en todos estos años que tengo que reprender a dos alumnos de sexo opuesto por pelearse! ¿Están bien de la cabeza? – pregunta la directora mirándonos a ambos.

 

-          No, yo no. ¡Y todo es por culpa de la familia de este desgraciado que tengo al lado! – grito dirigiéndome a la directora pero mirando fijamente a Lui.

 

-          ¡Tu familia atropelló a la mía! – me grita Lui agarrándose fuertemente del mueble en el que está sentado.

 

-          ¡Basta! – grita la directora golpeando la mesa de su escritorio. – Tu tío venia ebrio, Lui y tu padre venia a exceso de velocidad, Valeria. Yo leí bien las noticias y estudié su caso. Ustedes no tienen la culpa de todo esto, en todo caso la responsabilidad recae en la imprudencia de sus familiares fallecidos, no en ustedes. Dejen de culparse. – agrega la directora acomodándose los lentes. – Convocaré a sus padres a una reunión para dentro de una semana.

 

-          Mi madre no está en el país, no podrá venir. – le comunico. Nunca me he llevado bien con la directora… ¿quién se lleva bien con la directora de su liceo? Pero esta vez, espero su comprensión.

 

-          Mi padre no se encuentra en condiciones y no podrá venir tampoco. – dice ese ser.

 

-          ¿Y en donde están sus padres que no están con ustedes? – nos pregunta la directora preocupada por nosotros.

 

-          En un loquero. – contestamos ambos al unísono.

 

         La directora sale un momento a buscar las citaciones y no aguanto la rabia.

 

-          Así que también tu padre quedo vivo. Que suertudo. – le comento enterrando los dedos en la silla para evitar golpearlo de nuevo. Puedo ver los moretones que le dejé en la cara y siento el dolor de cabeza cada vez más agudo.

 

-          Tu madre también respira, y no creas que no me molesta. – me responde él sin mirarme.

LUI

         Valeria Budjak, Valeria Budjak, Valeria Budjak. No podía dejar de pensar en ese maldito nombre. Esa chica, es de esa maldita familia la cual odio. La odio, la odio, la odio. Estoy harto, lo que menos quería era encontrarme con esa chica, ahora resulta que estudia en mi salón. Me mude a su puta escuela, todo esto es una mierda.

-          ¿Cómo te fue? – le pregunto a mi papá. Empezó a ir al loquero pocos días después de mi intento de suicidio.

 

-          Normal. – me responde. - ¿Te has puesto al día en el liceo? – añade preguntando. Eso es lo único que le importa…

 

-          Oh, bastante. Estoy tan adelantando que ya tengo que una citación para ti. – le digo. Su rostro se desfiguró con mi noticia.

 

-          ¿De qué coño hablas, Lui? – me pregunta exaltado. – ¿Te peleaste? – me pregunta y asiento. - ¿Con quién? – añade.

 

-          Con una chica. – le respondo y le sonrío.

 

-          ¿Ah? Estás loco… ¿le pegaste a una chica? – me pregunta estupefacto.

 

-          Si, algo así. Pero debo reconocer que ella tiene fuerza y al parecer sabe de karate o lo que sea, porque me duele todo. – admito y me tuerce los ojos exhalando aire. - ¿Vas a ir o no? Tengo que darle una respuesta a la directora mañana. – le pregunto.

 

-          No tengo opción, Lui. – responde.

         Ver a esas dos mujeres solo me produce una sola cosa: repulsión. Mi papá lo que hace es mirarme para advertirme que me controle y que no me levante de esta incomoda silla para golpearlas. Es la única vez que he sentido el impulso de matar a dos mujeres. La voz de la directora es demasiado molesta en estos momentos…

-          … y por eso deben de comunicarse con sus hijos. Tienen que ayudarlos a que superen ese trauma y ustedes también deben hacerlo, por el bien de ellos mismos ¿si me entienden? – blah blah blah… me quiero ir. Mi papa asiente y la madre de esa ojerosa también. La ojerosa ni siquiera me mira, menos mal. Ella mantiene los ojos fijos en una ventana.

         Luego de varias y varias palabras… salimos del salón. La cabeza empieza a dolerme, maldición. Me tomo una de las píldoras que me recetó el doctor y mi padre me mira preocupado. Niego con la cabeza para tranquilizarlo. Ella, la ojerosa le da una pastilla a su madre, pareciera que fuera la hija quien cuidara de la madre… Esa señora ni siquiera habló en toda la reunión… ¿Qué más da? Me da igual.

         Ellas se van en su auto. Y desde el vidrio, solo por un momento, Valeria me mira.

         Las discusiones con mi padre cada vez son peores… los días y las semanas pasan. Llega un momento en el que mi padre no me presta más atención, de hecho, lo noto muy distante, parece distraído… o feliz, bah ¿Quién sabe?

 

4.  CANCHA Y VERGÜENZA

VALERIA

         Llego a mi casa, veo unas maletas en la puerta… alguien llego de viaje.

-          ¿Mamá? – pregunto. Veo el rostro de mi madre, impecable y hermoso como siempre.

 

-          Hija. – me dice con lagrimas en los ojos. Me acerco a ella y nos abrazamos. Veo a Julieta quien me saluda con la mano y yo le sonrío. Espero que haya tenido bastante paciencia con mi madre. - ¿Cómo estás? – me pregunta.

 

-          Bien. – le digo. De pronto me acuerdo de la citación que me acaban de mandar… mierda.

 

-          ¿Qué pasó? – me pregunta al ver mi expresión.

 

-          En unos días tienes que asistir a una reunión, te citaron. – le informo. Su rostro muestra preocupación, demasiada.

 

-          ¿Qué ocurrió, hija? – me pregunta.

 

-          Me pelee con un chico y… bueno, el hecho es que tienes que ir ¿iras? – le pregunto. Ella asiente y me acaricia el cabello.

 

         No niego que extrañé a mi madre. Pero… aun no olvido su abandono, sin embargo; trato de disimular mi resentimiento. Ahora que llegó Julieta me siento mejor, no me siento tan sola. Al fin puedo hablar con alguien.

 

 

Mi madre al escuchar de la directora quienes eran ellos, se puso tensa, muy tensa. Le tomo la mano para tranquilizarla y se calma. La reunión me parece eterna e innecesaria. Digan lo que digan seguiré odiando a esos hombres que debieron morir en ese maldito accidente y no mi familia. El padre de él se ve joven y esta… vivo, mi padre no lo está, Oscar tampoco lo está…

Salimos de la reunión y a mi mamá le empieza a dar uno de sus ataques nerviosos. Le doy su píldora y se calma, mi cabeza empieza a molestarme pero lo ignoro. Desde que mi madre llegó de viaje tiene que estar medicada todo el tiempo, sino empieza a temblar o a llorar. Pensé que me había abandonado para que se curara en Italia pero creo que llegó peor. Casi no nos hablamos en la casa. De hecho, creo que se está alejando, al parecer esta escribiéndose y viéndose con alguien. Todavía no espera que a Oscar le caigan gusanos en la tumba y ella ya está empezando a distraerse por ahí, pero no la juzgo.

En el liceo intento seguir actuando normal. Sencillamente no le dirijo la palabra al imbécil de Lui y ya. Las semanas pasan y pasan… solo unos meses me digo, solo unos meses y ya no tendré que verle la cara.

 

LUI

 

-          ¿Qué culpa tienen ellas? Son victimas igual que tú y yo. – me grita mi papá. Maldita sea ahora las defiende, no puedo creerlo.

 

-          Si no hubiera sido por la familia de ellas, aun mi madre y mis hermanos estuviesen con nosotros. Entiéndelo. – le respondo. Mi cabeza empieza a martillarme.

 

-          No discutiré contigo. Tienes que ver más allá del rencor, hijo. Si sigues así no terminarás bien. – me dice.

 

-          Recuerda que yo ya estoy muerto padre. – le digo y salgo del cuarto dando un portazo.

         Desde hace semanas es primera vez que nos hablamos y lo que hacemos es pelear y por ellas… que mierda, de verdad.

         Cada día en el liceo tengo que verle la cara a Valeria. Tengo que soportarlo y controlarme. He notado que ella también esta amargada y obstinada por mi presencia, pero al igual que yo: tiene que controlarse.

         Terminamos con las clases de educación física pero yo me quedo un rato más. Le digo a uno de los que estudia conmigo que practiquemos Rugby. Empezamos a jugar pero… mi brazo empieza a impedirme que me mueva con facilidad, de hecho, me empieza a doler. A los minutos mi pierna empieza a quejarse también. Trato de ignorar el dolor y seguir jugando hasta que le digo a mi compañero que me cansé y él se va al salón pero en realidad, es que no aguanto el dolor.

         La rabia y la ira me consumen. Al encontrarme solo descargo mi rabia gritando y golpeando el suelo con las manos, siento la sangre correr por mis nudillos pero no le presto atención y sigo golpeando. Levanto la cara por un momento y la veo. Ella me está observando y solo por un instante siento que… me entiende. Se va corriendo.

         Al día siguiente, llego con las manos vendadas. La miro de reojo y ella gira la cabeza al otro lado. Se me ocurre la idea de molestarla y lo hago.

-          Dime una cosa, ojerosa ¿por qué me espiabas en la cancha ayer? – le pregunto en voz alta con intención obvia de que todos escuchen.

         Su reacción es… extraña. No noto molestia, ni vergüenza, ni nada significativo en ella. Solo me rueda los ojos y se arrellana en su mesa que ahora comparte con uno de los chicos mas “deseados” digamos, pero creo que ella ni ha notado su presencia.

-          Mi cabeza está bien. La que no está bien soy yo. Deja de hacer las mismas preguntas de siempre, Julieta. – le escucho decir a Valeria por teléfono cuando vamos saliendo del salón. – Ya te pareces al neurólogo. Si, iré. Chao. – añade y cuelga. Me hago el sordo y sigo mi camino.

         Minutos después, cuando estoy saliendo del liceo mi padre me llama para invitarme a un restaurante a comer. Acepto y me voy en un taxi.

         Al llegar al restaurante, mi vida… se transforma.

 

3.  CUMPLEAÑOS “FELIZ” Y COMPROMISO

VALERIA

No dejo de sentirme una completa estúpida. No sé en qué estaba pensando al ir a la cancha. Pero lo peor fue quedarme a ver a ese imbécil, por ende se burló de mi delante de todo el salón. Demostré lo mas que pude que me daba igual lo que dijese de mi, pero lo cierto es que estaba… indignada. No quería ni quiero nada de él, esta vez obtuve sus burlas, todo por estúpida.

No me siento cómoda yendo a un restaurante con el uniforme del liceo. Pero ya llegué, ya da igual. Entro al restaurante y… mierda.

-            ¡Felicitaciones! – grita mi madre, Julieta, Juliana y… ¿el padre de Lui?

         Observo globos, serpentina, una torta, escarcha… ¿Qué coño? Observo a Lui en una mesa, con una cara creo que peor que la que debo tener yo.

-          ¿Qué es esto? – le pregunto a mi madre y caigo en cuenta de que hoy trece de marzo yo cumplo años. Pero… ¿Qué hacen los dos seres que más odio en mi cumpleaños?

 

-          Un cumpleaños sorpresa hija, Lui también cumple años hoy ¿Qué casualidad, no? – me dice. La conozco y sé que está nerviosa.

 

-          ¿Y estos dos qué hacen aquí, mama? – le pregunto.

 

-          Hija siéntate. – me pide. Sé que algo anda mal o extraño.

         Me siento y mi madre y el padre de Lui – que ni siquiera sé cómo se llama – se miran. Por la expresión que tiene, sé que Lui ya sabe lo que me van a decir. Ambos nerviosos empiezan a hablar y a hablar. Creo que me dicen cosas en otro idioma, cada palabra y silaba que me dicen es como si flotaran en mis oídos sin querer entrar en mi cerebro.

-          … y en conclusión Valeria, fue COSA DEL DESTINO. Me voy a casar con Remigio y nos iremos a vivir todos juntos. Espero que sepas comprender. – me dice al final.

         No respondo… me quedo ingrávida en la silla en donde estoy sentada. Mi madre acaba de decirme que se enamoró del padre de Lui, que se va a casar con él y que Lui va a ser mi hermano y por ende, nos iremos a vivir todos juntos. Esto no está pasando, no puede ser. Estoy soñando, es una pesadilla.

-          ¿Te vas a casar? – le pregunto estúpidamente. Ella asiente con lágrimas en los ojos. Sonrío de lo absorta que estoy – A ver… ¿me estás diciendo que te vas a casar con el hombre que mató a tu hijo y a tu ex esposo? ¿con el hombre que mató a mis papas y a mis hermanas hace unos meses? – añado pero no me contesta. Golpeo la mesa con la mano tumbando una bebida. - ¡RESPÓNDEME! – grito estruendosamente.

 

-          Hija, cálmate. Tu cabeza… - la interrumpo bruscamente.

 

-          ¡Cállate! No puedo creer esto. – tomo aire intentando controlarme. – Espero que disfruten de este intento de cumpleaños. Hasta luego. – digo y cojo mi bolsa yéndome del restaurante.

Corro y corro, las lágrimas no me dejan ver el camino. Llego a mi casa, empiezo a desordenar mi cuarto, tiro todo, grito, golpeo la cama y la desvisto. ¿COSA DEL DESTINO? Si claro, esto es una simple mierda. Mi cabeza ¡mi cabeza! Maldita sea. Tomo mis calmantes y me quedo dormida en el suelo.

 

LUI

Ninguno de los dos tomamos bien la noticia. Luego de que Valeria saliera corriendo del restaurante, yo me fui también. Ambos hemos sido castigados injustamente con esto. Seremos familia, que porquería. María Fernanda será mi “madre” y Valeria mi “hermana”.

Luego de dejar a María en su casa, mi padre y yo nos vamos a la nuestra.

-          Quita la cara. – me dice mi papá.

 

-          Déjame en paz. – le digo. – Me has desgraciado la vida ¿y quieres que sonría? Por favor. Haz con tu desastre de vida lo que te plazca, pero a mi ¡déjame en paz! – añado gritando lleno de pura impotencia y tranco la puerta de mi cuarto.

         Mi vida es… no es nada.

         Ahora más que nunca Valeria y yo tratamos de no hablarnos ni determinarnos. Es algo estúpido, ya que mi papa y María ya compraron la casa y la están amueblando, es decir, que en unos días ya estaremos viviendo como una “familia” o como un simulacro de familia, diría yo.

         Ya estamos en Junio y pronto las actividades escolares terminaran y seremos bachilleres. Pasé todas las materias con notas súper bajas, pero para mí es suficiente, al menos no tendré que reparar. Por otra parte también están organizando su boda…

-          Ese es el que mejor te queda. – me dice mi padre, mientras me pruebo uno de los trajes. - ¿Cuál prefieres, el gris o el negro para mí? – me pregunta.

 

-          ¿Me estas pidiendo mi opinión para algo? Vaya, es sorprendente. Me estas tomando en cuenta, estoy anonadado. Creo que esta vez sí moriré. – le digo sarcásticamente poniéndome la mano en el pecho.

 

-          De verdad estoy tratando de llevar las cosas bien, hijo. Me enamoré ¿entiendes? – me pregunta como si yo me hubiera enamorado alguna vez.

 

-          Puedo imaginarme lo que es estar enamorado, padre. Pero lo que no puedo imaginarme es estar enamorado de una mujer que solo me recuerde la muerte de mi familia. Eso, es lo que no entiendo. Ustedes no se están dando cuenta del daño que nos están haciendo a ella y a mí. Nos odiamos, maldita sea ¿no se dan cuenta? No nos soportamos ¡queremos matarnos! – le grito y al instante me abofetea. – Te felicito papá, eres la única persona que amo y que me ha lastimado tanto a la misma vez. – añado saliendo de la tienda.

 

 

4.  MATRIMONIO Y “FAMILIA”

VALERIA

-          ¿Te cuesta mucho hacer por lo menos eso? – me pregunta mi madre viéndose en el espejo.

 

-          No se trata de que me cueste o no. Simplemente no quiero hacerlo, dile a tu nueva cuñadita que te la lleve. – le digo abriendo los ojos y sonriéndole.

 

-          Lo único que te pido es que me lleves la cola, solo eso. Pero contigo no cuento definitivamente. – me dice. – Enderézate el lazo. – me ordena y al ver que no la obedezco lo hace ella. – Estás hermosa. – añade y se inclina para darme un beso, pero aparto la cara.

 

         Nos vamos al salón en donde será el matrimonio civil. Me bajo del carro y los pies me tiemblan. Es el día de la boda, mi mama estará casada en menos de una hora y yo aun no lo creo, no quiero creerlo. Camino detrás de ella y rápido encuentro mi puesto, todos permanecen levantados excepto yo. De nuevo, las palabras parecen flotar…

-          Los declaro marido y mujer… -dice el juez. Y allí es donde por fin me doy cuenta de que en menos de un año he perdido a mi familia y ahora tengo otra nueva.

         Estoy sentada alrededor de muchos conocidos y desconocidos por igual. Todos nos felicitan a Lui y a mí, por nuestra “unión”. Incluso veo a varios compañeros de clase y sus familias como invitados, que no se qué hacen allí. 

         Champagne, velas, luces, telas por doquier, joyas, etc., un excelente disfraz es esta ceremonia, es perfectamente falsa. He tomado unas quince copas de champagne más o menos y veo a mi madre y a Remigio bailando, una imagen espantosa para mis ojos… de pronto suena una copa. Tilín, tilín, tilín.

-          Buenas noches. Espero que todos estén disfrutando, y bueno yo solo quiero… Hup – la voz de Lui es realmente molesta para mis oídos, pero escucharlo borracho y con hipo es solo un poco gracioso. - …brindar por este día, por este… matrimonio. – dice agitando la mano con desdén. – En fin, por toda esta fachada, por esta esplendida y única mentira, en teoría, por toda esta falsa felicidad. Todos sabemos que estamos aquí porque tenemos que estarlo. – noto que Remigio se dirige al escenario molesto pero mi madre lo coge por el brazo y lo detiene. Lui agarra el micrófono con más fuerza y prosigue – En realidad voy a brindar por mi familia, por mi verdadera familia. La que debe estar allá arriba llorando por esta boda, la que debe estar revolcándose en la tumba viéndonos… unidos. Brindo por los verdaderos Blay. En fin, salud. – alza su copa y por supuesto nadie lo acompaña, solo yo lo hago y me bebo hasta la última gota de champagne muy indecorosamente.

         Salgo del salón y me asomo a un balcón que está cerca, tengo ahora una botella de whiskey en la mano y me la empiezo a beber sin detenerme. Nunca pensé que mi estomago aguantase tanto alcohol. Miro al cielo, negro como mi dolor, y las lágrimas se salen de mis ojos.

         Cuando mi madre se casó con Oscar todo fue tan diferente, mis hermanas revoloteaban en todo el salón bailando y jugando, mi papa y Linda no dejaban de recomendarle viajes para su luna de miel… todo era distinto.

 

LUI

         Al decir mis honorables palabras en la boda, todos me miraban sorprendidos, aunque mi padre me miraba con rabia… es lógico; María Fernanda no dejaba de decirle que no se alterara, que yo solo soy un muchacho y blah blah blah. Ese día fue… malo, al igual que todos los que han pasado hasta ahora.

         Decidieron no irse de luna de miel, ya que tenían miedo de que Valeria y yo nos matáramos, así que se quedaron y aprovecharon para poner toda la casa “bonita”. Pusieron la foto que nos tomaron en la boda, en donde los únicos que salen riéndose son mi padre y María. Ahora vivimos todos juntos, odiándonos y odiándonos pero tenemos que soportarlo. El día de nuestra graduación que se celebró solo una semana después de la boda, tuvimos nuestra segunda foto en “familia”… de nuevo sin risas.

         Como si no fuera suficiente, nuestros padres insisten en ir de viaje, todos. Fuimos a Canaima, un hermoso paisaje. Montañas, ríos, playas, etc., Valeria y yo ni nos miramos en todo el viaje, mi padre se encargo de las fotos, María de las compras, y Valeria y yo como siempre, de florero.

         De regreso, noto que mi padre acelera un poco la velocidad pero no le presto atención. Luego de unos quince minutos noto a Valeria temblando, y sé que está asustada. Su accidente fue por exceso de velocidad, debe estar traumada. La ignoro al principio, pero, cuando veo que de verdad esta aterrada un pequeño y estúpido impulso hace que haga algo que no debo. Le tomo la mano e irónicamente, no tiembla más.

-          ¿Hasta cuándo, Valeria? – le dice María a Valeria. No es mi intención escuchar detrás de la puerta pero es la primera vez que escucho a María alzando la voz. - ¡¿Hasta cuándo?!

 

-          Hasta que te des cuenta que esto que estamos viviendo no es vida ¡Sino un infierno, mamá! – grita Valeria.

 

-          Si te vuelves a hacer daño así, te voy a encerrar en un maldito manicomio. Estás loca, Valeria.

 

-          Sí, estoy absolutamente desquiciada. Estoy harta, harta mama. No entiendes que cada vez que los miro veo las caras de mis hermanas en sus ojos. Es torturador vivir así, no puedo. – dice Valeria entre sollozos desgarradores. – No puedo, no puedo, ¡no puedo!

         Me recuesto a la pared que nos separa a ellas y a mí y por un momento me doy cuenta de que no puedo odiarlas. No puedo odiar a dos personas que sufren igual que yo, pero tampoco puedo quererlas, no puedo. Las lágrimas arden en mis mejillas calientes y mis llantos silenciosos se unen a los de Valeria. El amor de nuestros padres ha sido nuestra desgracia, uniendo a dos adolescentes que deberían estar lo más alejados posibles como hermanastros, teniendo que soportar la presencia del otro todo el tiempo recordando el dolor de nuestras pérdidas. Es una tortura, una tormentosa y maldita tortura.

 

3.  UNIVERSIDAD Y ENTENDIMIENTO

VALERIA

         Criminología forense, no pensé nunca que eso era a lo que iba a dedicar mi vida. Pero es así, empecé hace unos pocos días a estudiar y de verdad escogí la carrera al azar y me encanta. Me siento un poco más… recuperada, más no feliz, jamás volveré a ser feliz. La relación con mi madre ha mejorado un poco, supongo que lo necesitábamos era tiempo. Sin embargo; sigo odiando a Lui y a Remigio como siempre. Él quedo en la misma universidad que yo, que casualidad. Él estudia Economía y creo que le va bien, aunque no me interesa. Últimamente no nos evitamos, de todas maneras no podemos, pero creo que silenciosamente o inconscientemente hicimos un pacto, por nuestros padres en realidad. Así que, vivimos en paz, no bien pero si en paz. Aun no entiendo porque me cogió la mano esa vez…

         Un día, mientras estoy en clase, me llega un paquete, me lo llevan hasta mi clase. Abro el sobre y veo que es un CD por lo que debe de ser un video. Luego de que termina la clase decido ir un rato al salón de conferencias, que hacía unos minutos había sido desocupado por la clase de Matemática I, para ver de qué se trata el video. Enciendo la pantalla al meter el CD en la laptop y… dios. Mis princesas están allí, desde que nacieron. Hermosas fotos de mis hermanas y de mis padres me devuelve de pronto un rastro de la felicidad que una vez hace mucho tiempo sentí. En ese tiempo, todos estaban vivos, o bueno estábamos vivos. De pronto la felicidad se convierte en un dolor agudo en mi pecho y estomago y unas ganas desenfrenadas de llorar se agolpan en mis cuerdas vocales y en mis ojos.

         Salgo corriendo de allí. Las lágrimas empiezan a brotar de nuevo, unas tras otras, el dolor en mi pecho es aun más fuerte. Me tropiezo con alguien pero tengo la vista borrosa debido a las lágrimas y no puedo ver quién es, solo me disculpo y sigo corriendo.

         He intentado, de verdad recuperar mi vida, pero me doy cuenta de que solo estaba enterrando el dolor en lo más profundo de mí y al ver esas hermosas imágenes de mi familia muerta, los recuerdos y memorias dolorosas salen a mi mente corriendo como yo lo hago ahora. Me agarro de unas barandas de las escaleras y el dolor de cabeza vuelve a mí, atormentándome de nuevo. Las pastillas, pienso, pero recuerdo que deje mi bolso en el salón de conferencias. Mierda. Ambos dolores se combinan, el de mi pecho por la tristeza y el de la cabeza por el trauma cerebral que me quedó para siempre.

         Subo y subo las escaleras corriendo, hasta que por un momento me dan nauseas y reprimo las ganas de vomitar tomando un poco de aire. Me encuentro en el techo de la universidad, me subo al borde recordando la vez que me intenté suicidar y fallé. Lanzo un grito ahogado, desgarrador. Pero de pronto pienso que esta vez si no podré fallar porque no es agua lo que está en el fondo sino concreto. Y en un segundo… decido acabar con todo de nuevo. Pero alguien me detiene…

 

LUI

         Entendimiento, fue lo que sentí con ella ese día. Un día cualquiera en la universidad, luego de salir del salón de conferencias, a medio camino recordé que había dejado mi libreta en uno de los asientos. Mientras me devuelvo rápidamente veo a lo lejos a una chica corriendo tapándose la cara, Valeria. Al parecer ella no estaba mirando al frente porque me tropezó, creo que ni siquiera me reconoció porque solo se disculpo y siguió corriendo. Algo debió haberle pasado, pensé. Entre al salón de conferencias de nuevo y mientras cojo mi libreta, vi las imágenes que imagino que le rompieron el corazón.

 

         Supe al instante que esa era su familia porque una vez cuando volvimos de nuestro viaje en Canaima, ayude a dejar sus maletas en el cuarto y observé uno de los retratos que tenia encima de su escritorio y vi a su familia. Esa es la única vez hasta ahora que he entrado a su habitación.

 

         Sin nada en el cerebro, salgo corriendo a buscarla. No sé porque lo hago, solo siento algo que me impulsa a hacerlo. Luego de recorrer y recorrer los pasillos me doy cuenta de que con el dolor que ese video despertó en ella, Valeria solo puede estar en un lugar, en el techo, como el día de la boda que la vi tomando con frenesí con la mirada perdida al vacio. Corro como pocas veces he hecho y, la veo. Está de espaldas con el viento desordenándole el cabello. Dejo mis cosas en el suelo.

 

         En un momento rápido pienso que esta es mi oportunidad de vengar de alguna manera la muerte de mi familia empujándola al vacio. Pero, por alguna jodida razón no lo hago, pienso en María, que no ha sido una mala persona después de todo e imagino el dolor que sentiría si su única hija muere. Ver a mi papa perder a mis hermanos mayores fue espantoso así que, decido salvarla.

 

-          Bájate antes de que te mates o te mate yo. – de pronto veo que sus piernas se aflojan y me acerco a ella mientras cae desmayada en mi regazo.

La cargo hasta la enfermería. Ella al despertarse y verme me pregunta que sucedió y yo le cuento todo.

-          Gracias por salvarme la vida o la que me queda, supongo. Pero debiste haber aprovechado la oportunidad de haberme matado. Nos hubieses hecho un favor a los dos. – me dice mirándome a los ojos.

 

-          Ganas no me faltaron, te lo aseguro. Pero no lo hice por ti… es solo que María no me cae tan mal. – digo y me retiro a mi próxima clase.

 

         Horas después a Valeria que no dejan de pasarle cosas, le roban su cartera y cuando siento que no puedo dejar de cagarla ese día, relacionándome con ella le digo que se vaya conmigo a casa. Nos vamos en mi auto, y cuando llegamos juntos, nuestros padres se emocionan de una manera… extraña. Nos reciben calurosamente, nos preparan comida e incluso nos obligan a ver una película de terror con ellos.

         Aproximadamente a las dos de la mañana, luego de que nos acostamos todos a dormir, escucho gritos en la sala. Bajo un poco atontado por el sueño y veo a María sosteniendo por los brazos a Valeria quien sujeta su cabeza con ambas manos y grita de… dolor al parecer. Mi padre rápido se viste y nos vamos todos al hospital.

-          … como le dije en un principio Sra. María, los dolores de cabeza de Valeria son producto de la lesión que le dejó el accidente. Ella ahora está estable, pero tienen que procurar que su temperamento esté calmado porque de lo contrario, tendrá bajas como esta y… – explica el doctor.

         María se apoya del brazo de mi padre mientras el doctor sigue hablando y explicando. Yo también quede con una grave lesión en la cabeza, pero últimamente los dolores han estado ausentes y no he tenido que recurrir a los malditos tranquilizantes que hacen dormir por horas.

         Volvemos todos a la casa después de unas cuantas horas, Valeria un poco afectada aun por el calmante que le dieron se duerme en el sofá. María la arropa y le da un beso en la frente. Ella y mi padre se van a dormir y yo me quedo en la cocina tomando un vaso de agua. Cuando estoy a punto de subir las escaleras para irme a mi cuarto, regreso a la sala y me siento al frente de Valeria observándola por varios minutos.

         En ese mismo momento mientras la miro, reflexiono y me percato de que no es solo entendimiento lo que siento por Valeria, es otra cosa más poderosa y entonces recuerdo la conversación que tuve con mi padre una vez, hace varios meses ya:

-          Me enamoré ¿entiendes?

 

-          Puedo imaginarme lo que es estar enamorado, padre. Pero lo que no puedo imaginarme es estar enamorado de una mujer que solo me recuerde la muerte de mi familia…

         Es cuando me asusto y ruego a dios porque no sea amor lo que siento por Valeria.

 

9. CEMENTERIO Y CONFESIÓN

VALERIA

         Las advertencias de mi madre sobre mi temperamento hacen que de verdad me calme. Los últimos meses he estado más tranquila y relajada de lo normal. A decir verdad, la universidad me mantiene lo bastante ocupada como para alterarme por cualquier cosa, ya he dejado un poco las pastillas y me siento mejor estando no medicada que medicada.

         Mientras camino por los pasillos, Sara, una compañera de clases que al parecer me odia y no tengo ni idea de por qué, me lleva a un salón casi que obligada.

-          ¿Sabes que te odio, verdad? – me dice mientras prende un pequeño televisor y coloca un CD en el reproductor.

 

-          ¿Sabes que no me interesa, verdad? – respondo.

 

-          Eres la razón porque la que Lui no sale conmigo. Es demasiado atractivo y bueno para que sea tan unido a ti. Eres una simplona, no eres atractiva, tu pecho es más plano que una pared y sin embargo, él siempre te lleva a casa y te trae a la universidad. Supongo que es por lastima, pero igual te odio. Odio a las personas que se interponen en mis deseos. – me dice con los dientes apretados. Definitivamente hay gente más loca que yo en este planeta.

 

-          Sara, no tienes idea alguna de la relación de Lui y mía. Si no te presta atención es porque simplemente no le gustas, yo no tengo nada que ver allí. Busca algo lo suficientemente valioso como para que intentes hacerme enojar. Nos vemos luego. – y antes de que me pare unas imágenes me llaman la atención y me obligan a quedarme donde estoy. – ¡¿Qué es eso!?

 

-          Tu dolor. Te voy a torturar hasta que te alejes de Lui. – me advierte pero yo no la escucho y sigo mirando esas imágenes.

 

         No sé cómo consiguió ella las noticias sobre el accidente, pero no me importa. Mi cabeza empieza a zumbarme en mi cráneo y con lagrimas retenidas veo las fotos de los… cuerpos. Los cuerpos destrozados de mis pequeñas hermanas están en mis ojos, mis padre están totalmente… desmembrados. Recuerdo cuando los vi en la morgue, todos los rostros lastimados debido a los golpes, sus cuerpos no los vi y ahora sé por qué. Un grito ahogado sale de mí. Me cubro la cabeza con las manos y el dolor que había estado ausente durante unos meses vuelve a mí desgarrándome cada una de las partes de mi cerebro. Las lágrimas salen de nuevo y todo mi dolor vuelve.

         Escucho un portazo y veo a Lui cogiendo del brazo a Sara sacándola de la habitación. Sigo agarrando los lados de mi cabeza con las manos sin parar de gritar. Me parece escuchar la voz de Lui pero el dolor es tan intenso que no logro escucharlo. Grito más fuerte esta vez, me levanto y pateo el televisor pisándolo con fuerza, quiero destrozarlo, así como quiero destrozar este dolor tan horrible que me mata cada vez que lo recuerdo. Me vuelvo a sentar en el piso gritando a todo pulmón. Siento unas manos en mi espalda y un pecho en mi cara.

-          Intenta pensar en algo que te no te haga enojar. – me dice sujetándome fuerte.

 

-          ¡Todo me hace enojar! – grito y me coloca las manos en cada lado de mi cuello.

 

-          ¡Inténtalo! – me grita y de pronto cierro los ojos pensando en el cielo, en el lugar en el que debería estar. Mis respiraciones se tranquilizan pero las lágrimas siguen cayendo por mi rostro. Y en un momento, mientras todo parece darme vueltas Lui me abraza. Me abraza fuerte, me abraza de la manera que me hacía falta que lo hicieran desde hace tiempo. Después de unos segundos nos separamos.

 

-          Gracias, por la piedad. – digo y me voy del salón.

 

LUI

         Maldita sea, maldita sea ¡maldita sea! No puedo creer lo estúpido e inepto que soy. Pasaron meses desde que había decidido apartar ese pensamiento de mí, pero ahora sosteniéndola en mis brazos estoy seguro de que es verdad.

         Me enamoré de Valeria Budjak, me enamoré de la persona que más he odiado en mi vida, me enamoré de una chica que esta tan destruida como yo. Este amor descontrolado e inocente que siento hacia ella, es COSA DEL DESTINO.

         Gracias, por la piedad. Fue lo que me dijo. Luego de ello, termino mis clases tratando de olvidar ese suceso, me meto al auto y después de dejar a Valeria en casa, decido ir al hospital a revisarme el hombro y el brazo ya que tenía una cita con el traumatólogo.

         Recibo las mismas noticias de siempre. No puedes volver al Rugby. Llego a la casa y mi mente se nubla de pura rabia, ira y desesperación. Mi padre y María deben estar en el trabajo hoy, así que no hay nadie en casa. Lanzo un grito ahogado y empiezo a lanzar todas las cosas a mi paso. Lámparas, revistas, cuadros, incluso los muebles, todo lo volteo y lo destrozo. De pronto escucho una voz, una voz femenina, una voz hermosa que hace voltee y me detenga. Valeria está a unos pies de mí y recuerdo que hacia unas horas la había traído a casa. Se me acerca y mientras las lagrimas resbalan por mis ojos, coge mis hombros y luego mis mejillas.

-          Tranquilo. – me dice empujándome hacia ella. Se siente tan bien su cuerpo contra el mío. Le sujeto la cabeza y caemos los dos al suelo arrodillados. Empiezo a llorar y nos abrazamos más fuerte. – Intenta pensar en algo que no te haga enojar. – repite mis mismas palabras.

         Luego de que consigo calmarme nos sentamos un rato en el mueble. Empezamos a hablar acerca de otras cosas para distraerme.

-          Antes yo practicaba karate, amaba esa arte marcial. Pero, cuando golpeé a una niña menor que yo muy fuerte decidí dejarlo. Sentía una culpa inmensa por esa niña a pesar de que yo también era pequeña. Luego de que mi mamá me consolara, entendí que a veces tienes que dejar las cosas que más amas porque eso no es bueno para otras personas, así creas que si es bueno para ti.

 

-          El Rugby lo era todo para mí. Incluso más que el liceo en ese entonces, más que las fiestas, más que todo. – digo mirando al suelo.

 

-          Si, por eso cuando yo…

         Oímos un portazo y nuestros padres entran a la casa. Nos ven y se quedan parados en la entrada sin siquiera pestañear.

-          ¿Están hablando? – pregunta María confundida.

Decidimos visitar a nuestras familias al cementerio. Ellas se van a un cementerio y nosotros a otro. Qué raro que nuestras familias no estén enterradas en el mismo cementerio también. Paramos en la tumba en donde fueron enterrados los tres.

-          ¿Tu mamá era hermosa verdad? – me pregunta mi padre dejándoles rosas.

 

-          Si, decían que parecía una modelo ¿recuerdas? – pregunto y él asiente riéndose.

 

-          Si, tu hermana también heredó su belleza. Teníamos a unas mujeres hermosas con nosotros. – comenta con lagrimas en los ojos.

 

-          Mi hermano era el que siempre las celaba. – digo riéndome. – Sobre todo a Luisa, que tenía muchos pretendientes. – luego callo unos minutos. Quiero contarle a alguien, y quiero que sea mi padre la primera persona en enterarse. – Papa, ¿puedo confiar en ti? Sé que he sido chocante pero…

 

-          Si claro, dime hijo. – me dice poniéndose serio y dirigiendo su mirada a mí.

 

-          Creo que… me he enamorado, papá. – suelto. Él alza las cejas y sonríe tenuemente.

 

-          ¿Y eso es algo malo? – pregunta frunciendo el ceño.

 

-          No lo sé… porque la chica es Valeria, papá. – confieso tragando grueso. Lagrimas se galopan en mis ojos.

 

-          Hijo… - susurra con cara de pocos amigos y me abraza.

 



 
 
10. EXPEDICIÓN Y OTRA CASUALIDAD
 
VALERIA
         Han pasado tres años, tres largos años. Aun no termino de superar mi dolor, sé que jamás lo haré, pero al menos he recuperado un poco de la felicidad que había perdido hace mucho tiempo. La carrera me ha ayudado. Ya no me llevo tan mal con Lui, pero como siempre, él por su lado y yo por el mío. A veces hablamos, solo a veces. Tengo casi veinte años y dentro de un año estaré graduada. He comenzado a ver mis primeros casos policiales y me apasiona, de verdad.
         Como todos los años, se ha organizado una expedición en donde todos los estudiantes se van de viaje, con fines de “integración grupal”. En teoría, es para que paguemos una faja de billetes y nos lleven a dar caminatas por allí y ya. Listo.
         Estamos todos parados en el patio esperando que el rector explique la dinámica del viaje.
-          Este año, no se organizarán como grupos sino como parejas de diferentes carreras cada uno. Serán varios recorridos por los bosques. Deben llegar hasta el punto asignado. Aquí la presidenta estudiantil les dará las instrucciones con más detalles luego. Por ahora nombraremos a las parejas. Les pedimos paciencia. – dice el rector levantando una ENORME lista de la mesa que está colocada en el centro del patio.
 
         Nombra como cincuenta parejas y por fin empieza con los estudiantes de criminología y economía. Empieza con algunos nombres y luego… nos nombra:
 
-          …Valeria Budjak y Lui Blay… - dice
         ¿Qué carajo? ¿Por qué justamente los dos, por qué? A veces pienso que estas cosas que nos unen a Lui y a mí no es COSA DEL DESTINO…
         Después cuando voy a la oficina del rector a pedir un cambio de compañero, encuentro a Lui hablando con el rector y me detengo.
-          ¿Por qué me asignaron con Valeria? – pregunta él. Yo permanezco atrás de la puerta escuchando silenciosamente.
 
-          Porque como viste, asignamos parejas del mismo sexo. Hombres con hombres y mujeres con mujeres. No queremos confusiones ni peleas con sus padres por ello. Como saben ustedes dos son… pocos sociables, por decirlo así. Así que ya que ustedes son hermanastros pues, no vimos nada de malo. – explica el rector.
 
         Lo que quiere decir, que seguro todos los de nuestras aulas pidieron que no los asignaran con nosotros… vaya, al parecer damos miedo o no sé.
 
-          ¿No hay posibilidad de un cambio? – pregunta Lui.
 
-          Me temo que no. Ya todo está organizado. – responde el rector.
 
-          Qué mierda. – musita Lui y abre la puerta violentamente.
 
         Me ve por un momento, y yo solo me quedo fría allí parada. Sé que no le agrado pero no es para tanto tampoco. Es decir, no tiene porque rechazarme así. No soy un fenómeno o algo así.
 
-          No es cómodo para mí tampoco. – le digo volteándome y salgo trotando de allí.
         Después del almuerzo, Lui me detiene cogiéndome por el brazo.
-          Disculpa, no sabía que estabas escuchando. – me dice soltándome. – Fui a hablar con el rector porque… - lo interrumpo.
 
-          Mira, no me importa por qué fuiste a hablar con el rector, Lui. – digo bruscamente. - De hecho, yo también iba a pedir el cambio, pero tú te me adelantaste, eso es todo. Lo que nos queda es soportarnos, como lo hemos hecho siempre hasta ahora ¿no? Supéralo. – añado y termino mi camino hasta mi aula.
 
LUI
         Cuando pienso que ya no puedo cagarla más, ¡la cago! Ahora ella piensa que no quiero viajar con ella. Si supiera… la cosa es que quiero alejarla de mí porque ella me sigue odiando, lo sé. Dios.
-          ¿Cómo es que eres tan sexy y no sales con nadie, ah? – me pregunta una compañera de clases.
 
-          Déjame en paz. No voy a salir contigo. Ya acéptalo.
 
-          Valeria nunca te va hacer caso. – me dice y me volteo sorprendido. Ella curva una sonrisa y prosigue – Todos saben que ella es la única chica con la que cruzas palabra. Pero ella habla contigo por la pura obligación de que es tu hermanastra, solo por eso. Se ve que le caes mal. Así que piensa en mí cuando te des cuenta de eso, Lui. Estoy a la orden.
 
-          ¿Estás tan falta de sexo, Liliana? – pregunto. Ella se sonroja de la rabia y se va del aula trancando la puerta con furia.
 
         La presidenta estudiantil nos explica la dinámica. Primero será una carrera a pie por un camino angosto y luego una carrera con jeeps por una montaña. Que mierda, no le veo la lógica a esta estúpida dinámica.
 
         La primera carrera la gana una pareja de chicas. Nos montamos en el jeep rojo que nos asignaron.
 
-          No voy a manejar. Que quede claro. – dice Valeria mientras nos subimos al auto.
 
-          No pensaba darte el volante de todas maneras, Valeria. – suelto y enciendo el motor.
 
         Empezamos la carrera. Trato de no aumentar tanto de velocidad por los nervios de Valeria. Es una montaña empantanada la que tenemos que atravesar y además empezó a llover, que molestia de verdad.
 
-          Hay demasiados baches. - digo. 
 
-          Hay demasiados baches, demasiados árboles, demasiado pantano, demasiada lluvia, ¡demasiado todo! – grita ella sujetándose de la puerta con fuerza.
 
         Para completar la cuestión, el jeep empieza a disminuir la velocidad hasta que queda totalmente quieto. Me bajo, reviso el motor pero da la casualidad que ¡yo no sé una mierda de mecánica! Decidimos esperar un rato a ver si pasa alguien para que nos auxilie pero no pasa nadie. No tenemos celulares para comunicarnos debido a que nos lo quitaron al comienzo de la primera carrera. Y tengo la leve sospecha de que tomé la ruta mal, porque no presté atención a las instrucciones de la presidenta. La lluvia se vuelve más insoportable y decidimos caminar un poco para ver si vemos a alguien.
 
         Caminamos y caminamos mientras la lluvia nos congela hasta los parpados. Encontramos un hotel de pequeñas y modestas cabañas. No aceptan tarjeta así que el poco efectivo que tenemos nos alcanza para una sola habitación. Nos prestan el teléfono y llamamos a la presidenta quien nos dice que es mejor que pasemos la noche aquí porque la lluvia ha causado derrumbes por la ruta y se han perdido tres parejas por lo que están algo ocupados. Les digo que está bien que no se preocupen y que nos llamen al hotel cualquier cosa.
Ambos nos quitamos la ropa mojada aunque yo me quedo con los pantalones puestos. Valeria se envuelve en una sabana amarrada debajo de las axilas. Nos sentamos frente a la chimenea. Ella de pronto, me pregunta qué me impulsó a intentar suicidarme. Yo le explico que la muerte de mi hermano fue lo que más me devastó. Me comenta que ella también intentó matarse lanzándose de un acantilado. Que no soportaba tener a su familia muerta.
-          Nuestras pérdidas no fueron fáciles.
 
-          Ninguna pérdida es fácil, Valeria.
 
         Los dos tenemos los ojos en lágrimas. Yo volteo a otro lado para que no me vea. Ella se queja de un dolor de cabeza, le doy una de mis pastillas con un vaso de agua, pero no se le pasa. Al rato seguimos hablando de lo mismo y a mi también me empieza a dar un ataque, muy fuerte. Con mis gritos, el dolor de ella también aumenta. Ambos gritamos, me doy la espalda pero ella me voltea y me coge las sienes con ambas manos. Yo sujeto sus brazos fuertemente.
 
         Me separo de ella, y al segundo dice mi nombre. Me vuelvo hacia ella y le digo que hay que distraernos. Ella me abraza sujetándome la espalda apoyando su rostro en mi pecho. Yo la sujeto por la espalda. Nuestras respiraciones se relajan y nos tranquilizamos.
 
 
 
 
 
 
 
 
11. BAILE Y UN PEQUEÑO IMPULSO
VALERIA
A la mañana siguiente llega la presidenta junto con los profesores para llevarnos de vuelta. Nos enteramos que dos compañeras de las seis parejas que estaban desaparecidas tuvieron un accidente en medio de la lluvia y fallecieron. Una era estudiante de economía y otra de criminología igual que yo. Les rinden homenaje en la universidad.
Al principio decido no ir pero después cambio de parecer y voy al velorio. Recuerdo que no pude asistir al de mi familia así que mientras estoy allí viendo a las personas dándole el sentido pésame a los familiares de las chicas, recuerdo mi situación de hace casi cuatro años atrás. Doy el sentido pésame aunque sé que esas son palabras que tus oídos nunca quieren escuchar, nadie siente de verdad tu perdida ni tu dolor. Me empiezo a marear así que salgo un momento a tomar aire.
Me quito el collar del cuello y lo abro. Mis hermosas niñas están allí junto con mis padres. Aun me parece mentira todo esto.
-          Hola. – me saluda Lui que no pensé que fuera a venir.
 
-          Hola. Qué raro que viniste.
 
-          Lo mismo digo. – dice apoyándose a la baranda.
 
-          Bueno, estuve a punto de quedarme en la casa pero decidí venir a última hora. A ti seguro te pasó lo mismo porque cuando me fui estabas viendo televisión en la sala.
 
-          Si, quince minutos después de que salieras me estaba vistiendo. – me cuenta. Vaya, que suerte ser hombre, poder estar listo en quince minutos. – Cuatro años ya prácticamente.
-          Si, cuatro años. – nos miramos un momento y el corazón empieza a latirme. En eso alguien que creo que es una compañera suya lo llama por su nombre.
         Me retiro para no molestar y empiezo a preguntarme por qué mi corazón empezó a palpitar así. Bueno no por qué sino por quién. Dios.
“El tío Pablo está gravemente enfermo, nos quedaremos unos meses en su casa. Aquí tienen las tarjetas de crédito y algo de efectivo. Cuídense mucho, saludos.
Sus padres.”
No es nada agradable llegar a tu casa y ver esto. Sé que es la letra de mi mamá aunque el mensaje se dirige a los dos, le muestro la nota a Lui quien dice que el tío Pablo es el hermano mayor de su padre, luego se va a su cuarto. Perfecto, unos meses solos sin nuestros padres. Espero que no nos matemos como decían… ya veo que no tienen tanto miedo ahora. A veces pienso que quieren acercarnos a propósito, en serio. Veo algo raro en ellos últimamente…
Al finalizar el semestre, dos meses después, la universidad organiza un baile al cual obvio no pensaba asistir, hasta que el director me dijo que era obligatorio. Le digo que me ponga un examen o algo que solvente mi inasistencia al baile pero se niega rotundamente. Estúpido viejo, todos quieren complicarme la vida ahora. Dios.
A pesar de que hace tres años, cuando nos mudamos mi nana y Julieta decidieron vivir solas y venir de vez en cuando, últimamente no han venido, así que llamo a Julieta para que me acompañe a comprar el vestido del baile. Pero como siempre, nuestras salidas no siempre terminan en una sola cosa, después de comprar el vestido, vemos PROTEGERLA en el cine, nos vamos a un parque de diversiones y por último la llevo a su casa con el carro de mi mamá.
-          Déjame adivinar, te obligaron a ir al baile igual que a mí. – me dice Lui señalándome mientras estamos en la cocina preparándonos algo de comer.
 
-          Pues adivinas bien. Compré la ropa de una vez para no andarme estresando después. – respondo molesta por el baile estúpido ese.
 
-          ¿Te estresa gastar dinero comprándote ropa? Primera mujer a la que le escucho decir eso. – dice tomándose un vaso de jugo. Suelto una risa.
 
-          Créeme que estresa. Y todas te dirán lo contrario para que te las imagines lindas y tiernas y no desquiciadas como en realidad son al escoger entre cuarenta vestidos. – digo volviéndome a reír.
 
-          Es la primera vez que te ríes delante de mí. – dice y me congelo. Lo miro.
 
-          De hecho… creo que es la primera vez que me rio en casi cuatro años, Lui.
 
LUI
A diferencia de Valeria, yo compro mi ropa el mismo día. De hecho, cuando salgo de la tienda ya vestido lo que hago es perfumarme en el carro e irme directo al baile. Valeria no quiso irse conmigo porque le daba flojera esperar que comprara la ropa así que se fue por su lado.
Al llegar, veo que están dando unas mascaras a cada invitado. Es cuando me doy cuenta de que la fiesta es de enmascarados. Que estupidez, definitivamente. Quisiera devolverme, dormir y… ¡Oh mi dios! Unos tacones plateados, un vestido turquesa pegado al cuerpo, pelo suelto… hermosa. Y ese cuerpo no es más que el de Valeria, mi hermanastra, la chica de la que me enamoré. Ella coge su máscara y entra a la fiesta.
-          Se te van a caer los ojos. – Liliana aparece ante mis ojos con un “vestido” que es un pedazo de tela trasparente que apenas le cubre los senos.
         De verdad que las mujeres como ella, deberían darse cuenta que para el sexo masculino lo mejor es imaginarnos lo que está debajo de un vestido, no lucirlo todo tan fácilmente ya que se pierde el interés porque no queda nada por descubrir. Por ello, lo único que hago con ella es tener sexo casual de vez en cuando porque no me hace deseoso de algo más que eso.
-          Estas muy guapa, Liliana. – a pesar de todo hay que respetar y ser un caballero. Aunque estés a un milímetro de verle el pezón a una chica. 
 
-          Gracias, pero la mirada que tienes no va dirigida hacia mí sino hacia ella. Muy linda, pero le falta volumen. – dice ondeando una mano por su encima de su pecho. – Pero no está mal, por fin la veo maquillada.
 
-          Salgo un minuto a tomar aire y vienes a molestarme. – me quito el abrigo y se lo coloco en los hombros. – Ponte esto, no vaya a ser que mañana despiertes violada por alguien aquí.
 
         Me voy hasta donde está la gente reunida con mi mascara puesta al igual que todos. Nadie reconoce a nadie. Solo reconozco a Valeria a quien he estado observando toda la noche. El reggaetón es mis oídos es un poco molesto pero sigo encaminándome hacia ella. La música cambia a bachata, mucho mejor.
Doy unos pasos más y un tipo la invita a bailar, me doy cuenta que ella lo rechaza. Me siento bien por un segundo, hasta que otro tipo se le ofrece. Me le atravieso y cojo a Valeria muy suavemente por la muñeca. Solo puedo verle boca y ella la mía. Le pregunto sin emitir sonido si baila bachata, ella sonríe y asiente. Ella no me reconoce, de lo contrario se hubiera negado. Este tipo misterioso le gusta y lo que menos se imagina es que este tipo es el hombre que ella odia. La cojo de la cintura y empezamos a bailar. La miro a través de la máscara a los ojos.
Te amo, Valeria. Quisiera decírselo, pero no puedo. Las palabras no salen.
Sujeto sus mejillas y la beso. Fue un impulso, un pequeño impulso, un maravilloso y grandioso impulso. Abro mis labios en los de ella y para mi sorpresa ella me corresponde y me sujeta la espalda. Me separo de ella, la vuelvo a besar rápidamente y me voy de la fiesta.
¿Bueno pero y entonces, Lui? ¿Qué te pasa vale? Cada vez eres más estúpido, definitivamente. Idiota, idiota, idiota. Ya no sé qué hacer con esto que siento por Valeria, pero demostrarlo como lo hice sé que puede asustarla, espantarla mejor dicho. Estoy consciente de que no me reconoció pero igual corro el riesgo de que se cuenta de que quien la besó fui yo.
Me agarro fuerte del brazo del mueble enterrando las uñas en él. Aun no me he desvestido, estoy temblando. Demonios, me siento totalmente estúpido, como un adolescente con su primer amor. Bueno, ella es mi primer amor, pero igual soy un estúpido. Estúpido, estúpido, estúpido.
Cojo un vaso de whiskey y me digo que no puedo esconderlo más. No puedo seguir ocultando mis emociones, no puedo.
 

 
12. BAR Y RECONOCIMIENTO
VALERIA
Hacían años, que nadie me besaba. Y ahora me besó alguien a quien no le vi el rostro, alguien con quien ni siquiera hablé. Es una decepción, el chico era alto, simpático, ojos claros, hermoso. Pero no lo pude ver bien por la máscara. Aunque se me parece a alguien…
-          Señorita Budjak ¿me está escuchando?
 
-          ¿Ah? Oh, sí. Es solo que… nada olvídelo, solo dígame. – digo tratando de concentrarme en otra cosa que no sea el chico enmascarado. Dios.
         Me están ofreciendo la oportunidad de mi vida y yo distraída por un desconocido.
-          En Washington todo sería diferente. Le daríamos su vivienda, y todo lo demás. Un cerebro como el suyo debe ser usado en lo mejor. Esa agencia la necesita. Dentro de unos pocos meses, será oficialmente criminóloga forense y por sus excelentes notas es que la están aceptando ¿Aceptará el trabajo? – me pregunta el asesor.
 
-          Por supuesto.
 
-          ¿A ti también? – le pregunto estupefacta.
 
-          Si, no me preguntes cómo pero me aceptaron. O sea hace tiempo había metido la solicitud pero no pensé que me aceptaran. – suspira. – Ser un asocial y buen estudiante universitario tiene sus ventajas ¿no?
 
-          Pues sí. – respondo sentándonos en la mesa para almorzar. – Washington nos espera, entonces. – añado sonriendo. Noto que Lui se me queda mirando.
 
-          ¿Pasa algo? – pregunto. Él parpadea y sacude la cabeza. Se calla unos segundos.
 
-          Es solo que… es como mucha casualidad ¿no crees? Tu, yo, a ambos ofreciéndonos un trabajo en el extranjero… en la misma ciudad… María y papá con muchos… amigos y contactos en el extranjero, ya sabes… actualmente están Washington y además de estar cuidando a mi tío deben estar… ayudando a sus hijos con… su futuro ¿si me entiendes?
 
-          Claro, su influencia. – tuerzo los ojos. – Pero hay que aprovechar, es decir, no voy a dejar pasar esta oportunidad por orgullo o suficiencia personal de “mami no necesito tu ayuda, yo puedo sola”. – digo con señas y él se ríe. Luego ambos nos reímos.
 
    El corazón me empieza a latir con fuerza de nuevo…
Llegamos a la casa y vemos unas maletas en la entrada.
Llegaron. Al fin.
-          ¡Muchachos! ¿Cómo les fue? – dice Remigio al acercarse a nosotros.  - ¿Se cuidaron?
 
-          Claro papá. Sabemos cocinar entre otras cosas. – responde Lui abrazándolo. 
 
-          Si claro… cocinar. – musita Remigio y luego me saluda.
 
-          ¡Mamá! – grito al ver a mi mamá dejando su cartera en el mueble. Ella abre los brazos.
 
-          Hola hija ¿cuéntame se cuidaron? – me pregunta después de darme un beso y un abrazo. Saluda después a Lui.
 
-          Si. Ya Lui explicó: nos lavamos la ropa, nos cocinamos, nos planchamos. Solo acudimos a Juliana y Julieta unas… treinta veces. – digo bromeando junto a Lui.
 
-          Ah… estas más alegre, mi amor. Pero dime ¿si se cuidaron, no? – pregunta acariciándome el pelo.
 
-          ¿A qué te refieres con cuidarnos, mamá? Nos lo han preguntado tres veces.
 
-          No sé. Dígannos ustedes. – dice mi mama riéndose.
 
         Lui y yo nos miramos confundidos. La tensión desaparece cuando los cuatro nos empezamos a reír y luego salimos a comer y por ultimo vamos a un bar. Mi mamá y yo empezamos a beber un poco demasiado y Lui y Remigio optan por llevarnos a la casa.
 
    Error. Grave error.
 
LUI
Por lo que veo, madre e hija no dejan de cantar cuando se emborrachan. Ambas están un poco insoportables. Dios. Mi padre  y yo no hayamos como decirles que se callen. 
-          Shh, Valeria ¡vas a despertar a todos los vecinos! – le reclamo a Valeria agitando las manos.
 
-          A mí no te estés siseando, chico. Y no estoy borracha, estoy un poco mareada pero hasta ahí. Y canto para alegrarme. – dice aplaudiendo.
 
-          Tú no estás tan borracha pero tu mamá si, Valeria. – le dice mi papá. – Acuesta a Valeria, Lui. Yo acostaré a María.        
 
         Cuando la acuesto en su cama, la arropo y cuando me dispongo a irme, ella me llama:
 
-          Lui, ven un momento. – me acerco a la cama mientras ella se sienta en la cama. Esta toda despeinada, lo que me produce un poco de gracia. Que hermosa. - Siéntate, Lui, yo no muerdo. – obedezco y me siento a su lado. – Tengo que probar algo y no te vayas a molestar con lo que te voy a pedir ¿está bien? – me pregunta y yo asiento. – Bésame.
 
-          ¿Qué? – pregunto desconcertado… y emocionado, no lo niego.
 
-          Bésame. Quiero descartar esa loca idea que tengo. – me dice.
 
-          Valeria pero…
 
-          ¡Bésame y cállate, Lui! – insiste.
 
         Lo hago. La beso. Suavemente coloco mis labios en los suyos y luego el beso se vuelve más rápido, más desesperado, más deseoso. De pronto, ella coloca las manos en mi pecho y me separa.
 
-          Lo sabía. – me dice con los ojos cerrados aun. – Eras tú. Él que me besó en el baile fuiste tú, no un desconocido como querías que pensara. Eres un idiota.
 
-          Eso fue… un impulso. – digo sacudiendo los hombros. El corazón casi se me sale del pecho en ese momento.
 
-          ¿Un impulso? ¿eres estúpido o consumes drogas? ¿por un impulso tú vienes y me besas? ¡Eres un idiota! – grita pegándome en el brazo con ambas manos.
 
-          Valeria, cálmate. – ruego agarrándole los brazos.
 
-          ¡Abusivo! ¡Estúpido! ¡Descerebrado!
 
-          Valeria ¡Valeria! – grito pero ella sigue pegándome. - ¡VALERIA!
 
         La cojo de los brazos jalándola hacia mí y la beso, de nuevo. Después la sujeto del rostro y ella sigue forcejeando para que la suelte pero no lo hago, y no lo haré hasta que se calme. La sigo besando hasta que sus brazos se aflojan en mi cuerpo. Sus manos se deslizan por mi espalda y luego por mis hombros. Acaricio su cuello y la pego más a mí. Intento acostarnos pero reacciono rápido. La suelto suavemente y nuestras respiraciones se tranquilizan también.
 
-          El primero fue un impulso, el segundo una orden y este fue el mejor. – musito dándole un último besito.
         Salgo del cuarto rápido y me voy al mío tratando de ordenar mis desequilibrados pensamientos.  
         Dios, quizá si no me hubiese detenido hubiéramos… ¡no, Lui! Con la que te acuestas cada vez que puedes es con Liliana, pero Valeria es total y absolutamente diferente. Ella es pura y demasiado buena para ti. No podrán estar juntos ¡hazte la idea!
 
13. HOSPITAL DE NUEVO Y TREGUA
VALERIA
         Ha sido demasiado incomodo para Lui y para mí la situación. Hace varios días, después de que nos besáramos en mi cuarto, nos hemos ido distanciando ya sea por pena o por confusión o ¡por lo que sea! Así que ocupo todo el tiempo que puedo en la universidad. En medio de clases entra la secretaria del rector.
-          Valeria, por favor ven un momento. – anuncia en voz alta.
         Me acerco a ella y salimos del aula. Cuando estamos un poco más lejos, ella me informa que Lui ha tenido un accidente porque iba a exceso de velocidad y que ahora está en el hospital.
-          ¡¿Qué!?
         Rápido pido permiso para retirarme. Cojo el auto de mi madre, con el cual vine, y trato de calmarme y no ponerme nerviosa. Volver a manejar me ha costado bastante así que me trato de respirar y controlarme.
         Llego al hospital, pregunto por Lui Blay y rápido me llevan hasta él, en donde están mi madre y Remigio. Él esta inconsciente y vendado en la cabeza. Los nervios se acumulan en mi garganta al verlo y grito:
-          ¡Estúpido! Tuvimos un accidente, imbécil, y aun te atreves a tener otro ¡y por exceso de velocidad! Es que… es que…
 
-          Cálmate, hija. Todo estará bien, no está grave, solo inconsciente. El golpe fue un poco fuerte, pero él estará bien porque…
 
-          ¡No me importa! Él no tenía por qué tener un accidente. Al parecer esta es la maldición de nuestra familia. Ser atropellados y tener accidentes. Dios.
 
         Luego de largas horas, Lui despierta. Empieza a balbucear y mi mamá y Remigio buscan al médico y la enfermera.
 
-          Valeria. – musita.
 
-          Vaya susto, irresponsable. – le digo con los brazos cruzados y mirándolo con indiferencia.
 
   En eso llega el personal médico y atienden a Lui.
 
         No voy a negar que casi me desmaye en la universidad cuando me enteré del accidente. Ya no estoy segura si puedo si quiera ser indiferente con Lui. Ya no sé nada acerca de él ni de mí. No sé qué es lo siento por él, pero sé que no es odio para nada.
 
 
 
LUI
 
         Por atender una estúpida llamada de Liliana es que casi me mato. Dios, definitivamente ella es una guillotina. Todos al parecer están molestos conmigo y con toda la razón, incluso Valeria. De hecho, mi lesión ha empeorado un poco con ese nuevo golpe.
 
         Llegamos a la casa y al acostarme en mi cama, alguien toca la puerta.
 
-          Papá, estoy bien.
 
-          Soy María, Lui. Yo sé que estas bien, solo quiero hablar contigo una cosa.
 
-          Oh, claro. Pasa. – me siento en la cama cuando María entra. Me sonríe y yo a ella mientras se sienta a mi lado.
 
-          Mira, yo jamás seré Viviana y de eso estoy consciente. Sabes bien que todos hemos pasado por mucho, muchísimo. Cuando tu papá y yo decidimos casarnos, no solo ustedes sino muchas personas al principio nos señalaron, nos criticaron, nos insultaron, nos juzgaron demasiado. Y nosotros a pesar de todo, no nos detuvimos ni dejamos de lado nuestra felicidad por el qué dirán de las personas, porque a final de cuentas es tu felicidad la que está en juego no la de los demás. – dice con lagrimas en los ojos y suspirando. – No quiero ser la típica madrastra gruñona y molesta que tienen la mayoría de los chicos, así que quiero contarte algo: yo… yo tengo una hija, Valeria, pero también te tengo a ti. Sabes que yo en el accidente perdí un bebé y cuando supe que serías mi hijastro, por estúpido y cursi que suene, lo vi en ti. El hijo varón que siempre me imaginé lo vi cuando te conocí. Tú eres mi hijo, Lui, y solo quiero que sepas que puedes contarme o decirme cualquier cosa que te inquiete o te moleste porque sé que algo te pasa.
 
-          Eres una excelente mujer y madre, María, aunque Valeria no te lo diga ella también lo sabe. Ella te adora. A pesar de todo, de la situación, de lo horrible que pasamos, tú siempre me caíste bien. De hecho, una vez se lo comenté a Valeria. Y sé que puedo contar contigo para cualquier cosa.
 
-          Cuéntame entonces, ¿Qué te sucede?
 
-          Es que… a lo mejor tu lo vayas a ver mal porque… es que… yo estoy…
 
-          Enamorado de mi hija, Remigio me lo contó. Tranquilo ¿sabes? la única persona que no se ha dado cuenta de eso es Valeria. Ella siempre fue un poco… distante en el tema de los chicos incluso con Julieta. Es muy tímida e inocente. – me cuenta. Ella sonríe y continúa. – Pero quiero que tengas por seguro que nadie más que tú es el chico que quiero para Valeria. Sé que nadie la va a amar como tú la amas. Así que, lucha por ella. – me dice dándome un golpecito en el hombro.
 
-          Gracias, María. – musito y ella me guiña un ojo.
 
         Luego se va del cuarto para que yo descanse y pienso que no todo está perdido con Valeria.
 
 
13. WASHINGTON Y VERDADES
VALERIA
-          Deja de evitarme, hermosa.
 
-          Deja de molestarme, galán.
 
-          Sal conmigo. Anda.
 
-          ¿Qué más soñaste?
 
-          Solo eso. Salir contigo.
 
-          Ethan, por favor. Ya no sé cómo mas rechazarte. – le digo a mi nuevo compañero de trabajo riéndome.
 
-          Entonces no lo hagas, Valeria. – dice guiñándome el ojo.
 
-          ¿Me dejarás en paz si salgo contigo una vez? – le pregunto sentándome en mi escritorio.
 
-          No lo sé. Si me llegas a encantar creo que seré peor de insistente ¿sabes? – me advierte sentándose a mi lado. 
 
-          Entonces, hasta luego. – cojo mi cartera y cuando me levanto del escritorio me agarra del brazo.
 
-          No, espera. Está bien, como quieras. Saldremos solo una vez y solo si tu quieres saldremos de nuevo ¿te parece?
 
-          Acosador. – le digo en español torciendo los ojos.
 
-          ¿Qué?
 
-          Olvídalo. Mira está bien, saldré contigo pero solo para que me dejes en paz ¿entendido?
 
-          Esta bien, te recojo a las seis en tu departamento. – dice y se va. Por fin.
         Salgo con él, como habíamos acordado. Y pues, el muchacho me cayó muy bien y salimos un par de veces más. Voy al departamento de Lui y le cuento todo acerca de Ethan y me aconseja sobre cómo reaccionar con los hombres. Nunca había conocido esa faceta de él, la del chico mujeriego y con gran elocuencia.
         Al principio de mi relación con Ethan, Lui se mostraba muy gustoso de eso. Pero mientras los días y las semanas pasaban, su humor y su actitud conmigo cambiaron radicalmente. No me respondía los mensajes, tampoco las llamadas, ya no iba a mi departamento, y cuando yo iba al suyo él nunca estaba.
         Es cuando empecé a sospechar cosas, y até todos los cabos sueltos: Lui esta celoso. Valeria Budjak eres la única estúpida que no se había dado cuenta. Pensabas que los besos que él te había dado habían sido por simple impulso y no porque te amaba. Y eres aun más idiota por negar siempre que los sentimientos de él eran correspondidos.
         No quiero seguir mintiendo.
         Estoy enamorada de Lui y ni yo misma sé desde cuándo.
         No sé como llegue aquí. Son las dos de la madrugada y estoy en la puerta del departamento de Lui. Toco tres veces y cuando estoy dando la vuelta para irme, él abre.
-          ¿Qué haces aquí? – es lo primero que me dice. Noto que está adormilado.
 
-          ¿Estabas durmiendo? – pregunto ineptamente.
 
-          Son las dos de la mañana, Valeria. Claro que estaba dormido. – me reclama frotándose los ojos y bostezando. Que bello se ve así. Controlo mis pensamientos.
 
-          Oh es que… yo quería…
 
-          ¿Querías qué? – pregunta con fastidio. Exploto.
 
-          ¿Qué es lo que te pasa, Lui? ¿por qué últimamente estás tan odioso y cortante? – le digo mirándolo firmemente.
 
-          No me pasa nada, Valeria. Es solo que son las dos de la mañana y dentro de cuatro horas tengo una reunión importante en el trabajo y tú estás aquí sin decirme nada. – me dice frotándose la cabeza.
 
-          ¿Por qué no contestas mis llamadas? ¿por qué me evitas? – pregunto y cruzo los brazos.
 
-          No te evito, Valeria. He estado ocupado.
 
-          ¿Crees que soy estúpida? ¿crees que no te conozco?
 
-          Bueno pero ¿por qué me estás reclamando por no contestarte las llamadas? ¿Quién crees que soy, tu noviecito?
 
-          ¿Por qué tienes que mencionarlo?
-          ¿Viniste solo a eso, Valeria? De verdad tengo sueño. – dice agarrándose a la puerta.
 
-          No. Vine también para decirte algo importante. – digo descruzando los brazos.
 
-          Aja ¡Habla! – me grita.
 
-          Ay pero que carácter. – le grito cambiando mi postura. Respiro profundo y suelto las palabras enojadas, sinceras pero enojadas. - ¡Vine a decirte que terminé con Ethan porque me di cuenta que estoy enamorada de ti! Solo eso, ahora vete a dormir.
 
         Doy media vuelta y bajo corriendo las escaleras. No puedo creer que las palabras me hayan salido tan rápido. Dios. Siento pasos detrás de mí pero no me detengo y sigo corriendo ¿por qué corro? No sé, solo lo hago.
 
 
LUI
         ¿Qué? ¿Se me declaró? Valeria enamorada de mí. Al segundo no reacciono pero cuando sale corriendo voy detrás de ella.   La cojo de la cintura y la volteo.
-          ¿Es en serio? – pregunto mirándola de pies a cabeza sin poder creérmelo.
 
-          Si. – musita con la mirada baja. Noto que esta sonrojada. Sonrío.
 
-          ¿Desde cuándo?
 
-          Desde hace mucho ya. – dice jugando con los pies nerviosamente.
 
-          ¿Ah sí? Pues yo tambien. Te amo desde hace ya demasiado tiempo.
 
-          Fue torturador pensar que solo me habías besado por un estúpido impulso ¿sabes?
 
-          Yo juraba que ni te gustaba verme. Que me seguías odiando desde que nos vimos por primera vez. Por eso es que no te dije nada y… - medio segundo fue lo que le tomó poner sus manos sobre mis orejas y sus labios en los míos.
 
-          Sigo odiándote, solo que un poco menos. – dice y ambos sonreímos.
 
-          Te amo, Valeria. – suelto. Agarro su cintura.
 
-          Y yo a ti, Lui. – me dice.
 
         Esta vez, la beso yo.
 
         Valeria y yo pegamos un brinco cuando María y mi papá gritan eufóricamente al decirles que nos vamos a casar después de seis meses de relación en secreto.
 
-          Al fin dio resultado. – dice María juntando la manos.
 
-          ¡Lo sabía! Sabía que ustedes todos estos años estaba tramando planes para unirnos a Lui y a mí. Pero déjenme decirles que nosotros estamos juntos ahora por COSA DEL DESTINO igual que ustedes, no por sus intentos extraños de Cupido. – dice Valeria seria.
 
         Todos nos reímos y luego Valeria y yo recibimos una sorpresa: tendremos un hermanito. María tiene cuatro meses de embarazo, con razón se veía un poco gorda.
 
-          A los cuarenta aun se puede ser padre. – dice María.
 
-          Felicitaciones. – dice Valeria sonriendo. Yo digo lo mismo.
 
-          ¡Tendré un hermano! – grito saltando de la mesa. – ¡Tendré un hermano! – repito y abrazo a Valeria quien no para de reírse.
         El pasado de Valeria y mío fueron espantosos. Nuestras pérdidas fueron las peores. Nuestros familiares murieron y jamás volverán. Pero un amor entre nosotros nació y ninguno de los dos lo pudimos controlar.
         Amo a Valeria y ella me ama a mí. Fin de la discusión.
         Tres meses después, nos casamos en Grecia. Fue algo muy intimo, solo asistieron mis padres quienes fueron los testigos, también estuvieron presentes Juliana, Julieta, unos familiares míos y de mi papa, mas nadie. Una fiesta sencilla pero muy especial para todos nosotros.
         No puedo describir la felicidad que siento al lado de mi esposa, Valeria de Blay. Estoy sumamente feliz con nuestro matrimonio y con nuestras vidas. Ah, y con nuestro nuevo hermanito: Fabián Blay. Es hermoso, morenito de pestañas largas, ojos negros. Tiene un año y medio ahora.
         Celebramos nuestro aniversario en las Islas Canarias, un viaje maravilloso, y al volver a nuestro hogar, la presión del trabajo cae sobre mí. Mi jefe me ordena ir a Londres por unos meses a atender unos asuntos con unos próximos accionistas. Se lo platico a Valeria, quien me dice que no hay problema alguna exceptuando una cosa:
-          Creo que estoy embarazada, cariño.
         Vamos al médico que nos confirma el embarazo. Tiene siete semanas, es decir, antes de irnos de viaje ya estaba embarazada. Más alegría y felicidad para nosotros. En un principio pienso en desistir de ir al viaje, pero Valeria me convence de que no me preocupe que serán solo unos meses que estaremos separados y que ella estará bien sin mí.
         Acepto y me voy a Londres tranquilo con la hermosa noticia de que seré padre.  
         Dios ¿por qué?
 
14. COSA DEL DESTINO Y DESPEDIDA.
VALERIA
         Ya han pasado tres semanas desde que Lui se fue para Londres. Hablamos mucho por teléfono, casi que todos los días. Lo extraño mucho, demasiado, y más con esta noticia que acabo de recibir. Tengo dos meses y algo de embarazo. Dios, dame fuerzas.
-          Hay que inducir el aborto, señorita.
 
-          Me niego. Usted me dijo que esta es la única oportunidad que tengo de tener hijos y no voy a dejar de ser madre así me esté muriendo.
 
-          Su matriz está muy frágil. Usted nació sin un ovario y el accidente que tuvo adolescente como me contó le ha dejado el otro ovario muy pero muy débil. Y además su lesión en la cabeza está empeorando por las hormonas. – me dice el doctor. – Sé que es duro y mas que usted es tan joven. Solo tiene veintitrés años, pero tengo que advertirle y serle sincero sobre su estado de salud. Lo mejor es que aborte el feto.
 
-          ¡No!
 
-          Puede morir en la cesárea. De hecho, es lo más probable.
 
-          Moriré entonces. Por mi hijo. – suelto con un nudo grande en la garganta.
         Empecé a sangrar esa mañana y por ello acudí al médico. Estoy aterrada, de verdad que sí. Pero no voy a abortar.
         Me siento en la mesa del comedor. Cojo papel y lápiz y empiezo a escribirle una carta a Lui. Una carta de despedida.
         Perdónenme mamas. Perdónenme papás. Perdónenme hermanas. Perdóname Lui, mi amor. Perdónenme todos, pero sé que esto lo que tengo que hacer.
         Cinco meses después, empiezo con dolores de parto. Voy de emergencia a la clínica, el médico me dice que me hará cesárea de emergencia. Le cojo el brazo y le doy la carta rogándole que se la entregue a mi esposo que debe estar por llegar.
         El día anterior ya me sentía incomoda y llamé a Lui diciéndole que lo extrañaba y que se viniera lo más pronto posible a Washington. Él me prometió que estaría hoy mismo conmigo. He estado ocultándole todos estos meses sobre mi estado de salud, no quería asustarlo ni preocuparlo, y además decidí callarme porque sabía que me iba a decir que tenía que abortar.
         Las manos me tiemblan y me sudan. Estoy más que asustada pero lo único que puedo hacer es aferrarme a mi vientre mientras me anestesian. Me enfoco en el rostro del anestesiólogo y de pronto veo en él a mi padre.
-          Tranquila, todo estará bien. – me dice y es lo último que escucho al cerrar los ojos.
         Sueño con todos y todo. Mi infancia junto a mis padres, mis hermanas. Remigio incluso. Y Lui: nuestras peleas, nuestra amistad, nuestro enamoramiento, nuestro noviazgo, nuestro matrimonio, todo. Y veo a mi bebé que será una niña.
         Fue COSA DEL DESTINO que esto nos pasara. Que nos enamoráramos, que nos casáramos, que tuviésemos un hija y que yo tuviese que morir por ella.
         Fue COSA DEL DESTINO. 
         Te amo Lui y siempre te amaré incluso en la otra vida que me espera.
 
LUI
         Corro y lo único que veo son luces y pasillos interminables en esta clínica.
-          Valeria de Blay… ¡Valeria de Blay, vino de emergencia! – digo entre gritos jadeando de cansancio de tanto correr.
         Al llegar a la casa, encontré una nota con la dirección de esta clínica. Vine de inmediato porque la letra de la nota pertenecía a ella, a Valeria.
         La enfermera llama al doctor de inmediato. Él se acerca a mí con una cara que no puedo describir y que nunca en mi vida olvidare. Y menos olvidaré sus palabras, las palabras que jamás pensé que volvería a escuchar:  
-          Ha muerto. – dice y me coge del hombro. – Lo siento. Su esposa falleció durante la operación. Ella sabía que sería así. Se puso muy débil con el embarazo. – lo sigo mirando sin poder procesar sus palabras. - Hicimos todo lo posible por salvar a su hija. Esta sana, es una hermosa bebé.
 
-          ¿Qué? No… - coloco las manos en mis ojos. - ¡NO! ¡NO! ¡NO! Por favor, dios. No me hagas esto otra vez. No con ella ¡No con ella! – suelto un grito ahogado jalándome el pelo de la desesperación y el dolor tan agudo en mi pecho.
 
-          Vamos a ver a su hija. – me pide. Sigo sin registrar las palabras en mi cerebro hasta que me coge del hombro. – Por favor, trate de ser fuerte.
 
    Camino como un zombie detrás de él.
 
         Hermosa, preciosa, bonita, bella. Mi hija. No hay palabras que la describan. Un nudo se me galopa en la garganta. Lagrimas se me acumulan.
 
-          Me dijo que le diera esto. – me dice el doctor entregándome un sobre.
 
         Abro la carta y reconozco su letra. Su hermosa letra. Trato de respirar y restregarme las lagrimas para que no sigan nublando mi vista: 
 
            Hola, mi amor.
 
         Trata de calmarte y leer esta carta. Sé que es muy difícil pero inténtalo. Hazlo por nosotras. Por favor.
        
         No sé de qué manera pedirte perdón por esto. He escrito muchas veces esta carta. Terminé de hacerla solo hace unos pocos días.
 
         El doctor me había dicho que tenía que interrumpir mi embarazo porque estaba muy delicada. Pero me negué rotundamente a renunciar a nuestra única hija de la que me acabo de enterar del sexo hace muy poco. Que espero que sea hermosa y sana.
 
         Tienes que ser fuerte. Ella depende de ti.
 
         ¿Recuerdas hace un año, cuando fuimos a una discoteca y a medianoche me dijiste que nos teníamos que ir porque tenias que llevarme al trabajo temprano al día siguiente? ¿Me molesté mucho, recuerdas? Pero en el fondo, era la mujer más feliz del mundo. Porque supe en ese momento, que serias un gran padre. Por ello, me siento tranquila dejándote la responsabilidad de su cuidado.
        
         Ahora tienes una hija, cariño. Nuestra hija. Tienes que ser feliz. Tienes que seguir sin mí. Di mi vida por la de ella y no me arrepiento. Desde el lugar que debo estar ahora te estoy viendo y apoyando en todo.
 
         Siempre estaré allí con ustedes.
        
         Por favor, diles a todos que me perdonen. A mi madre, a tu padre, a Juliana, a Julieta, a mi hermanito hermoso Fabián, que espero que cuide mucho a su sobrina. Los amo de verdad.
 
         Te amo Lui y siempre te amaré incluso en la otra vida que me espera.
 


EPÍLOGO  
 
         Remigio, sufrió tanto por Valeria como por Lui. Él fue el apoyo incondicional tanto de su esposa como de su hijo en todo momento. Prestó toda su paciencia y amor para consolarlos a ambos de esa terrible pérdida que él también experimentó. Él sabía lo que era perder tanto a un hijo como a una esposa. Hoy en día sigue trabajando como ingeniero textil.
 
         Julieta, quedó en estado ausente por varias semanas con la muerte de su mejor y única amiga. Años después se enamoró, se casó y tuvo tres hijos. Actualmente es una reconocida doctora en leyes del país.
 
         Juliana, lloró por cuatro meses seguidos. Pasaron los años y seguía en estado de shock hasta que su hija le dio la noticia de que se iba a casar. Poco a poco se enfocó en sus nuevos nietos y además es modista de una gran tienda de ropa internacional.
 
         María Fernanda, fue una de las que peor se puso además de Lui. Pensó en suicidarse, pero fueron su hijo Fabián, su esposo y su nieta quienes le dieron las fuerzas de seguir en este mundo, luchando. Actualmente es psicóloga y ayuda a las personas que han pasado por situaciones similares que la suya.    
          
         Lui, agarró el gatillo de nuevo varias veces, pero era su hija, Rosalie, quien siempre lo hacía reaccionar ya fuese llorando o riendo. Lloraba de día y de noche, iba a su tumba casi que a diario. Abandonó el trabajo al principio, luego se reincorporó, lo volvió a abandonar y así durante unos, dos, tres años. Rosalie cada vez crecía mas y mas requiriendo de más atención. Una vez, ella se cayó y se golpeó gravemente la cabeza, Lui, se prometió cambiar, tal y como se lo había prometido a Valeria en su tumba.
 
         Seré alguien mejor por Rosalie, te lo juro.
 
         Y cambio. Cambio para bien. Volvió definitivamente al trabajo. Dedicaba su tiempo libre a su hija y a su familia. Y al pasar varios años, fue que él se recuperó de esa monstruosa perdida. Pero jamás la olvidó. Jamás olvidó al único y gran amor de su vida:
 
         Valeria.
 
 
         Diez años han pasado desde que Valeria Budjak dejó este mundo. Su familia quedó destrozada al principio, pero poco a poco se fueron recuperando de esta gran e increíble pérdida.
María Fernanda, Remigio, Fabián, Julieta, Juliana y sus hijos, Lui, y Rosalie visitan la tumba de Valeria. Lui agarra la mano de su hija y le dice a Valeria en su tumba:
-          Aquí estamos. – sonríe. – Aun no puedo creer que no estés aquí, conmigo, con nosotros. Pero quiero que sepas, que aunque pasen mil años, yo te amaré. – suelta una lagrima.
 
Rosalie da un paso al frente.
 
-          Hola, mamá. Gracias por darme la vida. – masculla la niña sonriendo.
FIN
Con amor, tu esposa Valeria.